10 sept 2020

Reverencia a la noche

Escribí esto hace un año. Iba a publicarse en el periódico como parte de un compilado de cartas escritas por personas asistiendo a terapia, "sobrevivientes" de intentos de suicidio como parte de su especial editorial por El Día Internacional de Prevención del Suicidio. De la carta enviada solo fue publicada una frase a la hora de su impresión. Aquí pongo el texto original, editado ligeramente para reflejar las intenciones buscadas.

***

Actualmente tengo 27 años, pero cuando ocurrió el incidente que llevó a preocuparme tenía 26 años recién cumplidos. Soy maestro actualmente, así como para el tiempo en el que ocurrió aquél incidente. Siempre me ha gustado ayudar a todo el que lo necesitase, la puerta de mi oficina en la escuela siempre está abierta para quien lo pidiera así como mi tiempo en pasillos y en clase. Sin buscarlo me hice, quiero pensar, de la confianza de mis alumnos.

La realidad es que la idea del suicidio, de cometer un acto suicida de alguna manera siempre estuvo ahí. No podría decir con claridad cuando inició o qué lo desencadenó. Es como si fuese una idea con lo que hubiera nacido. Nunca fue algo ajeno a mi, simplemente se sentía como una puerta que se podía abrir en el caso en que todas las demás pareciera que se cerraran.

El momento en cuestión vino una noche, manejando solo de regreso a casa. Para ese tiempo vivía con un amigo y era el inicio de mi segundo año fuera de casa. Tenía novia y mi familia se mantenía en contacto conmigo de forma intermitente por mensajes de texto pero aún y con ello podía sentir algunas grietas abriéndose a mi alrededor. Algo de falta de apoyo por parte de mi pareja, mis padres ni siquiera sabían dónde vivía y parecía que no les importaba siempre y cuando contestase sus mensajes. Mi amigo estaba ahí apoyando pero siempre fue algo severo en actitud, como un padre postizo y no del todo orgulloso, y eso a veces no ayudaba a como me sentía. No los culpo, quizás simplemente no sabían cómo me sentía, pero yo sé muy bien también que no se los dije. Era eso... o que algo me detenía. Fue un tiempo, meses, en que no comía ni dormía bien. De igual manera; esa noche, iba manejando del trabajo camino a casa, tenía muchos pensamientos dentro de mi mente.

Era el recorrido habitual, sorteando un canal de agua artificial, el cual serpenteaba los alrededores de la colonia. Fue entonces que miré de reojo el precipicio desacelerando y aproximándome hacia una luz roja y sin nadie a mí alrededor. Miré de reojo de nuevo. Era noche y el agua solo era un flujo negro en medio del entonces seco, lecho de cemento. Miré de reojo de nuevo, mis brazos se entumecieron súbitamente. Fue como una descarga eléctrica directa para ambos brazos, los cuales se entumecieron al instante. Un botón de emergencia, un instinto primigenio. Había sobrevivido. Rompí en llanto. Una parte de mi quiso que mis brazos girasen de golpe el volante al mismo tiempo que otra fuerza, contraria pero de apenas y mayor nivel, la había detenido... y mis brazos pagaron el precio. Mis músculos se sentían pesados, como si hubiesen sido golpeados continuamente, golpe tras golpe. El volante, como el mundo mismo, se sentía pesado. El semáforo viró a verde. Con los brazos insensibles llegué a casa como pude.

En el poco trayecto que me quedó hacia casa pensé en mis abuelos. Ellos eran mi meta. No me iba a ir hasta que ellos se fueran, pensaba. Haber hecho eso hubiese sido fallarles, racionalizaba. De alguna u otra manera les estaba quedando poco, también imaginé de mórbidamente. Recientemente habíamos recibido noticias de que mi abuelo paterno tenía episodios, ataques, que mi abuelo materno había estado comenzado de nuevo a tener problemas en el corazón y su esposa, gastrointestinales. Pensé en mis padres. Dejar a mis padres solos de golpe sin siquiera la idea de que aún contaban con mi hermano, luego de otras pérdidas que han tenido para entonces recientemente. Pensé en mis amigos, mis alumnos. “Tienes una novia que te quiere, una familia que te apoya, un trabajo estable, ¿qué te pasa?”, una  persona que me importaba mucho me dijo una vez así. Sentía la culpa del adicto por siquiera pensar en eso. Pensé en la gente que había perdido, de esa y otras maneras. Quizás de alguna u otra forma era adicto a algo. Fue en ese momento en que supe que necesitaba ayuda. Las cosas no mejoraron pronto, pero si cambiaron.

Actualmente llevo un año y unos meses en terapia y siento que me ha ayudado. La idea no desapareció cual veneno a través de diálisis, pero esa sombra ciertamente se ve más lejana cada día. Creo recordar, y podría estar equivocado, que en medicina se señala la diferencia entre enfermedades curables y enfermedades tratables. Las curables son  aquellas que desaparecen por medio del tratamiento y las correctas medidas por parte del afectado, mientras que en las tratables solo se atacan los síntomas, pero el agente causal se mantiene en el paciente. La terapia no es mágica, pero es algo real, es tangible y está allí. Ayuda profesional para un problema real, supongo.

