18 abr 2012

Carta corta al consumismo

"Una visita al super mercado puede sacar lo peor de uno..."

Apenas doy el primer paso fuera de la casa y ya sé lo con lo que me voy a encontrar; un viaje a través de un árido camino artificial, el cual no hace más que reflejar el sol sobre mi cara, encogiendo mis ojos y haciendo más insoportable la travesía.

Por donde miraré habrá asfalto, plástico y acero. Esa es la ciudad, solo eso y uno que otro humano por ahí, adornándole, uno de entre miles a los cuales no les importa nadie, gritando improperios, ensuciando el ya contaminado aire, dirigidos para aquél el que está adelante, el cual comparte igual sentimiento por los demás, en especial por ese bastardo que me está gritando ahora mismo, el cual quiero que sepa que no me moveré por que aquí daré la vuelta.

Veré a esos sujetos, parásitos con franela en mano, sacudiéndole en giros mientras dicen que el paso está libre y que el carro puede moverse, después de haberte brindado el vital servicio del cuidado de tu auto mientras hacías tus compras, algo que en primera instancia, ni siquiera debería de ser necesitado.

Ya sorteados mis recién conocidos primos, que también incluyen entre sus servicios con un paquete de lavado automotriz, entraré a la tienda, donde me encontraré a seres de aspecto irreconocible. Gigantes, de ropas manchadas y pasos lentos, torpes como ellos mismos degustando muestras gratis de yogur bajo en grasas y azúcares.

Cuerpos que han aceptado la idea de deformarse entregándose al derroche de objetos que no necesitan, siendo consumidos por lo que ellos mismos irónicamente llaman consumos. Ciegos atados ante la idea de que su capacidad es deber, merodeando entre los interminables pasillos llenos de permanentes rostros fríos alegres, rostros que saben de esa ignorancia y se aprovechan y viven de ella.

Y uno que otro estará en familia, otros solos o en pareja. El resultado será siempre el mismo. Solo que en la familia será un niño revolcándose en el suelo y una madre negligente. En la pareja habrá discusión sobre si debimos haber viajado mejor al otro super o no, porque allá aquél tinte que quería estaba más barato qué aquí, mientras que el solitario "escribe" en su aparato todas las cosas que ve y piensa o no en adquirir, en su lento paseo sobre el carrito.

Habrá desdichadas oportunidades de toparme con el último hit de la música popular por lo parlantes de la tienda, a volúmenes estratosféricos acechándome a cada paso que doy con sus letras huecas y ritmos mesméricos, siendo utilizada por el carismático edecán de la compañía de carnes frías para invitarnos a comprar la última oferta en embutidos.

Dejados atrás estos personajes desagradables, completado la lista y luchado, con lo que presumo, fue una ama de casa tres veces mi tamaño por las mejores jícamas, llegaré a la caja y vaciaré mi carro sobre la banda transportadora. Pagaré y diré que no al redondeo para la Casa Hogar y hundiré esos centavos hasta al fondo de mi conciencia.

Terminaré viendo la única luz al final de mi viaje en la sonrisa del anciano que envolvió en bolsas mis víveres y el cual me desea un buen día, a quien claro sí le daré mi cambio.

En fin...

1 abr 2012

Choque de Titanes

Ó "Sobre mis roces con la cristiandad"

La mitad de mi familia por parte de mi madre se han pasado del catolicismo al cristianismo.

Al principio pensé que eso convertiría en algo incómodo el juntarnos con ellos, llevando toda conversación casual y cotidiana a un intento más en convertirnos y salvar nuestras almas. Admito que mi primer referente fueron los Testigos de Jehová y las pocas personas que realmente he conocido en sus filas.

Ciertamente me equivoqué en estar paranoico al respecto... en casi todo.

Siempre consideraré como incómodos los domingos por la mañana que, estando nosotros en su casa o ellos de visita en la nuestra, que ellos nos invitan a su iglesia y los momentos entre lugar y lugar cuando viajamos en el auto de mi tío cuyo sistema de sonido siempre tiene CD's cristianos. Pero esos chascos siempre se pueden contrarrestar a la alegría que me da que al pasar por una tienda de artículos católicos o al ver MariaVisión por instantes y:
MJ - Tía, ¿qué son esas imágenes paganas de hombres cuyas personas que les idolatran las hacen pasar por santos? ¿qué son esas ceremonias ancestrales ministrados por hombres de ropas arcaicas e inciensos rituales?
Tía - ¡Son pura perdición, pura idolatría! ¡No les hagas caso!

