26 jun 2014

El verdadero #YOLO

O "Pues si Dios nos da licencia..."

Imagina si lo deseas, porque sé que no estuviste ahí, una turba de alrededor de cientos... que digo cientos, quizás miles, y con quizás estos miles, más. Yo diría hasta millones de ellos.

Ellos no han recibido la misma educación que tú o yo. Ninguno lo ha hecho. Menos de la mitad podría leer lo que tu ahora mismo estás leyendo... de ellos, los cuales si podrían descifrar lo aquí escrito, apenas una porción de ellos podría explicar su opinión sobre esto de igual manera, de forma escrita.

No tienen esperanza. No tienen sueños. Ser buenos; trabajadores, leales, honorables, sinceros y amables saben ahora que no les dará para nada más. Es hasta ahora que lo saben. Les tomó meses, a algunos años, pero ahora lo conocen más que nunca y lo único que les queda, y con consciencia plena de esto, es una sola oportunidad.

Ven a sus hijos a los ojos. Son de escaso talle y anchura por la desnutrición, como alguna vez ellos mismos estuvieron a su misma edad. Tienen las mismas oportunidades o quizás inferiores a los que ellos tuvieron. Están manchados de sus rostros y de sus pocas ropas que tienen, lavadas entre las pocas aguas turbias que pudieron conseguir. Saben también que si ellos llegan a tener hijos, su situación sería igual. Todo igual. Nada cambiaría. Una cadena de miseria y mediocridad.

Los miran mientras que saben que no habrá revancha. Que no hay una recompensa, que les han enseñado el "Por favor", pero que después de ello no vendrá ningún "Gracias". Después de meses de luchar contra la verdad, contra la fría matemática, la implacable física y el desoír de sus alabanzas, al fin se han dado por vencidos.

Los resultados fueron publicados en prestigiosas revistas científicas de física y ciencia en general, llevándose los encabezados, portadas y el resto de las publicaciones con artículos relacionados al tema. Los rumores habían rondado por meses a los alrededores de los laboratorios de aceleración de partículas y sus observatorios allegados.

La llegada de la información al público general fue vertiginosa y sin previa digestión, y los encabezados sensacionalistas no se dieron a esperar.

Pasaron los meses, y con estos, revisiones tras revisiones de los cálculos, de todos los resultados y ensayos de las experimentos dados. Las mismas condiciones, bajo las mismas variables siempre dieron los mismos resultados, independientemente de si fueron equipos norteamericanos, de la unión europea o rusos los actores de las reproducciones.

Entrevistas por parte de la prensa especializada y la común hacia los directores de la investigación se tomaron años en darse.

Por temor a represalias, sus identidades luego de la  gran publicación, fueron protegidas. Sabían con antelación a lo que habían entrado y con temor sobre ellos, habían tomado medidas previas a lo que sus corazonadas les habían llevado con los posibles resultados de sus investigaciones.

"La ciencia por fin lo hizo", "Falsos profetas en bata blanca", "Física, psíquica y la ramera de las naciones se encuentra entre nosotros".

Recuerdo haber escuchado alguna vez algo como:
- ¿Por qué tuvo que morir?
- Verás... ahora está en un lugar... tu abuela está... ya no está con nosotros... y yo también le extrañaré.

Eran, como decía, cientos de miles, en todos los países del mundo, todos en revoluciones dadas casi, durante los mismos tiempos. Una bestia iracunda y reprimida, luego de años de vivir bajo la falsa idea de que si las cosas eran así, al menos podría vivir mejor cuando el verdadero retiro llegara.

La gente quería respuestas y su mayor fuente de ellas se había extinguido. Sus gobiernos, los gobiernos no podían hacer nada. La economía se basaba en que alguien vendiese los sandwiches solo para que alguien más los consumiera. 

Luego de la destrucción del acelerador de partículas y los centros de investigación aledaños, las torres de comercio fueron los primeros blancos. Fáciles de ver a cientos de metros a la redonda dentro de los centros de las grandes ciudades.  A estos le siguieron las universidades, bibliotecas e industriales.