Si estás allá afuera y estás leyendo esto, no sientas culpa por sentirte solo cuando no lo estás o por sentirte solo si sientes que alejaste a los demás, siempre hay ayuda. No escoges sentirte triste, pero si quizá cómo actuar ante ello. Una pelea constante entre el espíritu, la máquina y el fantasma. Tú pelea es real. Escojas pelearla o no.


No es fácil, pero se vuelve fácil.

Con el tiempo.

Y ese es al menos ya un inicio.



Placebo - Running that hill

31 may 2020

... Y salió ileso

Desde hace un par de días atrás, me había estado sintiendo mal. Muy mal. Físicamente mal. Del tipo enfermo, mal. El primer día fue dolor de cabeza. Al segundo día se le sumó el cansancio. Al tercero dolor de espalda y articulaciones. Al cuarto ya había dolor detrás de los ojos y resequedad de las vías respiratorias. Ahí fue cuando la paranoia comenzó a golpear la puerta.

- Es como dengue, -racionalicé- ha habido tantas lluvias estos días. En alguno de esos baños de sol algún bicho me habrá picado e infectado.

Tomé un baño largo de agua caliente. Dejé el agua hirviendo recorrer mis cienes, garganta, espalda. Diluí en cuanto pude mis mis malestares. Fuera de la regadera di tantas vueltas pude al departamento como al asunto en mi cabeza. Debe ser dengue. No puede ser... lo otro. Busqué los síntomas, cuadraban. Busqué por sintomatología, ¿resfriado común? Posible ¿Hepatitis? No ¿Herpes? Ojalá no. Mi cabello largo por fin se secó y me tiré en cama. Debía de aprovechar esos momentos de bienestar posteriores a la regadera, lo poco o mucho que duren. Varias vueltas sobre el colchón y ya había dormido un par de horas.

Desperté solo para regresar a la casilla de inicio. Todos esos dolores seguían ahí y estaba cansado hasta el alma. No podía seguir así. La paranoia tomó el control y no quería afectar a nadie. Investigué qué hacer al respecto. Escarbé en mi memoria y recordé haber leído algo sobre ello hacía unos días atrás. Finalmente di con los paraderos de los módulos móviles de pruebas y que el más cercano que tenía era el del centro, en Morelos y Zaragoza.
- Voy en el carro, me checan y si solo tengo temperatura, si la tengo, me prueban, y si me prueban, salgo negativo, si salgo negativo... pues ahí muere y todos tranquilos.- pensé.

Me fui como pude, pero no sin obvio antes cerrar las ventanas del departamento, dejarle comida a Artemis y llevarme mi Nintendo Switch con cargador, todo "por si no regresaba". Así me fui al centro, en chanclas, shorts y una playera de dos días. Manejé como pude decidiendo por las áreas más sencillas de transitar. Vacío, como era de esperarse. Llegando al centro en el área del antiguo edificio de correos vi los inicios de un tráfico bastante inusual para el área, el día y la hora, ni hablar de que es en cuarentena. Desaceleré lo más posible para evaluar la situación antes de embarrarme en el tráfico y un auto paso a mi lado. Llevaba un cartel en ambas ventanas los cuales se leía "Fuera AMLO".
- ¡PERRA COLA! La manifestación. Chingado... bueno, a lo que vine.

Los rodee como pude y tratando de predecir el curso de la marcha. A como mi lánguida mente me dio a entender llegué del otro lado llegando por Melchor Ocampo. y estacioné por el edificio central de Afirme, en uno de el extremo norte de Morelos. Tomé mis cosas y comencé a caminar, aplaudiendo las chanclas con cada paso forzado que cada claxón hacía peor. El dolor. La incomodidad. Esos claxons. Los carteles. Unos eran a mano en hojas de libreta. Otros impresiones de impresoras de poca tinta. Otros ni siquiera tenían bien proporcionado el tamaño del cartel y terminaron en sopas de letras a los extremos. Mi mente comenzó a volar y ya no estaba en mí, sino en ellos y sus alrededores. Los camiones solo querían hacer su chamba, así que los rodeaban con la típica torpeza e impunidad de chofi y los pocos transeúntes que les rodeaban ni se inmutaban. Había policías guiando la manifestación, pero eran más bien tránsitos que otra cosa.

Llegué a la esquina del edificio Acero. Me detuve ante la luz roja que detenía, no a mi, sino a los autos. Una persona me llamó la atención en particular. Primero, con medio cuerpo fuera del quemacocos blandía una bandera, luego la atención se fue por lo flaca que se veía. La bandera parecía más pesada que ella. Finalmente, miré su gesto. No había convicción. No había tristeza o al menos rastros de resentimiento. Tomé el celular para capturar un par de fotos y comenzó a ondear la bandera al tiempo que el semáforo cambiaba.  En eso se me acercó un hombre de edad avanzada, piel morena y lleno de lunares que empedraban su rostro sinuoso. Apuntó a la bandera, la cual se alejaba en el horizonte y dijo:
- ¿Sabes qué significan esos colores?
- ¿Eh?
- Chile, tomate... y cebolla.
- ¿En serio?
- El tomate está sin impuestos... unos lo mueven para...