A lo que queda de mi familia les ha llegado el mensaje y les ha dado por ir cada domingo a uno de los muchos templos cristianos que, de un tiempo para acá, han estado proliferando por toda la ciudad alzándose en, desde casas populares hasta grandes edificios erigidos particularmente para rendir culto.
Ya he ido un par de veces, es divertido y ciertamente no es como la misa católica. Hay veces que pareciera que lo único que falta es el coro de afroamericanos corpulentos cantando de manera celestial.

Pero la verdad es, y como fue con esta primera, que creo que la religión establecida no es del todo lo mío.

Es difícil no sentirse alienado con gente cristiana, cuyos rostros felices y brazos abiertos le dan la bienvenida a su congregación a un completo desconocido. Tampoco es de mucha ayuda el ver gente temblando a mi alrededor, desmayándose o aplaudiendo y gritando "Amén!" con lágrimas en los ojos. Así como también no es difícil sentirse alienado en los grupos de jóvenes católicos en donde todos conocen a todos y cuyas fotos grupales con playeras "Retiro Espiritual 2012: Deja entrar a Jesús en tu vida", son del mismo grupo que aparecerá más tarde en Facebook, cada uno de ellos sosteniendo una lata de tecate light.

Pero estaba...
Esta vez me desperté temprano, solo para recordarle a mi madre que no iría esta vez al templo. Ella dijo que sí, pero a cambio me dio un par de deberes por hacer mientras no estuvieran. Mi hermano por supuesto que fue, el conoció a una chica atractiva.

Lo bueno de hacer las cosas solo, en especial, los quehaceres, es que nadie te dice como lo debes de hacer y qué no hacer. Confieso que me agrada hacer cada movimiento de barrer, sacudir y trapear de manera exagerada y en coreografía al compás de la música a alto volumen.

Fue así como le saqué el brillo a los azulejos del baño, lavé la alfombra y barrí la estancia y mi cuarto bajo el trance de deliciosos ritmos de reggaeton durante esa mañana, entre otras cosas productivas que hice.

Ya entrando la tarde, fue que regresaron a casa y nos sentamos a la mesa a comer. Comenzamos a platicar un poco:
M - El pastor preguntó por ti...
MJ - [...] ¿Y qué le dijiste?
M - Pues que no querías ir.
MJ - ¿Por qué le dijiste al padre qu... ? [...] No importa. Supongo que la honestidad es la mejor política.
M - Pastor.
H - ¡Si! Y arderás en las llamas del infierno por tu desobediencia.
MJ - Bueno, al menos les habré dejado el baño limpio...
H - ¡Regáñalo, ma'! ¡Por sacrílego!
MJ - Si, soy todo un cínico.
M - Mm...

25 mar 2012

Débil

Ó "De hombres y sus demonios"

Estábamos sentados, sin nada más importante ocurriendo más que la espera a que nos llegara la hora de clases.

En eso que llegan uno de esos grupos de gente feliz con playeras de colores brillantes y letreros de "abrazos gratis" cuyo único fin es el de sacarle a todo el mundo una sonrisa. Al principio estuvo bien y era agradable que estuviesen allí. Eran jóvenes que se veían normales y agradables. Hacían mucho ruido e iban de aquí a allá repartiendo abrazos y frases más sobadas que el averno, pero no estaba mal. Yo y mis compañeros recibimos uno que otro abrazo de ellos y un pequeño mensaje escrito en una tira de papel, estilo galleta de la fortuna.

El mío decía: "Sonríe. Eres sexy." El de un amigo, quién se negó a recibir un abrazo y podríamos categorizar como una persona cuyo aspecto físico no cae en el concepto tradicional de belleza, decía: "Sonríe. No sabes cuanto tiempo te durarán los dientes." Le pregunté que si cambiábamos papeles. Dijo que no. Luego le pregunté que si yo le podía dar un abrazo. Respondió que por supuesto que no.

Pero cosas más importantes estaban pasando... y de connotaciones no homoeróticas.

Los sujetos comenzaron a bailar y cantar en el pasillo central. Primero los vimos con algo de humor, estaban tan enfrascados en su cruzada contra el mal humor del día común escolar que ya habían perdido parte de esa frescura y tono. Ahora más pareciera que iban a comenzar a decirnos que estar en las drogas es algo que no está del uno, que si comemos cosas sanas nos pasarán cosas chidas o que Jesús era un gran tipo.