Toda ciencia fue destruida. Todo atisbo de luz quemado. Todo lo que permitiese ver lo que no podemos ver dentro del planeta y más allá de nosotros, fue violado y bandalizado. Miles de años de progreso enviados al olvido por simple curiosidad humana. Destrucción del progreso por el progreso mismo.

De aquello, solo los satélites quedan en los cielos, mirando como sus hermanos atados a la tierra padecían, enviando señales en ahora un lenguaje inteligible, para jamás volver a ser escuchados. Solo el tiempo les daría su destino final. Quizás con el tiempo se irán perdiendo en el vacío para desprenderse final y totalmente de la gravedad de la Tierra. 

Aún y con el orgullo de la revuelta, soy de los pocos "hombres letrados" que quedan por aquí. Aún y con ello, el movimiento necesitaba algo de lo que contra ellos mismos se levantaban, de lo que llamaban el destructor de sus vidas. Soy médico con grados y todas esas formalidades.

Yo y mi raza somos lo único que queda de todo aquello, y solo veo como uno a uno estamos cayendo. Con nadie más que nos quiera escuchar. Solo nos están usando. Ni siquiera quieren ver o imaginar el día en que nos terminemos y ya nadie más pueda darles sus medicinas indicadas de entre todas las toneladas de cajas blancas iguales saqueadas por los revolucionarios.

Ahora mismo desearía haber leído más sobre las demás disciplinas. Desearía haber sido astrónomo de medio tiempo, con afición a la agronomía y con un gusto por la arqueología.

No estábamos preparados.

Quizás la noticia debía de llegar. Quizás podría existir un mundo capaz de resistir ese golpe... o quizás simplemente debíamos dejar que las cosas se dieran. Que llegase un momento en que simplemente dejase de importar. Un día con cohetes a la luna con horarios de entrada y salida y repuestos de brazos y piernas vendiéndose como auto partes.

Es por eso que nos debemos a los demás, a la humanidad, como científicos, como hombres de ciencia, nos les debíamos a los demás, y nosotros le debíamos "al de allá arriba" para darnos tiempo. Necesitábamos de ese placebo, o ese ingrediente, para mantener al sistema en marcha, para engrasar los engranajes y para limar las asperezas. Unas cuantas muertes en Gaza, unas cuantas explosiones en el norte de Estados Unidos. No eran nada. Eran los mártires de la historia que llamábamos humanidad.

A veces me pregunto si de haber vivido en aquellas épocas, y al haber leído palabras como estas me sentiría igual de como me siento ahora mismo, u horrorizado de un pensamiento como tal. Que todas esas muertes, esa miseria, esos recursos y tiempos gastados en tan ridículos objetivos eran necesarios. 

Hoy sé que si. O al menos así es como debió haber seguido siendo hasta que pudiéramos darles algo mejor.

Hoy a sido el ocaso de la civilización... y todo porque matamos al que nos hizo... o al que nunca nos dio.

Solo ruego porque mis palabras lleguen más allá de mi propia vida. Que toquen a nuestras futuras generaciones, y que no construyan sus castillos sobre la arena.

Mi especie muere y los satélites siguen en órbita.


"No sé como será la tercera guerra mundial, sólo se que la cuarta será con piedras y lanzas." - Albert Einstein

26 may 2014

Carta Suicida

O "Greetings from the Vita Chamber"

No sé de qué manera yo o Dios allá arriba haya decidido terminar con mi vida. No lo sé. Escribo esta carta con la mayor de las incertidumbres, la de no saber si siquiera si llegaré a ver un mañana. Un nuevo amanecer.

Certezas siempre he tenido pocas, he sido un hombre de muchos errores e inseguridades y eso ha marcado mi vida en más de unas cuantas ocasiones, y quizás, solo quizás, esta vez ya haya sido una más allá de las soportables. Las tomo entre mis manos y las aprieto, se escurren entre ellas, se escapan de entre mis dedos por más que les constriño, y son la única agua que me queda en todo este desierto.

Las únicas certezas que me han quedado ahora son las siguientes.

A mi familia:
Sepan que por más que haya buscado estar solo, por más que haya preferido en la cotidianidad el ensimismamiento de mi habitación, quizás a veces y por sobre ustedes, la compañía de mis amigos y quizás otras veces y más afortunadas, la de alguna mujer; que les quise, los quiero y los querré mucho. Que sin saberlo, quizás vieron mas días malos que buenos alrededor mío desde mi perspectiva, y, sin darse cuenta, los hicieron mas llevaderos, placenteros, compatibles con la vida.

