2 oct 2018

Cogn-Osis

Hoy me rasuré como si te fuera a ver,
así como lo hice ayer, antier.
Así como lo hice antier con su ayer,
su día previo y su anterior anterior.

Hoy me perfumé como si fueras a olerme,
como si fueras a abrazarme fuerte.
Así como lo hice para el feria,
la salida al restaurante y luego al cinema.

Hoy me vestí elegante como si fuera una gala,
como cuando decías qué camisa te gustaba.
Así como cuando escogías mi corbata
y con cual saco combinaba.

Hoy me rasuré como si te fuera a ver,
así como lo hice ayer, antier,
hoy ya ni siquiera hay piel.


3 sept 2018

Tempestad

Mares de palabras contenidos por costas rocosas,
desfiladeros orgullosos engullidos de espuma rabiosa,
movidos por vientos de ansiedad, mareas de angustia.

El huracán no se acaba para el marinero que ha tocado tierra
sus pies tocan firmeza pero aún el peligro acecha.

Hasta la barca más fuerte ante la más poderosa tormenta
necesita de la protección de un muelle
y en algo tan simple como un nudo y una cuerda.

El oleaje golpea y el marinero escupe sangre sabor salmuera,
sus dedos fríos ya no son sentir y solo función,
él necesita de la barca, la barca de la cuerda.

Un cruce y un revés, estirar y cuidando el pulgar,
y el faro es solo una luciérnaga en la tiniebla.

Solo queda mirar desde la colina y ver las olas quebrar,
el barco asegurado, la cuerda de cáñamo y el muelle centenario,
recordar que ninguna tempestad es eterna ante un nudo de esperar.


23 may 2018

Día del maestro II


Pensé en estas palabras mientras me sentía aislado en una junta de academia. Era el fin de la primera mitad del semestre y me encontraba solo en compañía de señoras y una chica de mi edad, la cual resaltaba, no por joven sino por vegetariana, al verle rechazar de forma selectiva parte de la comida desplegada en toda la mesa. –Esta chica es de buena pinta, pero seguro está loca- pensaba, mientras buscaba con la mirada su reciprocidad, y quizás con suerte, entablar una conversación y al menos no resaltar más. Terminar hablando con una anciana no era una opción. Llené mis formatos, por primera vez diciendo la verdad, y saqué mi celular. Al no tener señal volví a mi plan B, que era abrir el archivo de texto de algún libro al azar y comenzar a leer. Seguro piensan que estoy en Facebook o WhatsApp pero no me importaba ni mucho menos. Solo quería mantenerme ocupado y distante mientras la cosa iniciaba. De igual modo, ¿no opinan que es raro ver más natural a un hombre leer en su celular un libro que verlo repasando una y otra vez el muro de su cuenta de Facebook? Justamente ahora mismo estoy escribiendo estas palabras por medio de mi celular. Cuando entré a trabajar sabía que había algo raro en mí que no encontraría en los demás. Me sentí especial sin tener nada de crédito, evidencia alguna y solo por la virtud del ser. Algo instintivo. Tan primigenio como la necesidad de una cucaracha de huir ante el baile de luz de una bodega en llamas. Solo sabía que algo estaba mal. Y sin embargo y a la distancia, ya este era mi segundo año dando clases. Entonces llegó un calvo cuyas facciones de su rostro orbitaban en torno a su enorme nariz y la junta inició. Era el maestro Lorenzo y, aun con él dentro, seguía siendo el único hombre dentro de esa oficina.

Era la mañana de festejo del día del maestro y recordaba, aunque sea un poco que la hora de entrada eran las 8 am. Craso error. No había nadie. O nadie de importancia realmente y de igual modo, ¿quién si lo era? Pregunté el día anterior que beneficio tendría al ir. Habría una rifa. Maldita sea, y yo con la pobreza y mis malditas ganas de tener un televisor para mi consola. Llegué a las 8 con 20 minutos y para mi sorpresa había espacios de estacionamiento. Maldita sea. Había llegado temprano. -Bueno, al menos será fácil el estacionarme- pensé, pero ni eso era sencillo. Un enano miope me replicó, le ignore todo lo que pude al dar reversa pero acechó hasta mi ventana y con un par de toques me señaló otro cajón -Este puesto es para camionetas, carros grandes, vaya allá- dijo. Malnacidos, todavía que contaminan más, y sus dueños se creen los amos del camino tendrán el espacio de aparcar que yo gané llegando temprano. Eché reversa de nuevo y también maldecí la buena, o muy católica, educación que mis padres me dieron y tome el otro espacio. Bajé del carro y entré al salón. Luz tenue y gente, como gotas de lluvia venidera, desperdigadas al azar y de forma aislada. Podía escoger donde yo quisiera pero incluso eso estaba limitado. Algunas mesas resaltaban con un letrero de reservado. ¿Para quienes? Ni idea, y del modo que sea, tampoco era como si los maestros no formaran sus círculos cerrados de amigos vapidos de pláticas mundanas. Era la secundaria de nuevo. Seguro los reservados tendrían camionetas enormes.