El sujeto inició un discurso casi febril sobre impuestos, exportaciones, químicos y güeros con miedo. Realmente quería ponerle más atención y Dios sabe que quisiera recordar más de ese monólogo para poder darle registro pero realmente me sentía muy mal. Lo que es peor, su interrupción me liberó del trance, me estaba volviendo a sentir mal. Lo único que parecía claro era su desdén hacia los manifestantes. Aproveché un momento de silenció en su monólogo para agradecer sus palabras, le desee un buen día y me aleje pesadamente de aquél hombre sin embargo nuestra conversación ya había atraído miradas. De pronto, ya no era yo quien estaba observando y, con cada carro que pasaba, las miradas se hacían más pesadas y los autos más grandes, más brillantes. Parecían como si fueran parte de un safari del cual no querían participar. La primera vez que me sentí especialmente incómodo, admito, le pinté el dedo a una anciana y le lancé una mirada profunda, de enajenado. A los segundos recapacité y seguí mi camino. No era mi, era la fiebre hablando y estaba más enojado al hecho de que estaban bloqueando mi paso que otra cosa.

A la altura del Faro de Comercio me acerqué a un policía y manteniendo mi distancia, y él la suya después de hacerle un gesto con ambas manos, le pregunté:
- Disculpa, esto sonará raro... pero genuinamente creo que tengo "la enfermedad"... y tengo entendido que hay un módulo de exámenes cerca, ¿podrías decirme dónde es?

Señaló hacia al extremo sur de Morelos, al edificio de Banorte, a lo cual le agradecí. Me acompañó unos cuantos pasos y luego volvió a señalar:
- Es ahí.
- Muchas gracias hermano.

Vi el toldo, las pantallas con información y la estación móvil a unos cuantos pasos, cada vez más cerca, solo para realizar a los pocos metros que estaba cerrado. Todo esto para nada. Estúpida fiebre, estúpido miedo. Estúpido virus. Berreaba mentalmente cuando los autos volvieron a parar su paso a la luz del semáforo y miré a mi derecha. Desde un auto lujoso una familia me miraba con notoria confusión, o eso creía. Por un segundo quise disimular, aprovechar que estaba caminando para seguir y hacer otra ruta de vuelta al auto. Sentí vergüenza, me sentí derrotado. Triste. Evalué en instantes qué haría. Un plan de escape. La falta de claridad me detuvo. Estúpida indecisión. Ya habían pasado varios segundos. Pude haber malinterpretado esas miradas, pero ya no. El corazón golpeó el pecho en un arrebato. Un trueno de furia me arrebató el pensamiento. Yo no estaba mal. Ellos estaban mal. Ellos creen que se sienten mal cuando yo que me siento mal. Así son las cosas, así siempre serán. Eso es algo que nunca sabrán. Nada es un accidente. Todo tiene una historia. Todo.

Esa furia no es tuya.

Pero estaba ahí y se sentía propia.

Tú no importas, eres único más no especial.

Todo. Hasta esa furia. Incluso mi enojo. La rabia es el mecanismo de defensa de la frágil mente buscando compensar la vulnerabilidad del momento. De mi momento. Pensé en hace minutos. Reí un poco recordando el rostro de la anciana. No otra vez. Quizás. Pero no. No es su culpa. No es de nadie. Al menos no de nosotros aquí presentes. Volví a mirar la cola de autos. De claxons. De pancartas mal escritas y un par de vírgenes escondidas entre símbolos patrios. Si tan solo. Volví a reír por el rostro de la anciana y lamenté no memorizar el discurso del Morgan Freeman perredista.

Tomé un par de fotos. Regresé chancleando mi camino de vuelta al carro y manejé de regreso casa por el camino largo.

La verdad me siento mejor hoy. Mucho mejor. Ya fui a consultar, era solo una infección en la garganta que se agudizó por el estrés.



5 may 2020

Unidad de Supermercado

La diferencia creo que nunca se había hecho tan notable en lo cotidiano pero conforme pasaban las semanas era más evidente.

Siempre me dije a mí mismo que era irónico el lugar donde vivía, gano muy poco en mi empleo, sin embargo, por azares del destino y mi suerte, conseguí un gran lugar cerca de mi trabajo, tranquilo, todo incluido y con buena renta. 

Ya instalado y a primera vista, mi auto tampoco desentonaba estacionado en la calle de la colonia. Quizás lo primero que llamase la atención de él era que claramente es el más sucio de toda la acera. Luego de que eso resaltara para el ojo vigilante, resaltaría su modelo; muy viejo en relación al resto de los autos de la cuadra, aunque siendo honestos quizás solo estas pesquisas existían en mi mente paranoica.

