14 dic 2011

Tal vez no te ha llamado porque...

"Guía de teorías conspirativas para aquellos amantes que aman amorosamente"

- Tal vez no te ha llamado porque no ha tenido tiempo.
- Tal vez no te ha llamado porque no le interesas en lo absoluto.
- Tal vez no te ha llamado porque es del tipo de chica que no suele tomar la iniciativa.
- Tal vez no te ha llamado porque piensa que eres aburrido.
- Tal vez no te ha llamado porque perdió su celular en su cuarto.
- Tal vez no te ha llamado porque no ha terminado la bufanda que está tejiendo para ti.
- Tal vez no te ha llamado porque no tiene saldo en su celular.
- Tal vez no te ha llamado porque fue de visita con su abuela.
- Tal vez no te ha llamado porque ha estado ocupada en casa durante todo el día.
- Tal vez no te ha llamado porque porque no te encuentra interesante.
- Tal vez no te ha llamado porque le has dicho demasiado rápido que estás interesado en ella.
- Tal vez no te ha llamado porque ni siquiera se ha levantado aún.
- Tal vez no te ha llamado porque salió de compras con su familia.
- Tal vez no te ha llamado porque te nota demasiado necesitado.
- Tal vez no te ha llamado porque no es del tipo de persona que le gusta salir tan frecuentemente.
- Tal vez no te ha llamado porque está platicando con sus amigas sobre el buen sujeto que eres.
- Tal vez no te ha llamado porque no le agradó la forma obsesiva en la que le veías la última vez que salieron.
- Tal vez no te ha llamado porque está saliendo con otra persona.
- Tal vez no te ha llamado porque su computadora está descompuesta.
- Tal vez no te ha llamado porque no le has repetido las suficientes veces lo que ella significa para ti.
- Tal vez no te ha llamado porque apenas y acaban de haberse visto hace alrededor de media hora.
- Tal vez no te ha llamado porque cree que tu no la encuentras interesante a ella.
- Tal vez no te ha llamado porque encuentra la forma de deshacerte de ti.
- Tal vez no te ha llamado porque no es algo que, simplemente, ella debe de hacer.

9 dic 2011

Joul

Desde chico lo había perseguido ese fantasma.

Siempre había sido nervioso e inseguro de sí, y quizás esa no era la razón de que hubiese terminado de esa manera, pero el daño estaba allí. Lo único que había cambiado era su edad y que ahora vivía por su cuenta, pero siempre se encontró acechado por ese fantasma.

Podían pasar decenas de personas por el frente de una casa, inadvertidas, pero en cuanto el posaba un pie frente alguna de ellas, tan exacto como el repicar de campanas de una iglesia, se escuchaba el ladrido de los perros dentro de ella. No importaba si fuese en la casa en la que creció, o en el nuevo barrio al que pertenecía. La misma bienvenida, todo el tiempo. Y por extraño que parezca, siempre parecía olvidarlo hasta el momento en que ya era demasiado tarde y se encontraba agitado, con una mano en el pecho y escuchando los omnipresentes ladridos.

Su vida, si bien se parecía a la de los miles de estudiantes graduados de su edad y con empleo, se sentía particularmente vacía, por lo menos desde su punto de vista, que al final del día, era lo único que importaba por más que estuviese rodeado de amigos, familiares que le visitaban periódicamente por su cercanía y vecinos ocasionales.

Lo mismo con su rutina, de casa empleo, empleo casa, excepto...

Fue en una casa de camino a donde esperaba el transporte público. Era grande, de pelaje blanco, hocico siempre abierto con la lengua guindando de ella y siempre enérgico, de sexo indistinto, no importaba mucho fuera de su amenazadora figura y de que el sonido de su aullido por las mañanas y tardes de cada día, le acompañaba a través de toda la avenida.

Ningún animal en ningún momento, de toda su vida, lo había alterado más.

Ni siquiera era un perro fuera de lo común, que tampoco conocía su especie. Con su historia, el no conocía de esas bestias, pero ya había visto uno que otro de, seguramente, la misma raza por ahí.

Quizás era porque no había otra cosa más en qué pensar durante su vida, que solo pensaba en él. Como su enemigo, como la piedra en el zapato que sentía siempre al pasar durante la casa marcada con el número 326. Su trabajo no le absorbía ni le consumía todo el tiempo de luz del día. Era bueno en él y no le representaba el mayor problema.

Del modo que fuera, ese aullido le pesaba en el corazón y ya estaba comenzando a gastarlo.

Las rodillas raspadas y en el suelo, con lágrimas en los ojos que se encontraban mirando a una reja larga y blanca, con un hocico escabulléndose de entre los barrotes. Se despertó jadeando y con sudor frío.