Y después de que su círculo de oración se convirtiera en una fila de conga, fue hora de actuar y emprender la huída.

Caminamos a la segunda unidad de la facultad y tuvimos suerte en rápidamente encontrar una mesa desocupada, así que nos sentamos. Pero ya era algo tarde y la fila de conga en su serpenteante, implacable y estridente camino de sonrisas y abrazos nos siguió hasta allí, donde nuevos integrantes que salieron de no sé, se le unieron.

MJ - Diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diab...
D - ¿Un abrazo amigo?
MJ -Damn it!- Ahm... bueno...

Si no la abrazo, seré un amargado. Un anti social y apático. Un estorbo en su camino de conscientización de las masas. Una sonrisa puede cambiar al mundo, así como el abrazo desinteresado de una desconocida, pero atractiva, puede traer alegría a la vida cotidiana de alguien. Creo en su movimiento y en sus ideales.

Pero había un detalle... esa mujer era de verdad atractiva...

Si acepto su abrazo sin siquiera pensarlo, si acepto su invitación, sin siquiera dudarlo, seré un necesitado del contacto, de su belleza. Una persona que no ve más allá del movimiento que representa ese abrazo, más que la simple recompensa de la carne, en el beneficio propio y el egoísmo.

Seré débil. Empequeñeceré mi pensamiento aceptando que las cualidades físicas van más allá que las del espíritu y la moralidad al cederle el poder por sobre los demás por su mero aspecto físico.

Seré uno más en la enorme cadena de hombres que...

D - ¡Abrazo! -Y rodeó mi cuerpo con su figura-
MJ - Mm... -Tomé la chica con mis brazos por sobre sus hombros y...-
DI - Nada más no aprietes tanto, ¿no crees?
MJ - ¡¿Qué?! - Retirando las manos en acto reflejo. La chica soltó una risilla- Gracias, señorita. -dije, casi susurrando y sonrojado.
D - De nada... ten un buen día -Una sonrisa después y ya no estaba aquí.

16 mar 2012

Azulejos

Viajábamos regularmente para la casa de abuelita solo para quedarnos un par de días. Mi madre decía que de vez en cuando teníamos que darnos esas vueltas porque como ella vivía sola y eramos sus familiares más cercanos a ella, era nuestra obligación. La verdad no me importaba mucho la razón que fuese, siempre y cuando me dejaran perderme solo en la, para mí y en ese entonces, inmensidad de su patio trasero.

Abuelita vivía en una casa grande, de esas de las de antes, que la hacía ver aún más solitaria. Tenía muchos cuartos, ventanas enormes, pasillos largos, frente de ladrillos color marrón, un tragaluz central y claro, su enorme patio trasero. Era el lugar perfecto para correr y había muchos lugares para esconderse cuando estaban mis primos y nos tocaba jugar. Y para cuando estaba solo, que era en la mayoría de las veces, la estrella principal del patio, entre las matas, árboles de fruta y arreglos de jardín, era la gran jaula de pájaros que tenía.

Estaba suspendida del suelo en una base de tres pies, hechos de madera. Sus enrejados de color blanco tenían forma de carpa de circo con detalles en espiral en la copa y en la parte inferior, la cual estaba inundada con manchas que iban del óxido a la popó.

Los viajes se hacían más frecuentes conforme iba el tiempo. Ya hasta había armado una rutina. Siempre que llegábamos de visita, y a menos que el clima estuviera malo o hubiese mucha gente, la segunda escala dentro de la casa, era visitar la gran jaula blanca. La primera era, claro, un saludo a mi 'buelita y echarme un chocolate con donas echas a mano.

Las horas que no me pasaba frente al televisor de la sala, las invertía enfrente de la jaula, tratando de darles de comer a las pequeñas, quitándoles el periódico y poniendo nuevos o tratando de averiguar que canto le correspondía a cada cual.

A veces, en el camino de regreso a casa, miraba a través de la ventana del carro las aves pasar. Por encima del carro, arriba de los cables eléctricos y más allá de los postes de luz, ¿cuál era la diferencia entre esos de allá arriba y los que están en la casa de abuela? Eran los únicos que conocía de frente y los de allá arriba solo sé que son aves porque se supone que son aves.

Los meses pasaban. Los viajes iban y venían. Abuelita, envejecía más y más. Le era cada vez más difícil hacer movimientos, respirar se le dificultaba de cuando en cuando. Ni qué decir del caminar. Me asustaba un poco verla así.