A mis parejas:
Les amé. Les amé a todas y cada una. Quizás salí contigo poco, quizás mucho. Quizás pasamos las veladas más románticas y al mismo tiempo en el aniversario de estas mismas, pasamos las batallas más hórridas. Pero te amé. De manera única, obsesiva y sin igual te amé, independientemente de cual seas, de como seas, de qué tan diferente te veas tú de las demás a las cuales, también les aseguro, amé con la misma fiereza e intensidad.

A mis amigos:
No pude pedir mejor compañía. Mejores hombros, mejores pasos, mejores cantos, mejores mentes y diálogos. Ustedes saben quiénes son y espero no me extrañen mucho, son más interesantes de lo que creen o de lo que saben de sí mismos. Los sé, les vi crecer.

A mis conocidos cordiales:
Solo espero haber sido una persona agradable de observar cruzar por ahí, una con la cual haber intercambiado dos que tres palabras de cuando en cuando y haber contentado minutos, como ustedes lo hicieron con los míos. En el camino a la escuela, a casa, entre pasillos y comidas, las cuales el Universo forzó en un mismo espacio a ocurrir.

Termino de escribir. Me tiembla la mano.

La sangre lleva consigo miedo en forma de sangre, fría y trepidante. Han sido demasiados fantasmas durante tantos años, demasiados ecos en el vacío, demasiados chirridos de puertas descuidadas y azotes de ventanas abiertas.

Suelto la pluma aún tambaleante y volteo a mi alrededor. No hay nada. Se acabó todo.

Termino esta carta, y me doy cuenta que soy dueño por primera vez en mucho tiempo, de una nueva certeza.

Tan bella, como trágica a la vez.

Hoy he decidido morir, pero también quiero que todo día sea el día perfecto para morir.

Quiero todos los días sentir este miedo. Este morir de conciencia, esos instantes de fuga de mi alma. Que en cada momento sea yo y en cada momento me encuentre realizado, pleno. Sin remordimientos ni ataduras de conciencia, de acción ni vergüenzas ni miedos. Y que cada vez que vengan estos sentimientos, muera otra vez y de nuevo y nuevamente, solo para volverlo a intentar y muera una vez más, pero en esta ocasión, satisfecho, libre, con una sonrisa en mi rostro.

Desde ahora y este punto deseo tener esta carta en mi mente al amanecer, y elevarla cual oración a los infinitos. Que sople cual viento sobre mi niebla, que aclare mi visión y despeje los cielos que quiero ver el sol. Quiero que sea un día soleado el día perfecto para morir.

24 abr 2014

Una de lobos

En la esquina de una cuadra familiar, de un fraccionamiento relativamente viejo de la ciudad, se encontraba la casa y al mismo tiempo el negocio de un anciano, ya veterano en lo que se refería al mantenimiento de autos. Era un terreno que ocupaba alrededor de lo que serían dos casas regulares, con un patio grande, ocupado por árboles, macetas, partes de autos, el o los autos en turno a reparar, y habitado por un perro café pálido de aspecto firme. En su casa, hecha por el mismo anciano, se podía leer su nombre escrito improvisadamente en aceite para motor.

Escrito también en el mismo estilo, se podía leer colgando en uno de los árboles del lugar "CUIDADO CON EL PERRO".

El anciano había pagado los estudios completos de sus hijos a base de su trabajo en la vulka, para ello había procurado siempre trabajar sin ayudantes que no hubiesen sido de cuando en cuando sus hijos, y por ello, había agarrado el ritmo tan bien que ya no podía parar de hacer lo que toda su mitad de vida había hecho.

Sin sus hijos en casa parecía no haber otra razón para seguir ahí, más con todo el mundo alrededor teniendo sus hijos revoloteando por ahí, y, los de su calibre, sus nietos visitándoles cada tanto en tanto, hecho que solo lo alienaba más y más. Pero, y sin embargo, las cuentas seguían llegando, los clientes en la colonia no lo dejaban de recomendar y ya había dado la mitad del terreno de su casa para ello y su tiempo. Y para todo eso, estaba el Canelo.