Recordaba súbitamente sus tiempos de niño. Cada vez más se hacían más frecuentes esas regresiones y cada vez más sentía que el ladrido le acechaba hasta la parada de autobús. Hasta la puerta de su casa. Hasta la avenida de dónde se encontraba el edificio en el que trabajaba. A la cocina de su casa. En su oficina frente al computador y en su habitación sobre su cama.

De pronto, se le sumaron más con los meses al perro del 326.

Un pequeño café en el 320, irritante. Un peludo blanco en el techo del 321 siempre observante. Uno mediano de pelaje miel en el 323 que solo se unía al coro. Y seguramente otros que el no veía al pasar pero sentía tan presentes como todos los demás. Pero por sobre todos, inexistentes o no, el bastardo blanco del 326. Ese que lo había iniciado todo.

La calle se había convertido en un canto uniforme durante el día. Y durante la noche, los que no eran más que aullidos a la luna o intercambio de voces entre los canes para el vecino promedio, eran para él, una forma de seguir con el acoso. No había manera de escapar de él...

La locura por fin le había ganado. De no haber sido así, ¿como hubiese llegado a tal extrema conclusión? Iba a acabar con todos y cada uno de ellos, uno a uno, y mientras caminase y recibiera su habitual bienvenida. Decidido estaba, tenía el arma en un cajón en su trabajo, esperando.

Así, la tomó. Una decisión que no recuerda haber tenido desde pequeño, o desde nunca. Caminaba con paso firme, ya no le volverían a sorprender. Él les sorprendería a esos.

Volteó en una esquina y se encontró con la avenida. Un barrio tranquilo que el había escogido para vivir de entre otros, como su hogar y ya no se sentía parte de él, no lo había sido en meses y después de esto, nunca jamás.

Así, se dirigió hacia la primera casa. El primer porche con su primer animal. Vaciló un poco al verle, no por piedad ni por duda alguna, sino porque nunca había accionado un arma antes y quería que su tiro fuese certero.

Y lo fue.

Eso le dio seguridad para conducirse a la segunda. Luego a la tercera, cuarta... el ladrido tenía su respuesta y castigo.

Los vecinos comenzaron a salir levemente de sus casas, conocían el tipo de sonido más nunca lo habían sentido de tan cerca y en una situación tan rara. Paradójicamente, les hubiese parecido más natural ver al sujeto atacar a otro hombre, pero no, el sujeto estaba disparando a las mascotas, y como parecía no tener nunca fin su dotación de balas todos temieron salir de sus hogares.

Hablaron a la policía. Ya había acabado con la mayoría de esos, conforme se acercaba más a la casa 326. Solo se detuvo una vez para recargar el arma, no le importaban las miradas, que las había, de por las ventanas de los vecinos. Pero aún, ni siquiera en ese momento hubo silencio en la avenida.

Así, siguió haciendo su deber. El ladrido tenía su respuesta y castigo.

Hasta llegar a la casa 326. Solo es que ahí hubo silencio. Incómodo e innatural silencio.
Miró por a través de la reja. No lo creyó. En el suelo, yacía acostado y con rostro enfermo, la bestia del 326. No tenía ánimos, siquiera energía suficiente para levantarse, mucho menos para emitir su ladrido.

- Levántate! Levántate demonio hijo de mil putas!

Pero el perro ni se inmutó. Siguió ahí con su lastimero respirar.
- Ládrame! Anda! Solo dame una razón! Solo dámela!

Y de pronto ya no se halló gritándole a la bestia en el suelo, sino así mismo. Los vecinos miraban la figura de aquél hombre con miedo. Vociferando maldiciones al saco de huesos.
-Levántate! Levántate! Ladra... ladra...

Y de nuevo hubo silencio. Su mirada cambió de furia a una tranquilidad de certeza absoluta.
- Descuida, que yo te la daré.
Dijo el hombre mientras el último sonido de arma se escuchó.

Ya no habría más ladridos en esa avenida nunca más.

28 nov 2011

La Pasión y el Tiempo

El hombre de relación de poco tiempo es temeroso, apasionado y lleno de esperanzas. Imagina un futuro brillante con su pareja y sueña en dónde estarán celebrando el primer año de novios. Camina lento al no conocer del todo a su compañera, o rápido porque el fuego le quema entero y quiere hacer las cosas mientras aún se siente en llamas.

El hombre de relación de poco tiempo piensa en todas las cosas que podrá hacer. En las metas que tiene para el noviazgo, en que su mujer es la más bella y que él por consecuencia, tiene que serlo al haber podido pasar del amigos o propositor, al soy y somos.

El hombre de relación de medio tiempo piensa en qué regalo hacerle a su novia para el aniversario número seis y en el hecho de que quizás tenga que repetir el regalo de hace un par de meses porque se le están acabando las ideas románticas conforme transcurren las semanas.