Maestro-escuché que me llamaban-, ¿puede escoger el lugar que desee? O quizás ya esté alguien con quien desee estar, ¿alguien de entre su círculo de amigos?-. Esa pregunta me mató. Había sido tomado por sorpresa pero dije un nombre al azar de alguien que no vi y me zafé de ello. Tomé un asiento en una mesa sola y pedí un café el cual fue servido amablemente. Posteriormente una señora, con clara irritación de servir a alguien visiblemente menor que ella, pidió moviera mi tasa de lugar para servirme un plato de frutas en rodajas, a lo cual lo único que pude responder fue un silencioso “Gracias”. Maldita educación. Quería ser una paria. Un ermitaño. Un aislado y un malnacido. Responder un “buenos días” con un “¡qué tienen de buenos!” pero mi supuesta civilidad impuesta me impedía. Un sujeto muy amable y siempre de buen humor, dirían; distante y raro pero amable, dirían, mientras tanto yo deseaba alejarlos más que nada en el mundo.

Prepare mi café y esperé que se enfriase. Di unos sorbos y con cada uno la gente fue brotando de la puerta del salón de fiestas. Mesas se llenaron, gente se encontró con su gente. Y yo me mantenía solo. Realmente era la secundaria otra vez, pero esta vez, era maestro. Miré a todos lados mientras daba un trago al café y confirmé mi estado. Entonces, una persona que, en vez de individuo, parecía ser solo “el esposo de alguien” llegó y observó la mesa – ¿Está ocupado ‘mano?-, negué con la cabeza y señalé con un gesto las sillas vacías. El sujeto era bien parecido y de fuerte construcción, se notaba de sonrisa fácil, y por lo tanto, un idiota. Al sentarse y ser servido su plato de fruta, comenzó a comer mientras mantenía los brazos abiertos como alas ocupando todo el espacio posible. Incluso de un gordo lo hubiese esperado, ese egoísmo del espacio que viene con el ocupar tales volúmenes. Un gordo es un gordo, pero se necesita de un tipo especial de idiota para ocupar la mayor cantidad de espacio siendo de cuerpo delgado. Entre cada trozo de fruta escribía en su celular y volteaba cual perro de cochera esperando sus dueños. Perra suerte y maldita sea. Llegó su gente y la mitad de la mesa se llenó. El espacio era ahora la menor de mis molestias. Empezó a hablar de lo que muy seguramente fue su fin de semana y si no era obvia la cosa, a estas alturas era un cliché. -Nombe’, como iban subiendo las cajas de cheve a la troca…-, gracias a Dios su voz se desvaneció con algo más. Era música en vivo interpretada por alumnos, todos uniformados y cabizbajos, tal como si fuesen nuestros súbditos tocando para la corte del rey. Al menos tenía algo en qué concentrarme ahora. Se escuchaba bien, pero el niño del violín estaba notablemente desafinado y fuera de tiempo. A él le llegaron un duo de cuerdas, llenos de energía, pasión en sus gestos pero que impresionaban poco. Con algo de suerte y dedicación podían llegar a ser algo. Entonces llegó otro grupo de personas, esta vez, jóvenes de entre 18 a 25 años. El que parecía ser su líder preguntó – ¿Están libres?- le miré- Si, adelante.-. Tomaron asiento en la mitad libre de la mesa y continuaron con la plática que seguro tenían desde antes de llegar al salón. Les vi con recelo y nos sirvieron lo que era el platillo fuerte del desayuno. Agradecí por la comida al mesero amable y seguí con los oídos la plática, dentro de su parloteo alcancé a escuchar Tolousse, la ciudad francesa. Y efectivamente, uno de entre ellos, el líder de la conversación había ido a Francia de intercambio. Hablaba sobre la italiana que conoció, de lo cual hermosa era y como tenía a todos los chicos de los departamentos a merced de sus encantos, de la misma manera que sus compañeros hipnotizados le escuchaban. Le miré con mayor atención. Había viajado a través del océano, vivido dos años de aquél lado, seguro visitado medio Europa, y aún y con ello no había nada de especial en él. Era una lástima.