Era el clásico perro de estar para un taller de autos. Su raza era indeterminada, pero era de gran tamaño, lo suficiente como para asustar a la gente, pero su apariencia no era la de un perro "de combate", con unos ojos demasiado grandes como para parecer temible del todo. Se encontraba en el centro del patio, unido a uno de los árboles por una larga cadena que llevaba al cuello asegurada a un collar con su nombre.

- Eres una maravillosa bestia, capaz de romper lo que sea con solo quererlo. Con solo acercarlo a tu hocico poderoso. Yo lo sé, porque lo he visto. Y aún con ello no me has hecho nada a mí. Te tengo atado, limitado a mi patio. Ya no te puedo sacar a pasear. Me matarías, estoy demasiado viejo. Te he regañado, golpeado y todo eso... y aún con ello estás aquí ¿Es porque te alimento? ¿Porque te cuido cuando estás enfermo? No lo sé, no tengo idea. Ni siquiera tengo idea si tienes idea de que lo que hago contigo es cuidarte ¿Lo tuyo es lealtad, cariño o solo comodidad? Lo único que sé es que... conoces tu lugar. El Universo funciona bien aquí. Aquí y solo aquí dentro de estos muros, entre estos fierros. Ya pienso demasiado, ¿no crees? Supongo que no importa... ya que sigues aquí. Además, ahí viene otro cliente.

Habían sido ya años de compañía, desde cachorro hasta adulto de ya pasada su primera década, y aún con ello, se mantenía joven y vivaz como desde el primer día en que pudo espantar al primer idiota en su intento de robo.

Llega una noche como cualquiera, cerrado el lugar con candado y cadenas, Canelo otra vez es libre para asegurar el terreno. Los niños corren afuera en la calle. Es un lugar apacible y la seguridad es proveída por el padre en turno, que se encuentra sentado en el pórtico de su casa, tomando un poco bajo la cálida oscuridad del verano.

Los niños corren y se persiguen entre si. Juegan juegos inventados en segundos, con reglas inventadas sobre la marcha. Hacen un círculo para armar una nueva ronda de juegos. Falta uno. Ladridos se escuchan al fondo y el padre de turno corre rápido hacia la calle al escuchar el grito en coro de los niños ante los bramidos. Es Canelo, y ha encontrado al niño restante.

De su casa, sale sobre exaltado, sabe que no eran los gritos de un ladrón a la fuga, de haber sido tal caso, hubiese dejado que Canelo hiciera su trabajo, para recompensarle después. Eran los dolores de un niño. Le atrapó por el collar y le alejó, mientras el niño caía al suelo con sus pantalones rotos ensangrentados y desgarrados, así como su voz.

Llegó la mañana, y Canelo se encontraba de nuevo arraigado a su poste. Lo único irregular era el bosal que le atrapaba el hocico impidiéndole el jadear. El niño se encontraba en el hospital, grave, muy grave, pero aparentemente estable. En el mejor de los casos, una cicatriz de por vida, pero quizás nada de que preocuparse más allá que de antibióticos y analgésicos. Canelo fue siempre un perro en regla y su cartilla ya había sido inspeccionada por las autoridades, las cuales se habían retirado para dejar de molestar. Ahora seguían los padres, que eran la razón por la cual la lengua de Canelo no se encontraba afuera. 

Desde la periferia de su árbol, les veía acercarse a la casa del viejo a tocar la puerta. Cruzar los charcos de aceite, a travesar entre partes de autos y autos completos, uno tras a otro a preguntar por él. Constantes en sus llegadas como en sus semblantes. No les abría, sabía a qué venían. Sabía sus intenciones. Ya se sabía el discurso.

Así la noche cayó. Cerrado el lugar con candado y cadenas, Canelo seguía confinado al árbol a través de su cadena, pero ya sin el bosal. El viejo sale de su casa una vez más, diferente. Lleva un arma larga en su mano.