- ¿Puedo ir a regar las plantas?- Me escapaba un poco. Las matas, los árboles y los arreglos comenzaban a lucir descuidados, pero mi verdadera preocupación se concentraba en los pájaros. Ya no tenían el cuidado que tenían hace tiempo, pero hacía lo que podía con mi esfuerzo y estatura.

- ¿Iremos a casa de tu mamá este fin pa'?- Le pregunté a mi padre, el me miró y sonrió, asentó con la cabeza, pero su mirada fue triste. Quizás, confundía mi interés en las aves con el estado de mi abuelita, pero con que me saliera con la mía, estaba bien.

Entonces pasó. Era cuestión de tiempo, pero de todos modos, a todos nos llegó de sorpresa. Mi papá lloraba sentado lado del ataúd junto con mis tíos, mientras mi madre solo le acariciaba el hombro, sin decir nada. La sala estaba llena, como en Navidad, pero esta vez todos estaban vestidos de negro y las únicas luces que había en ella eran las velas.

Mis primos no decían nada. Supongo que no sabían como sentirse, de nosotros, yo fui el que más convivió con ella durante los últimos años y algunos, eran demasiado pequeños como para haberla conocido en sus años buenos. Estar rodeado de ellos me hizo sentir incómodo. Así que escapé como siempre lo hacía.

El patio se veía más grande que nunca y yo sintiéndome más pequeño que de costumbre, eso no ayudaba mucho. Las plantas estaban decaídas, los árboles lucían desanimados, parecían no podían mecer sus campanas de viento y a los rehiletes parecía indiferente la ocasión. Lo único que se escuchaba en la inmensidad era el cantar de los pájaros.

Nadie más estaría para ellos. Ya no tenían a nadie y ellos lo sabían.

-cling!-

Una de las campanas cortó la monotonía de su canto. Volteo hacia las ramas y ahí estaban, los inadaptados volando por encima de los árboles, de los cables eléctricos y más allá de las luces de la calle, pero no por encima de la nubes. Nunca encima de ellas. Esa era su jaula y lo comprendí.

Abro su cerradura y me retiro unos pasos hacia atrás. Se miraron entre ellas desconcertadas, pero pronto hubo un primer valiente. Dio dos saltos y ya estaba en el marco de la puerta, me apuntó con el pico, volteó con sus hermanos y echó el vuelo. Le siguieron una, luego otra, después otra, otra y la última. Cantaron todas conforme iban saltando.

Escuché unos pasos tras de mí. Era la masa gris, liderada por mi padre, que se encontraba en esos momentos de porte rígido y de unos húmedos ojos rojos. Me sentí capturado.

- ¿Qué has hecho?- Y soltó una bofetada. Retrocedí un paso de la fuerza de su embestida. Se escuchó un eco en toda la casa que acompañaba detrás del resoplido unísono de mis familiares. Mi padre entró a la casa, sin dirigir la mirada a nadie.

-cling!-

Miré al cielo, pero no estaba nadie. Ni los desadaptados ni la hermandad de la jaula blanca. Nunca volvería a verles más. Ni a ella, ni a las plantas, los árboles o el patio de esa casa.

Desde ese momento, odié a la mamá de mi padre.


13 mar 2012

Sobre un tipo llamado Javier

Javier es un joven alto y moreno. Su cabello es oscuro y tiene un problema serio de caspa del cual pareciera que yo soy el único consciente. Es delgado y de musculatura lo suficientemente marcada como para que a un amplio porcentaje de las damas les parezca atractivo. Es el tipo de sujeto que siempre está alegre y positivo, siempre balanceándose en la línea entre lo irritable y lo infantil. Suele gesticular de manera exagerada mientras dice frases del tipo:
- Aguelita que sí!
- Al chicle!
- Nos vemos el dormingo!
- Oki doki

Todas siempre coronadas con su respectivo "viejo" al final.

Básicamente es el tipo de sujeto al que le hablas por primera vez para ver si es real. Luego, al ver que es de verdad, le hablas con malicia para reírte un rato por dentro.