Piensa en qué tan cómodo se ha llevado la relación y en que quizás están construyendo una rutina, mientras ambos están agarrados de la mano en la oscuridad de una sala de cine. Piensa que todo ha salido bien hasta ahora y tiene el alivio de tener una mujer tan buena como la que está a su lado.

El hombre de relación de largo tiempo está acostumbrado, temeroso, pensando en el nuevo regalo de aniversario, cómodo, aburrido y quizás coqueteando con demás chicas para ver si aún "no ha perdido el toque".

Le tiene amor a su dama, pero teme que ese amor sea realmente costumbre a sentirse amado y no amor en sí. Así que no ve mal estar acurrucado en el hombro de una dama atractiva físicamente. Piensa en que su pareja, después de tanto tiempo debe de conocerle también que debe de confiar en él a pesar de estas actitudes las hace totalmente consciente.

El hombre de larga relación no sabe si el noviazgo puede dar más de sí en el futuro y puede esperar más del destino, o esperar a otra persona más.

El hombre sin relación sin embargo, trata de pensar sobre lo que está pensando la pareja que acaba de pasar a lado de él en su mesa del café con una sola silla.

29 oct 2011

Personal Je$us

Apenas y llegué de la escuela a la casa, abrí la puerta y grité como es mi costumbre:
"Soy yo, qué hay de comer?"

Así pues, en la mesa del comedor nos dispusimos a comer mi madre y yo. Sin ruido alguno más que el que nosotros mismos podíamos escuchar desde nuestras respectivas bocas, hasta que -Brrrrrrrrrp! - . Era el sonido del timbre el que estaba cortando la monotonía rítmica de nuestro masticar.

Me levanté rápido y atendí desde la puerta a la figura que se encontraba detrás de las rejas del porche. Era un sujeto desgarbado, con barba de tres días, pequeño y de aspecto pobre, en su mano izquierda tenía un racimo de recogedores, el cual dijo:
- Si me podría comprar un recogedor?
- Espéreme un momento, disculpe.

Durante el momento que me alejaba de la puerta pensaba en aplicar la de siempre, alejarme de la vista de la puerta, hacer como que hablaba con alguien, en la sala y decir "No, no por ahora, gracias". Pero volteé con mi madre y pregunté si no necesitaba alguno. Me dijo que no, así que por lo menos no tuve que mentirle al señor.
- Ande, por favor. Es que necesito unos cuantos más para comprarme al menos un par de tacos y una soda o algo.
- Mm... en cuanto est...
- Mira, los vendo en 15.

Se acerca mi madre un poco con un billete de 20 pesos en mano. Diablos.
- Si me da uno entonces? [Mientras le acerco el billete a través de la reja]
- Hay oiga, es que pos' no tengo feria. No he vendido nada en toda la tarde.
- [En eso recordé que me había sobrado dinero de la escuela, justamente con 15 pesos en mi bolsa y mi conciencia golpeando. El sol estaba en plan de hijo de perra, el señor "con hambre y sed" y "sin haber vendido ni uno solo".] Descuide, tome, aquí tenía más.
- Muchas gracias. Tenga un buen día. [Murmulló mirando las monedas mientras entregaba el recogedor]
- Ande, igualmente... venda más!

...

- ¿Qué pasó?
- No, nada. Este señor queriéndome meterme el recogedor a fuerzas. [Pervertidos]
- ¿Y qué? ¿Y qué tal si ese señor era Jesús buscándote poner una prueba?
- Fácil. Hubiese estado feliz de que le haya negado el dinero que con tanto sacrificio , me esfuerzo en no gastar y recibo de mis padres sin hacer esfuerzo.
- Mm...
- Anda, al final si se lo compré.

Luego, y con menos culpas, tomé el billete de 20 y lo dejé en mi bolsa del pantalón, conforme se iba olvidando el tema con cada bocado.

***

Un día, iba caminando por la calle. Justo me había bajado del camión e iba de regreso a casa.

Me encanta bajarme una cuadra antes de donde realmente debería hacerlo, porque en esa esquina hay una carnicería con servicio de asador, así que siempre está el humo de la carne a las brazas. Estaba tomando mi bocanada de aire con olor a norte del país puro; carne, especias y jugo de limón, cuando vi un reluciente Benito azul tirado en la banqueta. Miro adelante para dar mi paso final a mi ganancia del día cuando veo una figura conocida.

Después de haber ofrecido su producto al viejito bigotón de detrás del asador, el señor chaparrito seguía su camino con los recogedores colgando de su espalda.