Las primeras semanas anteriores al anuncio oficial me compré todo lo necesario para tener no tener que salir varias semanas, entre víveres y cosas del hogar. Los meses antes de que la situación se agravase estuve bien atento a las noticias de Internet del tema, incluso siendo vocal en mi trabajo sobre la situación conforme se acercaba ¿Quién es el loco ahora? Aún recuerdo con maravilla esa rebaja de detergente que vi. "Si lo hago bien tendré ropa limpia de aquí hasta el Apocalipsis", pensé. En el mismo orden de ideas, aún tengo algo de pasta, harinas y conservas de esa primera compra. El problema realmente era el refrigerador, el cual realmente era un frigobar de hotel disfrazado. Nunca le había tenido mala fe al pequeño, pero a veces bromeaba que en una situación de vida o muerte, no tendría la suficiente comida como para evitar exponerme lo más posible. Irónico, lo sé.

Varias idas al supermercado durante las últimas semanas y las diferencias son cada vez era más notorias. Primero se fueron los estudiantes. Esos vibrantes seres extranjeros de lenguas extrañas, esos inamovibles blancos de casi dos metros, ese connacional aspiracional de acento marcado. Ir temprano era la mejor idea de todos modos. Poca gente y los ancianos de las poblaciones iniciales. Su pensión, jugosa y como las que ya no existen, y ayudas gubernamentales los mantenían en esta área. Su mirada de desconcierto resalta más que su cubreboca tan torpemente sobrepuesto sobre sus rostros, ya sea por vejez o por incertidumbre. Esperan en la fila, se les indica que esperen por alguno de los carritos sanitizados, lo toman y comienzan su camino. Toman una lata, una bolsa de sopa, algunas frutas.  Conforme su carrito se llena se sienten mas a salvo. Se sienten más en control. Es como si llenar su carrito salvase a la humanidad y cada producto fuera una proeza homérica. Son los héroes, los héroes del capitalismo tardío.

Miro a la gente. Pocos estudiantes. Un par de personas de uniforme negro pasan a mi lado. Definitivamente menos que la semana pasada. Ya casi es mi turno de carrito asperjado. De igual manera me preparo con gel y aplico un medio puño. Pienso en mi madre viéndome severamente si no me lo aplico, debo de admitir, pero tampoco ayuda que no la he visto en un par de meses. La pérdida de calor y el escozor en la piel trae recuerdos del trabajo de laboratorio. Otro de uniforme negro hace fila tras mío. 
- Su carrito señor.
- Cierto. Gracias.
Mis palabras apenas escapan de entre mi pañoleta de víbora de cascabel. Siento que me tratan bien solo porque piensan que soy como ellos. Yo los trato bien porque pienso que soy como ellos

Empiezo el viaje usual, pero admito que este ambiente solo me hace entrar más en negación. Bailo en los pasillos y me paso de amable. Buenas tardes a todo al que vea, esquivadas excéntricas y movimientos teatrales. Todo el show. Veo a otro de uniforme de negro. Ya son varios de pasillo en pasillo más los que vi entrar conmigo. Termino de llenar mi carrito de carnes y frutas, que era lo que tenía escaso y llego a la registradora. Fila larga, no de gente sino por la distancia entre ellos. Eso me da tiempo de leer sin parecer obvio y la palabra se repite varias veces. Supongo que si hay nosotros después de todo... pero qué se yo. Quizás es solo la paranoia. Escudriño por mi auto el cual se asoma entre la caja de un par de pickups.
- ¿Una lavadita o qué jefe?
- Ando gastado. Me agarraste en mal momento -enseñando las bolsas.
- Ándele, jefe, de paso le doy una pasadita a los faros.
- Mira mano, no gracias.
- Mira mano, nomás porque no está el jefe, mira. Mira lo que vamos a hacer, orita que no tengo quién me la cuente... te lo dejo a la mitad. A la mitad. Orita por usted, mañana por mí. Y si hoy hago un cliente, mañana hago otra paga y el que sigue y el que sigue. Eso se lo digo porque confío en mi chamba. Va a ver qué bien le va a quedar jefe.
- Nombe' mano, traigo helado -mentí de nuevo señalando a mis bolsas-, no quiero que se me chorree todo y hoy olvidé la cuchara en casa.
-  Ya está compa, ya está -se ríe-, ya quedó jefe. Como quiera aquí andamos cualquier cosa eh, jefe.
- Seguro, que tengas buenas tardes.

***

Feliz 5 de mayo.

30 dic 2019

Setenta veces Siete

Recuerdo haber pensado en esto mientras veía VH1 en casa de mis primos. En año nuevo, cuando se es muy joven y se encuentra uno en una ciudad que desconoce, no hay mucho qué hacer. Hay mucha gente como para ayudar en la cena, no eres lo suficientemente despierto como para participar en las pláticas sobre cómo subirá el precio de la gasolina, no eres lo suficientemente grande como para beberte el día hasta la noche. Así que lo que tenía en ese momento era la televisión. Y en ese momento resulta que estaba VH1con lo mejor del año. Los mejores momentos, los mejores vídeos, discos, artistas y actores mejores pagados. Recuerdo a una afroamericana hablando histéricamente sobre las maravillas de Weird Al Yancovic. Recuerdo que esas cosas tenían importancia para mí en esa época, pero realmente no recuerdo el porqué. Solo parecía ser así en ese momento porque lo que parecía ser gente interesante y de mundo lo decían así. Quizás yo quería ser interesante y de mundo. 

