16 may. 2019

Casi humano

Me arropo de sociedad. Un paso adelante y estoy de nuevo a mi juventud. Todos unidos. Todos en predestinados. Todos encajando como engranajes de alguna maquinaria ancestral.

Compartiendo miradas elusivas de inocencia y enunciados vacíos al aire escapan sin peso. Si no fuera por la incomodad que causaría, me disculparía por la falsedad con la que salen mis palabras. No puedo detenerlo. Trato de enunciar palabras de sinceridad pero no puedo controlar su resonar más allá de esta coraza. El viento se las ha llevado.

Pero no los culpo de la incomodidad que causaría. Incluso si yo me viese a mi mismo notaria algo extraño. La incertidumbre de ver algo tan familiar pero al mismo tiempo tan ajeno, casi humano cuya desconfianza es el único producto que puede generar y ofrecer.

El día muere lentamente y esta capa se siente cada vez más pesada. Ya en mi cueva, donde las sombras se extienden más allá de las paredes, la retiro descubriendo marcas de uso sobre mi piel. Antes era más difícil cuando mi figura no estaba deformada por su uso, homúnculo irreconocible de piel translúcida parodia de realidad. Los engranajes giran y giran y yo me encuentro en una órbita sin luna ni estrellas.