- El Universo... el Universo solo parece funcionar aquí dentro, ¿verdad? Esas personas que viste pasar durante el día, esos humanos, burgueses -já! Rió un poco para sus adentros-... ellos no conocen su lugar. Nunca lo han conocido. Y tú si... porque yo también. Ahora quieren hacerte algo que siempre han querido hacerte a ti... y por lo tanto a mí. Ellos no parecen saber que hay un Universo aquí adentro. O quizás si lo sepan... y es solo cosa de envidia. Ellos no conocen su lugar, tú si.

Entonces le golpeó. Un golpe seco a la nariz. Canelo no responde, solo un leve lloriqueo sale de él. Es obvio que está confundido. Una lágrima sale del rostro del anciano.

- Eso lo sé, porque yo también lo sé.

Llega la mañana. Sigue el lugar cerrado con candado y cadenas. Eso se sabe porque una persona ha llegado puntual a tocar a la puerta. En su insistencia golpea la puerta y se entreabren las rejillas. Canelo seguía confinado al árbol a través de su cadena, y deja su posición de vigilia para voltear al escuchar el golpeteo.

El padre de familia le ve con atención y alerta. El odio, se ha transformado en miedo. Medio cuerpo del animal se encontraba ensangrentado y un arma a unos cuantos pasos, entre las manos dee un cuerpo inmóvil sobre un charco espeso rojo y plomoso.

24 mar 2014

La Caja Loca III

El otro día estaba en medio de una zona de la ciudad que no conozco en lo absoluto, la cual es famosa por ser problemática, peligrosa y sobre poblada.

Había llegado ahí por la curiosidad, la sobra de tiempo y la equivocada selección de ruta de transporte público.

Llevaba horas caminando, cargando mi equipo y tomando fotos. Tenía hambre, sed, algo de cansancio y poco dinero. Lo único que me detenía era mirar de cuando en cuando hacia los lados en las calles o, al sentir que me estaban persiguiendo, virar hacia otro camino al cual no fuesen mis posibles captores de la cuadra correspondiente.

Con muchos pensamientos en mi cabeza, nublados por las necesidades físicas, llegué a ese punto en el que todo parecía verse a través de vidrio tratado al ácido, con muchas cosas que sucediendo detrás de él, más sin embargo no poder distinguir tal o cual cosa.

Cuando abrí los ojos estaba en las puertas de una tienda departamental, de esas grandes que como heraldos, anuncian la llegada de fraccionamientos, tráfico y basura. Caminé por el pasillo inicial y vi el montón de tiendas extenderse a mi izquierda y luego a a mi derecha. No encontré nada que me interesara.

Luego miré hacia el fondo del pasillo hasta donde mi vista podía alcanzar. Había gente pintoresca en las mesas comiendo, así que imaginé que con lo poco que contaba podría alcanzar algo para comer y beber bien. Así pues, arranqué...

- Disculpe -... hasta que me detuve-. No puede entrar con eso. Tendrá que dejarla en paquetería.
Dijo la señorita detrás de un aparador de electrónicos.
- Pero realmente...
- Disculpe -interrumpió-. Pero no puedo dejarte pasar así.
- Uhm... está bien, ¿hacia donde se encuentra...-
Hizo un gesto con la mano, me dirigí hacia donde ella señaló.

- Vengo a dejarles esto... por favor.
- Busca un casillero.
- ¿Cómo?
- Si, busca uno vacío para tu mochila.
- No comprende, ¿se lo puedo dejar aquí nada más? Parece ser una buena persona.
-  Las instrucciones están ahí anotadas. Solo ve por uno.
- No tiene rostro de ladrón, podría confiar en alguien como usted.
- Están detrás de ti.
- Está bien, pero realmente confío en la gente trabajadora de este lugar. Sé que...
- ¡No soy un ladrón! Eso es lo que sé, ¡váyase!
- Le creo, es solo que...
- No soy ladrón, no soy ladrón, YA NO LO SOY...
- Eh... ?
- ¿Qué pasa aquí?

El que había llegado era su jefe. Se notaba por su chaleco de diferente color. Mientras el hombre caía en taquicardia, el jefe le tomaba de la mano y le repetía lo que él ya sabía. Que no era un ladrón. Al menos ya no más. Al quitarle su camisa para reanimarlo, su gafete cayó al suelo. "Programa de reactivación social" se leía en letras grandes sobre la foto del hombre del que ahora apenas y respiraba doblado en el suelo... 