No había más opción en esa mesa más que observar a los niños tocar en la banda, llenos de buenas intenciones pero poco talento o dedicación.

18 mar 2018

Recuerdo de una noche de verano

Crecí en una pequeña ciudad a las lejanías del área metropolitana, así que tuve la oportunidad de vivir mi niñez rodeado de naturaleza muy cerca a casa.

Así como amaba la televisión y mis programas animados, me gustaba salir con mi hermano mayor, nuestro mejor amigo; recorrer los riachuelos de la colonia hasta los matorrales, arbustos y mezquites. Tirar piedras al agua, capturar insectos y deambular en general por ahí y por allá.  Jugar al escondite era especialmente sencillo cuando había árboles y arboles en casa tras casa de los vecinos y sus alrededores. Realmente no tengo ningún recuerdo del día a día de mi niñez, solo la idea general. Un resumen de lo que se supone que pasó. Lo único claro que tengo realmente son los sentimientos y cosas en extremo específicas. Un día de verano, tocándonos el anochecer mientras perdíamos el tiempo en la calle, cayeron del cielo cientos de miles de pequeños bichos negros. Hay dos cosas maravillosas que hace la inocencia en los niños ante algo novedoso para ellos, ya sea esto cosa común o algo realmente increíble. La primera es emocionarse por ese algo nuevo, maravilloso, algo digno de compartir con todo el mundo y gritar y estirar de sus ropas a su padre diciendo -Mira mamá, ¿qué no has visto eso? ¿no es genial?-, mientras que la otra opción es aceptar toda información nueva, absorberla como cotidiana por más mágica e improbable que sea rescribiendo así su concepto de la realidad. Para mis amigos y yo, la realidad de ese instante era que las luces de la calle comenzaban a encenderse empero la oscuridad de la noche continuaba su camino conforme palidecían ante la caída constante de insectos minúsculos, oscuros y en forma de escarabajo. Leves golpeteos, secos y rítmicos, nos rodearon e inundaron la calle conforme los animalitos chocaban con el techo de los autos. Tomamos algunas muestras de ellos entre nuestros dedos y confirmamos que efectivamente, eran escarabajos.

Deliberamos sobre las plagas de Egipto y bromeamos sobre el fin del mundo por el momento. Nos reíamos del Apocalipsis sin saber siquiera sus consecuencias. En retrospectiva, si la vida sobre la tierra hubiera acabado en ese instante, no me hubiese molestado en lo más mínimo. De igual manera y como ya se habrán dado cuenta, el Universo no colapsó, creo, aquella noche de verano. Sin embargo, nuestra apreciación de aquél espectáculo tuvo que esperar abruptamente debido a que uno de entre nosotros sintió un repentino malestar. Su piel había sido rociada en el cuello, bajo la nuca, y ahora se quejaba de un ardor que describía como insoportable. Era Fred, rascándose de dolor y corriendo a la cochera más próxima de un vecino por refugio ante la seca lluvia. Se hincó y abrió la llave de agua, se posó bajo el chorro y comenzó a tallarse su picadura, pero el dolor no cesaba. Todos  corrimos con Fred y huimos también. Todos en mi grupo de amigos queríamos a Fred, pues era gracioso, pero más allá; y personalmente pensaba, que todo grupo de amigos necesitaba de un Fred, en quien veía una función utilitaria. Una persona en la cual, forzosamente, toda fuente de daño en cualquier nueva aventura iba a recaer, una mala racha de nacimiento la cual alertaría del peligro a todo aquél con quien conviviese durante su vida. Claro que era consciente y aún de niño, que mi idea no era original, solo estaba aplicando los patrones conservados de las personalidades de los grupos de chicos de las caricaturas que veía, pero a pesar de ello me sentía orgulloso de haber pillado la referencia. Más tarde en la vida, cabe mencionar, Fred no pasaría el examen del ingreso al Instituto y se quedaría en una escuela muy lejana a la de nosotros, desapareciendo por el resto de nuestras vidas. Y ahí estaba yo, orgulloso de tener un grupo de amigos, un buen grupo de amigos. Orgulloso de no ser nuestro Fred, un raro orgullo acompañado de empatía, mientras lo veía retorciéndose del malestar en su cuello. Nos acercamos a él y vimos el enrojecido de su piel.