Luego de lo que pudieron ser horas frente a la TV, con primos entrando y saliendo, rotándose en turnos como compañía, recuerdo mirar a mi celular. Recuerdo ver todo lo que había cumplido para mí ese año mirando las fotos de la poca galería que tenía. Era lo que se esperaba de mí seguro, pero de igual modo se sentía como grande. Había terminado la preparatoria y aplicado exitosamente para la universidad. Me sentía grande, quizás hasta era interesante y que tenía algo qué contar. Luego vi mi música. Clips de audio que había guardado a través de los años de los cuales aún conservo muchos. Pensé en las letras y medité en como me sentía en ese momento. Como, honestamente, me encontraba conmigo mismo. Pensé en cuál sería mi canción del año.

***

Hace unos días, en mi cuarto y por mi mismo, estaba viendo 31 minutos en YouTube mientras desayunaba. Quizás las cosas no han cambiado mucho en todos estos años. Me tomó un par de episodios terminar mi desayuno y escuché una canción muy buena. Me gustó su tono tan melancólico como esperanzador. De inmediato puse pausa y busqué la canción en una pestaña independiente. Era infantil, seguro, pero tenía algo. La escuché varias veces hasta que memoricé parte de la letra y el ritmo. Quería cantarla mientras tomaba un baño.
- Caramba -pensé- qué buena canción. Me parece contendiente a canción del año.

En ese instante me di cuenta que tenía haciendo esa tradición los últimos 10 años ya. También me di cuenta que no tenía registro de tales momentos. Que no le había dado el lugar que le correspondría a tan gran celebración. Luego pensé en lo que fue el año. Un poco en lo que fue la década. Hacía sentido. Supongo que si alguna vez hubo un buen momento para documentarlo, no había uno mejor que ahora. 2020. Tenía que pensar en como me sentía. Qué es lo que había pasado. Qué tenía en mí. Después pensé que quizás, en realidad solo había hecho lo que se esperaba de mí con mi edad e historia personal.

Aunque también por dentro se sentía realmente como mucho. Me sentía como si fuera interesante y como si tuviera algo qué contar. Pensé en cuál sería mi canción del año.

Lo único que pude pensar es en un castillo de blanca arena con vista al mar.
***

2010
"El año en que me fui."

Julian Casablancas - 11th dimension
Forgive them, even if they are not sorry
All the vultures, bootleggers at the door waiting
We're so quick to point out our own flaws in others
Complicated mammals on the wings of robots.




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2011
"El año en que se fue."

Johnny Cash - Hurt

If I could start again
A million miles away
I will keep myself
I would find a way



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2012
"El año en que amé"

Alan Silvestri - A promise




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2013
"El año en que sufrí"

Ramin Djawadi - Cancelling the apocalypse


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2014
"El año en que exploré"

Hans Zimmer - Main theme (Interstellar)





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2015
"El año en que me gradué"

Martin Salvatori - Never forget



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2016
"El año en que enseñé"

Mercromina - Mil millones de veces

Hay una fuerza en mi interior
mucho más fuerte aún que yo,
al menos mil millones de veces.
Me hará feliz mil millones de veces,
me hará sufrir mil millones más.




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2017
"El año en que salí"

Asia - Only time will tell
You're on your own
Inside your room
(Only time will tell)
You're claiming victory
You were just using me
And there is no one you can use now
One thing is sure
That time will tell



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2018
"El año en que casi me iba"

The Magnetic Fields - All my little words

Not if I could write for you
The sweetest song you ever heard
It doesn't matter what I'll do
Not for all my little words
It doesn't matter what I'll do
Not for all my little words



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2019
"El año en que sobreviví"

Siddhartha - Mi castillo de blanca arena

Que calamidad
que tragedia
volver a empezar
¡que felicidad!
porque arena
porque amigos
siempre hay en el mar.





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Feliz 2019.
 Feliz 2020.

A todos.
Gracias por tanto.
Perdón por tan poco.

6 sept 2019

Identidad Líquida

Somos los que fuimos enterados de la fiesta hasta el último minuto. Nos vestimos con lo que se viera decente y estuviera limpio. Nuestros padres nos dejan a la puerta y se despiden contentos y sin mirar atrás. Nos presentamos, por compromiso y solos, con demasiado orgullo como para decir que no a la invitación. Abrimos la puerta. Entonces, la sorda música escapa conforme abrimos la puerta  y vemos a las parejas sonrientes. El baile ya inició. Debió haber iniciado desde hace ya tiempo. Ya hay comuna. Las parejas bailan sin chocar en un orden que parece hasta natural. En los que no, lo que reina es la desorientación. Los enajenados se miran entre si. "Nadie de aquí es tan bueno como para bailar conmigo", imaginan. Otros piensan "Seguro no sabe bailar", "Qué dirán si lo acepto a él", "Qué pasa si me toma y me hace quedar mal".

Aún y con ello aceptan hablar entre sí porque,
- Es que esa canción que está no me gusta.
Farfullan, mientras menean el pie.