... y que me fui hecho la verga.

***
Ambigú

No me había dado cuenta sino hasta que ya estaba arriba del camión.

Uno de los equipos locales jugaba en su estadio esa misma tarde y casi todos los asientos estaban ocupados por gente que vestía la playera correspondiente.

Pagué mi viaje, y volteé con la multitud de parados y sentados por igual.
- Arriba Rayados!- Dije mientras levanté la mano triunfantemente.

La respuesta general fueron miradas de extrañeza.
- ... o no.- Bajé la mano.


Fin del ambigú
***

Un fin de semana, para ayudar a un amigo, me fui al estadio de la mejor afición de México para la venta, promoción y difusión de un rollo para ayudar a estudiantes con sus becas.

- ¿Contra quiénes juegan?
- Cruz azul.

Llegué muy apenas a la hora acordada y de no ser por haber revisado el celular justo al llegar, no habría llegado al lugar en el que se supone se me requería.

Vestidos con una playera alusiva al movimiento, la mujer que las repartió dijo:
- Lo que harán será repartir estos flyers con todas las personas que puedan, pedirán una cooperación y, sin importar el monto dado, les entregarán una pulsera de estas.

Todos dentro de la sala acordaron y nos repartimos alrededor de las puertas del estadio, donde las risas no pararon con revendedores de boletos, vendedores de comidas y fauna tanto local como de importación.

- Chilangos... ríos de chilangos.
- Lo sé.- Respondió mi amigo con desesperanza.

Llevábamos una hora entregando pulseritas y recabando dinero. Y los patrones se empezaban a notar. Los mas amables, daban dinero y aceptaban la pulsera con una sonrisa al escuchar la causa. Otros apenas y aceptaban el volante y, al ver que sobre donación, lo regresaban.
- No tiene porqué regresarlo, es para que se de cuenta de la iniciativa del club Tigres.- Con paciente voz decía mi amigo a las personas.

Con el tiempo, y el fastidio, frases comenzaron a salir.
- Si tiene para la cheve, tiene para cooperar.
- Cruz azul puede ayudar a Tigres, ¡al menos a sus estudiantes! Coopere amigo.
- Dónalo, no bébelo.

- Hey amigo, usted también puede ayudar para las becas estudiantiles.
- No'mbre chamo. No tengo feria.
- Uhm... pero si estos chavos se van a quedar sin estudiar.
- Si, ps' pos' orita' no traigo feria mano.
- ¡Van a dejar de estudiar, se van a hacer narcos y los van a matar a todos!
- Ah, ¿tan feo está el pedo?
- Para que vea...
- ¿Seguro?

No me había dado cuenta por la multitud de gente sino hasta que voltearon todos al mismo tiempo, pero el sujeto estaba acompañado. Muy bien acompañado. Eran un cerro de personas. De esas feas mal encaradas que al verlas sabes que son de poca educación.
- ¿Si está gacho el asunto?- Dijo uno de entre ellos, ocultando la cruz roja de su playera al cruzar sus brazos sobre su pecho...

... y que me fui hecho la verga.

***

¡Abra más cajas locas!

3 mar 2014

Si, de nuevo.

Han sido meses largos, de cambios.

No sé como iniciar esto, no sabía en qué medio hacerlo, si en vídeo, escrito, etcétera. En si hacerlo público, hacerlo en privado, o si iba hacerlo en lo absoluto por alguna cuestión u otra, pero creo que lo haré.

Los últimos meses me he estado saboteando a mí mismo.

Apenas y como.
Apenas y duermo.
Apenas y hago las cosas que me gustan o si las hago por alguna razón u otra las dejo incompletas.
He bebido mucho.
He caminado a propósito por lugares peligrosos en horas innecesarias.

He tratado de hacer cosas nuevas para olvidar las cosas y he tratado de cambiar las cosas que me han llevado a esto. Grupos de jóvenes de iglesias, yoga, eventos universitarios, fiestas, paseos.

Las cosas pueden cambiar, pero la persona seguirá ahí. El pecado, las manchas de tinta han sido tan espesas que no solo han manchado las hojas en las que se ha estado escribiendo, sino también, han penetrado más allá en lo profundo del libro.