Confieso que me encanta imitarlo, viejos.
J -Se me hace que ahora si se va armar el viaje en vacaciones.
MJ - ¿En verdad?
J - A hueso, viejo. -Acompañado de su clásico movimiento hacia delante de su mano derecha- Nada más avisa a más gente que tenga carro, para movernos.
MJ - Claro, man.
J - Para que sea como la última vez. En verdad no puedo creer que me hayas seguido ¿Cómo diablos tomaste esa decisión a pesar de tenerle miedo a las alturas? -Y lo hizo de nuevo- Pensé que ibas a tomar el camino del tronco y no el de la escalada.
MJ - Si, bueno... -No puedo evitar ruborizarme- la verdad es que -Me reincorporo- no quería esperar a que uno por uno pasar por el otro camino. Supongo que soy más terco e impaciente que miedoso.
J - Yeah! Sabía que podías desafiar tus miedos.
MJ - Gracias... ¿ qué tu no tienes algún miedo o algo así?
J - Cambia su tono del perpetuo alegre a uno frío y serio- Buena pregunta. -Hace otra pausa- Creo que no viejo...
MJ - ¿En verdad? ¿Y cuál es el secreto, man?
J - Ser intrépido. -Desaparece ese Javi que, quizás, jamás volveré a ver. Si ya decía yo...- Lo he sido desde que era un nicho. Ya sabes, un niño super inquieto que le encantaban las travesuras. Vivía de caídas y raspones, de árbol en árbol.
MJ - Comprendo, hermano... comprendo.

En cuanto ese tipo aparece, en automático tiendo a imitarlo. Quizás, muy en el fondo, le tengo envidio al tipo. Envidia de que sea tan positivo con todo el mundo y más sin embargo esté tan desconectado de él, que se puedan reír en su cara y el ni siquiera lo notará. El simplemente seguirá llenando de "viejos" sus oraciones y haciendo "yeaaah!" cuando diga un comentario gracioso.

Cómo verán, Javi es el modelo a seguir.

22 feb 2012

La caja loca

Caminaba por las calles de la ciudad ensimismado en mis pensamientos vagos y necesidades mundanas, en cuanto no pude dejar de notar, al doblar una esquina, un pequeño niño de apenas el metro de alto, descalzo y de rasgadas vestiduras con una guitarra antigua, tocando con la pasión y finura de un gran genio.

Impulsado por el hambre, su mano serpenteaba por los trastes con resultados hipnóticos. De pronto niños, parejas e individuales, gente se iba agolpando en esa esquina conforme el niño daba cátedra de sus habilidades.

En cada rasgueo y en cada acorde, más personas se sumaban para escuchar tal inesperado y bello espectáculo.

Al terminar su pieza, yo, junto con el pequeño público que se había formado a mi alrededor, aplaudimos maravillados. El niño, cabizbajo, solo asentó a la audiencia, la cual replicó el gesto con monedas al gorro que yacía frente a él.

Seguía impactado por las habilidades del joven, así que no dudé en acercarme. Hice mi camino de entre la multitud y pregunté al joven prodigio:
- ¿Qué te inspira? ¿cómo llegaste a tal perfección?
- Toco esta música... por mi padre señor - dijo el pequeño, casi suspirando. Su tesón parecía solamente estar reservado para su guitarra-, podía escucharla durante todas las noches en la vieja radio que él tenía en su viejo taxi cuando aún vivía. Entre cada parpadeo en el asiento trasero, mi universo se reducía a lo que podía ver de las luces de la calle, pasando una tras otra al compás de esa música... son los más bellos recuerdos que tengo... señor.
- Ya veo... ¿hay algún nombre que recuerdes de aquellas noches? Alguna banda, algún artista.
- Recuerdo una, de entre los cientos que solían mencionar, era la cual más me llamaba, de la cual tengo el recuerdo más vivido dentro de mí... su nombre era The Beatles.
- ¡¿Qué?!

Una bofetada salió de mi mano, tan automática, casi instintiva. Se escuchó la muchedumbre tomar aire al unísono mientras el niño, el cual terminó en el suelo, temblaba por la súbita inesperada ráfaga de dolor. Voltee a mi alrededor, solo encontré miradas de desaprobación y deseosas de venganza... y que me fui hecho la verga.

***

Encontrabame yo en un estado terrible, el cual nublaba mi trabajo, mi habla y mi sueño. Esas situaciones del corazón que no se arreglan como enfermedad, tomando una pastilla, agua y una buena siesta. Abatido, un amigo preocupado al verme en tal situación, me contó de un gran sabio que vivía a las afueras de la ciudad, el cual decían, tenía el poder de curar cualquier malestar con el mero don de sus palabras.