***

Una vez tuve un amigo, y digo una vez porque actualmente no sé si está vivo o muerto, que era el cantinero en un casino del pueblo. El casino era el único punto brillante de la noche de la que fuese mi pequeña ciudad irónicamente. A la gente le gustaba mi amigo no solo porque hacía bien su trabajo, sino porque también era bueno escuchando y, si no tenías nada qué decir, tenía buenas historias de borrachos y gente drogada hasta el tope. Él mismo no se drogaba, llevaba limpio desde la preparatoria, pero los viejos hábitos y la gente que los trae consigo, nunca mueren, así que aún tenía mucho qué contar si así lo deseabas. Él, me contaba; tenía una cliente favorita en particular, una mujer rica y guapa, relativamente joven, como pocas había en el lugar. Verla llegar eran buenas noticias por muchas razones. Para iniciar, era alcohólica, lo cual significaba que las bebidas se movían más. Segundo, y de nuevo, era guapa, así que no solo era su alcohol, sino el que se movía en torno a ella pedido por todo aquél lo suficientemente tonto como para querer gastar en ella o con ella. Propinas más, propinas menos, ella era un factor a considerar entre una madrugada sencilla o un premio mayor en el casino.

De igual modo Lázaro, mi amigo, lo sabía. Sabía que su familia tenía suficiente dinero como para que ella fuese y viniese de Las Vegas todas las semanas de así quererlo. La gente que iba al casino tenía billetes, pero no esa cantidad de billetes, si sabes a lo que me refiero. Mi amigo asumió que le gustaba la atención, que le gustaba el control. Le gustaba ser el pez grande en el estanque chico. La gente de ciudad estaba a su nivel, y al mismo nivel uno deja de ser especial. El pueblo era un oasis. Los chicos orbitaban como planetas alrededor de ella y lo que proyectaba ella era fuerza de gravedad pura y ningún agujero negro a kilómetros a la redonda opacaba ese poder.

Ella llegaba al tronar de la noche, y tan pronto como el sol se ponía, ella lo hacía en la barra para fumar y beber y reír y ser. Su carro irrumpía en el frente por veloz y por enorme, un elegante bote acuamarino sobre ruedas listo para el ballet. 
- Podrías morir en una de esas, ¿sabes?
- ¿Cómo dices? ¿Por qué lo dices?
- Tu coche.
- ¿De qué hablas?
- Deberías de manejar con más cuidado. Sé que es casi un cliché; un hombre, diciéndole a una mujer cómo conducir. Sé que no quieres esa mierda de mí. Que solo vienes a divertirte. Pero deberías cuidarte.
- No me importa. 
- Debería.
- El auto está asegurado.
- Eso no es... mira. Al menos deberías de usar las direccionales al entrar.
- ¿Para qué?
- Bueno, algunos clientes se quejan.
- Que se jodan.
- Si, eso creo también.

Creo que mi amigo lo hacía más por cortesía que por preocupación, al menos en un principio. Luego, creo que sintió algo de lástima. Luego, creo que solo le importaban las bebidas y los otros clientes. Ya no supe que le pasó a mi amigo. O a esa mujer. O a aquél pueblo.

***

Somos todos aquellos los que, descansando la espalda contra la pared, mendigan palabras entre sí mientras observamos con recelo a las parejas, sonrientes y felices con mirada de póker cuando por dentro nos encojemos de envidia por su alegría y compañía.

Nuestros padres no vendrán por nosotros sino hasta la 1. Somos demasiado penosos como para llamar, demasiado temerosos para romper una pareja y comenzar a bailar, así que no hacemos nada más que mirar el espectáculo. Silenciosos. Una exhibición grotesca de orden y felicidad y toda es para nosotros. Afuera comienza a llover. Creo que el baile igual no va a terminar.

31 jul 2019

Marcus J.K. "Con hambre de perder", en vivo desde Pletórico

Apaguen su celular... solo apaguen su celular... si no actualizaron ya su estado en la fila de entrada o al estacionarse ya es demasiado tarde.

Además Facebook ya está demasiado ya lleno de mierda como para que ustedes agreguen: "Ay Dios mío, por fin en el show de M.J. Kennedy." a ese mar de... memes... y vídeos de comidas de restaurantes a los que jamás irán.

Si no recuerdan esto al año sin ayuda de Facebook no valió la pena, hice mal mi trabajo... pero no hay reembolsos, todos tenemos días malos en el trabajo. Lamento que les haya tocado a ustedes. 

Fueron parte... de la desviación estándar dentro... de mi curva de calidad. Quizás otro día es el mejor show de comedia y soy el mejor comediante de la historia... pero hoy, no... esto... esto es todo lo que hay, lo que tenemos lo siento.

O quizás solo quiero que veas a verme otro día y pagues otra entrada, no sé. Solo un truco. No lo sé.

Como sea, deja el celular o no. Gracias como seas. El show comienza... Odio Facebook. Quizás solo es mi odio a Facebook. Porque pone demasiados altos estándares en la comida. Han visto, y digo han visto como pregunta retórica porque SÉ QUE LO HAN VISTO pero, han visto... de esos vídeos de comida... ¿que siempre es el mismo?

Describo para contexto: Grabados desde perspectiva aérea, tonos primarios de colores, pocos ingredientes, siempre queso, masa y carne... y hechos en segundos por un perfecto par de impecables manos blancas. 