Aún pienso en el punto decisivo que me llevó a todo esto. Y si en realidad ese fue el punto decisivo en todo esto.

No voy a suicidarme. Sería muy egoísta de mi parte. Pienso en lo que le ha dolido a la familia sucesos anteriores y en la confianza que tienen en mí.

Más sin en cambio, solo dejaré que la naturaleza haga lo que en respuesta natural debe de hacer. Erosionar todo a su paso. Erosionar todo lo que no esté protegido contra los embates del tiempo.

El dolor de mi pecho ya ha sido más constante últimamente. La masa extraña en mi pecho derecho ha comenzado ya ha dar problemas y mis cicatrices se hacen presentes ya más a menudo y de cuando en cuando al caminar.

He usado personas, he mentido, he negado, he traicionado y me he traicionado a mi mismo. Me he menospreciado y atacado y ahora mismo, mientras escribo, esto me siento hipócrita.

Porque parece un grito de auxilio... y no lo es.
Porque parece un llamado por ayuda... y sería una falacia.
Porque parece que quiero que alguien me enseñe mis errores... y eso es mentira.
Porque luce como si realmente estuviera sufriendo... y no es verdad.

Soy muy débil.
Ya no aprenderé.
Ya es demasiado tarde.
Lo es para mí. Para todo.

No es que ya no quiera vivir, es solo que ya no me importa si sigo viviendo.
Y entre aquí y que me encuentre con mi destino... seguiré haciendo lo mío.

Saludos.

22 feb 2014

The Joy of Sect

Invito a hacerse un Dios para sí mismos.

Que cada uno sea su Dios propio.

Que no haya Dios verdadero más que sí mismo y no haya ídolos de por medio, pero que exista el respeto y tolerancia hacia otros Dioses y credos porque, aunque sean falsos, debe haber tolerancia de creencias.

Propongo que se programen sus días de fiesta, que se instauren los sacrificios debidos y los ayunos necesarios. Que cada uno tenga su música ceremonial y su forma de rito, y que libro sagrado y de leyes sean escogidos.

Recomiendo que crees tu propio templo, tu lugar en el mundo en el que solo exista espacio para ti, el lugar en el cual no se permita otra ideología y que reine el rey por decreto divino.

Sugiero también que sus creencias evolucionen así como evolucionan los tiempos. Que lo que no haya servido en los primeros días cambie para mejorar y adaptarse a las circunstancias, porque lo que no se adapta perece y se corre el riesgo de cambiar a otros Dioses.

Deseo que se encomienden a su divinidad. Que entreguen su vida a él y que no se pierdan en el camino. Que lo amen y lo adoren, que sigan con él para el resto de sus vidas.

Les amo a todos, pero no les adoro.
Un saludo.

16 ene 2014

Fear and Loathing in Monterrey

No he podido dormir bien en meses.

Mi cama solo ha sido el depositario de posiciones, bostezos y falta de sueños.

Voy a la farmacia y recorro los pasillos asepticos llenos de productos con cajas de cientos de colores, "una galaxia multicolor de estimulantes, calmantes y alucinógenos". Pero mi problema no lo puede resolver una simple pastilla, algún producto para hacer mi cabello más estético, mezclas para hacerme más musculoso, para ser más delgado, durar más, engordar menos, reducir imperfecciones, desaparecer cicatrices.

Mi problema está allá afuera.

Mi problema está en cadena nacional, día tras día, hora tras hora.

Mi problema camina enfundado en pantalones enormes y cabezas vacías.

Mi problema maneja máquinas de gran peso en estados inconvenientes.

Mi problema es orgulloso y no admite errores.

Mi problema está sentado moviendo la boca para simular hacer algo.

Mi problema alza la voz solo por gloria propia.

Mi problema no desea salir de ese estado de confort.

Mi problema intercambia risas fáciles por la intimidad y auto conocimiento.

Mi problema está en alto parlantes con furia y auto indulgencia.

Mi problema tiene miedo al vacío y le grita a la pared.

Mi problema celebra la sangre derramada.

Mi problema es mi problema, pero también debería ser el de todos.