- ¡Vámonos!- gritamos, en medio de la calle y llegamos a casa de nuestro amigo. Su madre lavó su herida con alcohol y le puso una venda con ungüento, el cual eliminó la sensación del dolor. La lluvia cesó y Fred no volvió a salir en el resto de la noche.

31 dic 2017

Aprender a ver

Te enseñé mis carencias, mis debilidades,
lo peor de mí para alejarte.

Quisiera me prestaras tus ojos,
que los míos ya están gastados de tanto llorar.

Quisiera poder sentir lo que tu ve mirada
describir lo que tu mente siente
porque el espejo no me dice nada.

No veo futuro, no pasado y los presentes son borrosos.
Eterna incertidumbre que no parece parar.

Quisiera poder tener por un día tu vista prestada
para poder saber que hay en tu mente
y dar de la mía una vergonzosa escapada.

Porque te enseñé mis carencias, y las obviaste; mis debilidades,
aceptaste. A pesar de ello decidiste quedarte.

... Gracias

20 sept 2017

Marcus J.K. "Desentendido y Desatendido" en vivo, desde El Botanero de Tartán

Hola, hola.

Gracias. Gracias. Es un gusto estar aquí. Bendito Dios que estoy aquí. Gracias a Dios... que estamos aquí. Han sido tiempos difíciles, lo sé. Con todo este caos, en el país, en el mundo. Hombre. Son tiempos difíciles. Pero gracias por estar aquí. Por darte un tiempo para reír.

Porque la vida es corta. Y ustedes y yo lo sabemos. En cualquier momento podríamos morir. Una bomba nuclear. Desastre natural. Quién sabe. Tal vez mientras hablamos el primer sismo de alto nivel  en la historia inicia en un área registrada categóricamente como de nula actividad sísmica. 

Quién sabe. Quizás podría ser hoy el día que morirás. Pero quizás y si nos toma de sorpresa en esta hora, solo quizás, morirás con una sonrisa. Iremos... memeando nuestro camino hasta el olvido. Y suena oscuro, ¿no? Poniéndolo en ese contexto. Pero la verdad es que estamos tan acostumbrados a vivir al riesgo de la muerte. Todos los días. A cada momento. Cuantas personas no vemos a diario manejando y con el celular en mano. Poniendo en riesgo... Dios sabe cuantas vidas en el proceso.

- Jeje, notificación OH DIOS MÍO, DÍOS.
SHHHIUMM, CRUSH GRRR. Crash...
Y en el otro extremo.
- Hey, mira, Chuy me comentó en la foto... qué interesante.


Pero hombre, es difícil. Cada día es difícil. Sobre todo para nosotros cuya fe es... por no decir, nula, pero ciertamente la tenemos cuestionada, en tela de juicio. Porque para los hombres de fe es sencillo. Hay un inicio, e inevitablemente habrá un final. Ellos ya lo tienen contemplado. Está en su plan de vida. Los tiempos finales ya vienen. Ok, entonces, mátate... es decir, ¿por qué no? No te veo matándote. Acelerando el proceso del plan perfecto... de tu creador todopoderoso vio desde un inicio. Bueno, a algunos islamistas, si, pero ustedes entienden el punto.

Tienes el control completo de tu destino, de tu vida. De cada aspecto de tu existencia, qué haces, qué no haces, y, hasta cierto punto, dónde y cuándo cagar, ¿por qué entonces es tabú... la idea de que podamos tener el control sobre la manera en cómo queremos morir siempre y cuando no afecte a los demás? Prefiero salir con dignidad. Yo no elegí como entré a este lugar. A mí solo me empujaron a escena.
- Eh, we, tú sigues.
- ¿Quién? ¡¿YO?! Viste como está afuera.... AFUERA ESTÁ ENLOQUECIENDO. 
Si no pude controlar el hecho de que entré al escenario en las peores condiciones. El asiento trasero de un taxi, el patio de mi abuela... el IMSS. Y eso es solo hablando del momento en que naces, ya ni hablemos entonces del lugar. Algunos bebés, nacen... en algún lugar fantástico de primer mundo, en lo que llaman las cunas de oro... mientras tanto otros niños solo nacen y es como:
- Hey, ¿qué onda... ? ¿Qué? ¿Qué no hay comida? Oh, bueno.
Y está hecho. Muertos.  Supongo que lo intentaré luego... después.
¿Por qué no me permiten al menos salirme bajo mis propios términos?