Siempre es el mismo vídeo. Eso es lo que está matando nuestro planeta... todas esas bases de datos... toda esa infraestructura de información... guardando kilos y kilos de terabites de vídeos de comidas donde todo esencialmente termina sabiendo a pizza. Es costoso mantener esa mierda. Por eso Mike Zuckerberg es como "Uhm... no estamos generando suficientes millones... bueno, haré que todos esos cientos de hackers rusos pongan a Trump de presidente".

Si alguna vez se preguntan porqué la economía está tan jodida... la respuesta la tienen ahí mismo entre sus muslos... tocando "La maravilla de esa boca... ilumina todo con su...".

No saben las... inesperadas consecuencias de sus memes... gatitos... y vídeos de múltiples versiones... de pizza. Quizás lo que trato de decir es... sobre lo inconscientes que somos. 

Pero hombre si odio esos vídeos de comida. Porque luego termina pasando lo mismo, ese idiota que de forma no irónica escribe:
- La comida es mejor que el sexo.

AQUÉL QUE DIGA ESA MIERDA... ESTÁ LLENO DE CACA.

Todo idiota que haya dicho eso es mentira. Y solo porque lo es. O jamás a cocinado en su vida... o pasado hambre.

Para coger solo necesitas un hombre y una mujer... es el requerimiento mínimo... bueno, una mujer y otra mujer... y un hombre viendo. Digo o... una mujer y otra mujer u otro hombre y otro hombre... es el mínimo de requerimientos básicos... necesarios. Ya ni siquiera un hotel... o algo de privacidad es necesaria. Han visto Internet? Uno puede tener sexo donde se pueda! El límite es el cielo. Realmente... la imaginación del hombre... es maravillosa. O de la mujer... o de los no binarios.

Y en la comida no. Y en la comida no porque... si realmente quieres comer bien necesitas ingredientes. Tú necesitas ingredientes. Y si no los tienes, tienes qué comprarlos... y solo Jesús sabe en el mundo dónde conseguir azafrán... o perejil... o curry... o ajo negro... o arroz gohan porque eres un maldito otaku que quiere su comida tal y como se ve en el anime ese de Netflix y solo se puede hacer con ese arroz especial. Y eso es solo para iniciar. Luego necesitas dónde poner toda esa mierda. Y vives solo, apenas de acabas de independizar de tus padres... y lo único que tienes es el sartén con menos teflón de los que tenía tu madre porque chingados que te iba a dar el azul ese grandote bueno que tiene. No tienes nada, no sirves para nada.... entonces comer... no es mejor que tener sexo.

Como dije el mínimo equipo reglamentario son dos personas, de vez en cuando algún animal, un caballo... si te sientes algo travieso. Pero si. Solo necesitas dos personas. Quizás en el futuro una... máquinas... realidad virtual. Pero por ahora... dos personas.

Es más... tener sexo es algo que puedes hacer hasta con hambre... por qué chingados creen que hay tantos niños muriéndose de hambre en África? Porque es fácil. E incluso una... no depende de la otra... puedes ser el negro... más hambriento... puedes contarle las costillas por fuera... moscas volando alrededor... el negro con más hambre de toda Uganda... imagínense al negro más negro... pero si esa negrita que ahí va por la calle... y ella voltea... y tú te volteas... y ella te sonríe... y tú sonríes de vuelta... está hecho. Ya está. Ya cogiste. Has cogido. Hicieron el sexo. Y así, nuestro buen amigo T'chala regresa a su cabaña... en el medio del Serengeti:
"Querido diario, hoy no hubo agua limpia en toda la aldea de nuevo, un grupo de rebeldes azotó nuestro ganado otra vez y se llevo nuestros víveres... pero WEEEEY... si Wazula sabe moverse."

Al que diga que la comida es mejor que el sexo simplemente es malo o debe venirse con que solo le toquen el cuello. Nos vemos en la estación del metro... quiero tocar ese cuello.

Ahora, con eso no quiero decir que el sexo es lo mejor del mundo... solo digo que la comida a veces está algo sobrevalorada... y eso que amo comer, no me malinterpreten, amo comer... Lo adoro... sé que no pueden creerme ahora mismo debido a mi esbelta y atlética figura... pero amo comer. Realmente lo amo. Solo digo que hay algo de gente mal informada allá afuera... haciendo declaraciones no fundamentadas... con las cuales no estoy de acuerdo en lo absoluto.

Es más... podrías coger y al día siguiente morir. Claro, con una sonrisa en su rostro... por eso odio a esa gente:
- Ay, ¿por qué en lugar de coger tanto no estudian o trabajan para salir de pobres?
¡Wey! Porque es más fácil. Es más fácil. Es más fácil... para Dios se le hizo más fácil... ponerte un pene entre las piernas que pan en la boca. Ahora imagínenselo al revés... ¡ay, papucho! Jajaja, oh Dios! Pero me encanta porque... porque esas personas siempre... más bien, suelen ser... 1) Blancos... 2) Católicos... Así que creen en un Dios... pero no creen si hay un ser... perfecto... todopoderoso... misericordioso... le era más fácil... darte de comer... No, te dio un pene.
- Ten, eres alto, delgado... ten un lunar raro enorme en la espalda... ten, pene... ten, libre albedrío... pum, pobreza.
- Pero, a ver, espera... pero tengo hambre...
- No. Lo siento... solo tengo suficiente material para darte un pene.
- Pero... Uhm, oh bueno... supongo que lo usaré.
- ¡PECADORRRRR!
- Oh, que la chingada.