Sin nada que perder, acepté la sugerencia de mi amigo y di un viaje a las periferias, donde casas alzadas sobre predios desolados abundaban. De entre tejabanes modestos de madera y cartón, una se asomaba en particular de las demás. No por ser la más arreglada, ni porque fuese con la que más lujos contaba, era algo en sus alrededores, algo en el aire que se sentía más fuerte conforme uno se iba aproximando. Mi amigo me comentó en su platica que con el simple hecho de estar ahí, daría con la casa. Quizás ya estaba algo sesgada mi visión, pero de todos modos no podía dejar pasar esa presencia como algo real, reforzando la mística de aquél desconocido personaje.

Apenas estuve yo cerca de tocar la puerta, la puerta se abrió.
- Se a lo que vienes, y no es que sea algo difícil -soltó una risilla-, se lo que todo forastero hace que se dirija a este lugar, trataré de no decepcionarte.- dijo el viejo con una voz segura y ecuánime, mientras con una seña de su mano me invitó a pasar.

Caminé encorvado, la casa estaba hecha a medida del anciano, a cada paso sentía el rozar de los maderos por sobre mi cabeza. Le seguí las espaldas, escudriñando el vacío de la misma con la mirada.

Con otro movimiento de mano y sin siquiera virar la cabeza, apuntó a la mesa y me senté. Por fin me miró a los ojos, tomó asiento y me ofreció una bebida extraña, parecía un té. Accedí y di un par de tragos.
- Como lo mencioné antes, se a lo que la gente joven como tú viene a visitarme y sé por tu mirada que tú no eres diferente a los demás.

Bajé mi mirada y observé con detenimiento mi reflejo en la bebida, sobre la austera mesa del comedorsillo. Entonces el anciano, abandonando el tono servicial de la bienvenida, dijo:
- Lo único que tenemos seguro en la vida es que, no importa que tan crudo haya sido el invierno, después de él, siempre habrá primavera.

Terminó de pronunciar esas palabras, cerré los ojos y di un profundo respiro a los humores que despedía mi bebida. Sentí como mi alma de re encontraba la esperanza que había perdido. Expedí el aire y abrí los ojos a la nueva etapa que seguramente comenzaría en ese instante en mi vida, y entonces lo vi... el anciano se despojaba de sus ropas mientras tarareaba "Careless Whisper" y que me fui hecho la verga.

4 feb 2012

Si tan solo...

Trato de escribir, pero no sale nada. No hay inspiración.

Supongo a veces, en los días más depresivos, de soles calurosos y asfixiantes, que mi vida no es lo suficientemente interesante como para seguir haciendo esto una y otra vez. Esa ansiedad que te atrapa al ver la página de edición en blanco frente a ti, que no se acaba.

Hay frases que cruzan mi mente, pero no textos. Hay diálogos que imagino, más no historias. Hay palabras rebuscadas, de esas que la gente ha dejado en desuso, que me hacen sentir inteligente, alguien superior, pero que por sí solas siquiera forman frase alguna.

Quisiera poder escribir más. Buscar inspiración.

Miro las fechas de las últimas entradas, ya hace un par de años que no se escribe algo aquí. Es una persona que nunca conocerás en la vida, pero sus palabras resuenan en ti con la misma fuerza que las hacen las hechas por un amigo de toda la vida. Es un sobreviviente en una isla desierta, que con sus pocas fuerzas ha escrito cartas y las colocó dentro de una botella, dejándolas a la merced de los mares del tiempo para que algún otro naufrago perdido y sin esperanzas las tome y se nutra.

Una última entrada. Se despide del gran viaje en el cual no estuviste presente pero, sin embargo; es difícil no contagiarse de ese sentimiento de nostalgia.

Me pregunto si sus vidas eran interesantes. Si todo sobre lo que alguna vez escribieron fue la realidad de una persona que no pensaba en más que tener un medio donde canalizar todas sus aventuras, desabores, victorias y metas. Me pregunto si alguna vez cruzó por su mente en que llegarían a impactar de manera significativa en las vidas de otros.

Quisiera que así como yo les encontré a ellos, me encontraran a mí en un futuro, ser su amigo en el tiempo. Expresar lo que siento y como lo siento. Quisiera poder escribir más para no dejar a esos, quizás inexistentes náufragos sin un faro de luz en sus tormentas más oscuras, así como yo ahora mismo lo hago, impotente frente a la blancura de mi pantalla.