Creo que por eso es tan atractiva la idea de la reencarnación. Es como entrar en una rifa por el solo hecho de existir. Con solo ser ya eres parte de la tómbola de la vida. Hoy una mariposa... mañana un imponente tigre de Bengala. Pasado un refugiado nadando el mediterráneo... tratando de escapar de esos países infernales. La reencarnación es como la rifa entre empleados... en Navidad, si no tienes un empleo de mierda, claro. De esas rifas en las que al menos todos... los que no sacaron una pantalla plana, al menos se fueron con su caja de 3 Ferreros-Rosher con moño.
- Feliz Navidad... ahora ve y saca esas copias, puta.
- Osh, pero el siguiente año... me sacaré la pantalla plana. 
Creo que por eso es tan atractiva la idea de la reencarnación.

Saben. Y todo eso es difícil. Es porque es difícil decir adiós, es realmente difícil. El hombre solo está diseñado para obtener cosas nuevas. Eso es lo que empuja a todo ser vivo, a obtener más. Para el hombre de las cavernas era una imposibilidad perder las cosas. Vivía muy poco.
- Uhm. Carne. Rico.
- Quiero. Dame.
- No.
PUM. Muerto.
En promedio seguro vivíamos menos que las cosas que se supone que atesorábamos. El árbol que nos daba sus frutos, nuestro propio ganado, el pasto del cual obtenemos su grano. No podemos, estamos imposibilitados por diseño... a no poder dejar las cosas ir. Hoy en día edificios se crean y se destruyen, y eso sucede durante nuestro propio ciclo de vida y no podemos dejar de ser unos maricones al respecto.
- Mira, esa es la escuela en la que yo estaba. El salón del segundo año, el grupo "C". Y, y, y, ya no está.
A NADIE PUTAS LE IMPORTA.
Nadie... en la perra vida... le importa donde cursaste un bimestre de tu secundaria, en aquél ejido perdido en la nada. Pero es normal. Es común. Todos lo vivimos. Es difícil dejar las cosas ir. Yo no puedo salir de mi casa sin mirar en el retrovisor el semblante bizco y perdido de mi perro a la distancia... sin soltar una lágrima.
- Pronto. Pronto mi bebé. Papá regresará. Solo se fuerte.

Por eso siempre queremos dejar esa responsabilidad a alguien más. Somos débiles.
- Primeramente Dios.
- Si Dios nos presta licencia.
- Esperar qué dice el médico.
- A ver que dice el juez.
Hace ya mucho tiempo, yo si tuve la suerte, además de tener el playset completo, padre, madre y hermanos, tenía mis abuelos, el juego íntegro. Maternos, paternos. Pero tenía un bonus, algo extra que nadie más parecía tener en todo el rancho. Tenía al menos 2 de mis bisabuelas. Y los niños del patio de la escuela:
- ¿Qué hiciste en el verano?
- Vi a mi bisabuela en el rancho.
- ¿Qué es una bisabuela?
- Es lo que aún tienes cuando los abuelos de tus papás no fumaban Raleigh quitándole el filtro.
Y los niños:
- Wow.
Maravillados. Una cosa de otro mundo.
- Si, me enseñó a matar pollos. Al parecer los agarras como matracas desde el cuello, les das vuelta, los sueltas y eventualmente se agotan hasta que mueren.
Pero volviendo. Al despedirme de mi bisabuela, ella siempre decía. Se terminaba el verano y teníamos que regresar a casa:
- Bueno, adiós abuela, te quiero.
- También te quiero. 
- Si, nos vemos.
- Primeramente Dios.
¿Cómo qué primeramente Dios? Abuela, cállate, ¿cómo Dios no va a querer? ¿Es decir que Dios por mero capricho y basado en ninguna especie de reacción pecado-consecuencia puede arrebatarte de nuestras vidas? Dios va a querer. Debe querer. Como Dios, todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, dador y tomador de vida, señor, oh, todo misericordioso... va a querer quitarme... a mi abuela, ¿qué hay qué ganar? Solo tenía 8 años, no hay nada que demostrar, Dios. Solo sigue apareciendo regalos debajo del árbol cada Navidad y yo seré un buen chico y me confesaré. Es más... me masturbaré menos. Porque también hay que mantenernos honestos, después de todo es Dios, todo lo ve.. Lo único que tenías que hacer era enseñarme un fantasma o hacer que viera una luz en la noche y de la nada. No quitarme a una abuela solo porque si.