Los tenía enfrente. Nadie los había notado. Solo yo. Habían caído para mí.
Mi venganza estaba lista en la forma más conveniente...
- Oiga. Disculpe... se le call...
- Ah, sí. Muchas gracias! Es que es este pantalón oiga, tiene las bolsas muy pequeñas y se me andan cayendo las cosas.
- No, si. Comprendo. Tenga mucho cuidado.
- Claro, claro. Gracias.
- De nada. Tenga un buen día.
- Igualmente!

La EIAUFNANJ madre, conciencia ! Estaban enfrente de mí.


7 oct 2011

ValOHr

Quisiera poder tener el valor de beber de tu boca,
de llenarme de ese líquido cáustico tuyo,
que diluya y arrastre todos mis pensamientos
como el viento da forma a las arenas.

Quisiera tener el valor de, prendido en ti,
romperte entre mis manos y en tu interior,
ahogarme en un mar frío y eterno,
olvidar la realidad.

Quisiera el valor para buscarte,
sin miedo ni arrepentimiento,
sin mirar atrás o en las consecuencias,
dispuesto a entregarme totalmente.

Quisiera tener el valor de estar contigo cada día,
acompañarte hasta el fin de mi existencia
e intoxicarnos cada vez más uno del otro,
fusionarnos en un solo ser nuevo.

Quisiera tener el valor, quisiera... quisiera...

Entonces, miré mi reflejo en el fondo de la botella.
Vi dentro de mis ojos, y supe que no tenía tal fuerza...

"Que la siguiente sea de agua, por favor."

5 oct 2011

Justicia Final

El héroe es alguien quien se sacrifica por los demás. Alguien que siempre busca hacer lo correcto por sobre todas las cosas y por sobre sí mismo. Es abnegado.

Héroe tiene dudas, miedos, debilidades, lo cual lo hace más humano y cercano a nosotros, las cuales supera para darnos esperanza y fe. Tampoco tiene fuerzas o habilidades superiores, pero si la voluntad de hacer lo máximo con lo mínimo. Es real.

Es un modelo seguir, alguien a quién admirar y sobre quién hablar, frente al fuego de una carne asada. Inspira a generaciones y personas que quizás nunca le verán y les animará a hacer lo que es correcto. Es memorable.

Héroe, durante su trayecto, se lastimara, saldrá o perderá en repetidas veces, pero seguirá adelante mientras exista para él, una razón y personas por las cuales luchar. Es imbatible.

Y al final del día, Héroe obtendrá su recompensa por todo su esfuerzo y sacrificio de día a día, fruto de un corazón noble e ideales puros.


Yo siempre he querido ser Héroe...

10 sept 2011

The pain that I'm used to

Dicen, y con justa razón pienso igual, que el dolor es inspiración.

Ayuda a reflexionar y analizar las cosas, siendo la felicidad una luz que eclipsa la realidad, todo el genio artístico y espiritual del ser.

El dolor es aprendizaje, se vuelve memoria en nosotros y les llamamos cicatrices.

Siendo yo más joven, había deseado nunca ser totalmente feliz, si es que es posible, para seguir pensando, meditando. Quería que nunca muriese esa parte de mí que se alimentaba de tal sentimiento. Mantener el personaje de un triste neurótico con una suerte solo como la de él mismo, que vagaba por la vida, burlándose de ella ante un público inexistente. Tenía miedo que el genio al cual rendía culto desapareciera, lo cual erróneamente llamaba autoestima.

Hoy, ya habido demasiado. Rocé el umbral de mi tolerancia y solo vi lo invisible, la nada. No hay nada más allá. El miedo volvió.

El dolor es inspiración, pero últimamente ha sido demasiado, así que tendré que tomar prestadas algunas palabras.

***

Marcus J. Kennedy presenta:
Quinto Post de Relleno Mágico Musical


Canciones para Depresión


a) System of a Down - Lonely day
Alguna vez fue mi banda favorita, con el lanzamiento de Mesmerize e Hipnotize, teniendo ambos discos, descubriendo Toxicity y demás. Grandes recuerdos, amigos y días.

Such a lonely day
and it's mine
It's a day that I'm glad I survived


b) Caifanes - Ayer me dijo un ave
Podría mirar la tarde pasar desde aquel cerro durante horas. Desde que el sol caía en cansancio, hasta que se preparaba para dejar la luna trabajar.

Que saque el aire de mis ojos,
que abrace al miedo con tus sueños,
que sea un guerrero de sangre
para que nadie te haga daño.


c) Johnny Cash - Hurt
Si se puede. Eso puedo escuchar entre rasgueos de guitarra.
No estás solo. Conforme se mueven los dedos en el piano.

If a could start again
a million miles away
I would keep myself
I will find a way.


d) The Smiths - Asleep
Dormir, soñar y escapar. Tu voz es lo último que quiero escuchar antes de salir, es mi decisión, mi último deseo.

Sing me to sleep,
sing me to sleep,
I don't want to wake up
On my own anymore


***

One final effort