Primeramente Dios. Así es como nos enseña la vida, por medio de nuestros padres de manera muy sutil a que no estamos en control de nada sobre nuestras vidas. Donde nacemos. Qué clima hará. Qué clase de gente nos rodeará el día de hoy. Tendrán desodorante. No tendrán desodorante. Pedirán dinero en el crucero o solo una cooperación para la casa hogar de niños huérfanos.

La vida está tan más allá de nuestro control que tuvimos que comenzar a inventar cosas.. para darnos importancia dentro del gran esquema de la existencia. Aparecimos y lo primero que pasó fue:
- Eh, ¿qué es eso?
- Ah, es... eso es el sol.
- Oye, ¿sale siempre?
- Si, lo llamamos... día. Claro. Cada día.
- Pero, ¿y si no está?
- Bueno, es que es... cuando es... pues de noche.
- No, pero... a veces, como que debería estar... pero a veces como que no. Y como que me confundo un poco.
- Ah, eso es un eclipse. Si.

Como niños tratando de impresionar a la primera chica que nos habla y que no es para pedirnos una tarea. Solo inventando cosas... conforme nos las encontrábamos. Designándolas. Clasificando, agrupando y acomodando por características comunes, compartidas o que les diferencian, de pronto todo el mundo natural estaba organizado. Y, como ese riguroso sistema de esquematización del mundo natural no existía porque no tenía porqué existir, le tuvimos que sacar un nombre de la nada y a eso le llamamos ciencias. A la naturaleza no le interesa si le llamamos res a la res. Lo único que le interesa es que cumpla su función. Que lleve a cabo su ciclo. Para nosotros una hamburguesa aunque te digan que es de res, y sea de burra, te sabrá a res. Porque así estamos de enajenados con los nombres, tan ensimismados en que todo lo tenemos resuelto, descifrado.

Volviendo al ejemplo de los días. Los días no son nada. Un "día" no tiene significado más allá de "Oh, puta... otro día que llegaré tarde al trabajo". Un día para el Universo no es nada. Lo que es más, la métrica "día" es tan inútil que solo es aplicable para aquí, en la Tierra. Un "día" para el planeta Mercurio dura 58 veces más que lo que conocemos como un "día terrestre". Un "día" para Saturno es la mitad. 0.4 veces un "día" en el planeta Tierra. En consecuencia el tiempo no es nada. Horas, años, segundos, lustros, siglos. No significa nada. El tiempo es solo una forma de medir el lapso entre el "mira lo que acabo de comprar" hacia el inevitable "perra madre, ya no los hacen como antes".

Así es como son las cosas. Entonces, ¿en qué estábamos? El tiempo no es nada. La muerte no la controlamos y como consecuencia menos la vida.

Finalmente quedamos nosotros. El yo. El gran misterio. El hombre.

Esencialmente, al final del día, sea lo que eso sea, los humanos somos seres aburridos. Los humanos somos tan aburridos que tuvimos que inventar cosas... para hacer la vida más complicada. Millones de años, llevan caimanes, cocodrilos y tiburones sin esencialmente ningún cambio estructural. No los veo compadeciéndose de sus víctimas. O preguntándose si se ven bien el día de hoy ¿Qué son esos? ¿Sentimientos? ¿Para que...? Porque... a veces siento bonito, a veces feo. ¿Qué? Solo come y coge! La naturaleza te dice:
- ¡¿Vida?! Pero si no es tan difícil. Te di pene, a ti te di vagina, solo tállense entre ustedes esas cosas como si no hubiera un mañana hasta que salgan niños de la nada, coman y ya... es todo. Es ASÍ de simple. Así es como funciona... la vida, nos grita la naturaleza.

Solo una cosa... solo... solo traten que cuando salga el güerco... no sean infelices... que no les salga en un taxi. Es lo mínimo que les pido.

Gracias público, ¡nos vemos! Son maravillosos...

***

9 sept 2017

Poema a la Oficina de Correos

Espero ya que se mande.
Escribí una carta, espero no tarde
en el servicio que la reparte
a toda persona que se lo pide.

El cartero aunque se empape,
Aunque se pierda,
aunque se cansa,
busca a aquél quien se le envíe.

Su deber está en su alma,
la lleva en su uniforme,
escrita en se mente,
como también en su emblema.

Hoy mando una carta.
Una queja a quien corresponda,
una voz se mantiene sorda
hasta que el cartero termina ronda.

En la ciudad que me da licencia
en carta va mi expreso deseo
que este su servicio de correo
deje de perder toda correspondencia.