Son pobres, es lo único divertido e interesante que pueden hacer. Y se los quieren quitar.
- Ay, no guácala, están llenos de niños.
- ¿Sabes qué? Chingatumadre.
No, en serio, chinga tu madre. Y ahora dirán que, que estoy a favor que familias de bajos recursos, y en consecuencia, con altos riesgos de delincuencia, marginación, dificultad de acceso a educación, salud y sustento... tengan cientos y cientos de niños con nombres impronunciables... no. Claro que no. Solo digo que... creo imaginar... de dónde vienen.

Y eso es lo horrible, la falta de empatía por parte de la gente. Tanto para bien, como para mal. Para bien, porque los vemos... pidiendo dinero en la calle, una sábana los cubre y envuelve al hijo, el cual muy apenas puede respirar entre... lo bien empaquetado que lo tiene el zarape... lo mínimo que podemos hacer... es entender su realidad... quizás no tenemos el dinero para dárselos, porque también hemos sido cogidos por el sistema. Ambos. Pero al menos entender del porqué están así.

Pasas por la calle:
- Ay, mamacita.
- ¡AH, PENDEJO! ¿Viste a ese naco?
- Claro que lo vi. TRAE PLAYERA DEL AMÉRICA. Claro que lo vi. Aparte de feo... gordo... resaltado con un color amarillo horrible... Y APARTE GRITANDO LEPERADAS. Claro que lo vi.
- Pero, ¿puedes creerlo?
- Si, claro que lo creo.
- Pero eso es grosero! Eso es grosero, no puedo creer, no puedo creer que apruebes ese tipo de...

No, no, no, no. No saltemos a conclusiones. Estamos... en el punto A, y ya estás yéndote al C de repente. No. Perdóname, pero discúlpame, pero no lo apruebo... SOLO DIGO... que lo entiendo. Que lo creo. Que es posible.

Estamos hablando... de un sujeto... le va al América así que, muy seguramente su padre también fue fan del futbol. Era fanático del equipo. Es pobre, eso creo que ya quedó sobreentendido, de nuevo, le va al América. Así que imagina este escenario:
Padre, bigotón, macho esteriotípico mexicano... viene borracho del Estadio Azteca, acaba de perder el su equipo favorito. La única razón que tiene para existir... lo único, la única y singular fuente de felicidad que tiene en su vida semana tras semana... y no la obtuvo. El sujeto vive para decir: "Ódiame más", "Fi fifi FIFIIII" y no lo pudo decir saliendo del estadio. Es su catarsis. Es casi un ritual religioso hacer menos a sus rivales, ¿qué se imaginan qué pasas? El hombre llega a casa y la cena no está hecha... no comerá en el momento que pisa su hogar. A esa mujer le están sobrando dientes en ese instante. En ese punto en ese momento esa mujer, ploff, adiós a ver a sus amigas el fin de semana. No podrá salir a jugar lotería con un moretón cubriéndole el 40% de su rostro. Y ese niño en el fondo, viéndolo todo. Viendo ese escenario los primeros 15 a 18 años de su desarrollo. Ahora, viajemos, 30 años al presente.
- Ay, mamacita.
- Oh, cállate pendejo.
- ¿¡QUÉ!? ... disculpa, ¿la escucharon?

Claro que la escuchamos. Claro que si. Todos lo hicimos... porque todos hemos visto algo así... lamentablemente. Lamentablemente. Esa persona vivió en pobreza... toda su vida... en una cultura... solo miserable, lo peor de lo peor para todos y especialmente para las mujeres... lo lanzas al mundo real... al mundo civilizado... va a haber incendios... va a causar estragos, claro que si. Va a tener un smartphone... Whatsapp... claro que está lleno de pornografía. Claro que está en el grupo "Packs Coyoacan". A él no le importa si le hizo daño a alguien más. Si le arruinó el día a esa jovencita. No le interesa llegar a ese grado de introspección... de empatía. No va a desarrollarla, está jodido. Dios le dio hambre... y le dio un pene. Y ese jodido, jodido por el sistema, es producto de un sistema que también no está cogiendo a todos, a ti, a mi, a todos ustedes. Rompe el sistema y terminarás con ellos. De nuevo... no justifico lo que está haciendo... pero tampoco digo que sea un síntoma... sino una consecuencia lógica de lo que le está pasando al planeta.

Todos esos problemas... pfft, adiós. Claro, gradualmente... con el tiempo, con la apropiada distribución de los bienes, con la adecuada educación... descentralización del poder. No es mágico. Es cuestión de tiempo. La democracia es de la antigua Grecia y las mujeres no empezaron a votar sino hasta los 1900's, tranquilos.

¿Y ustedes dirán?
- Pero hay gente rica y y y... ¡ellos también son misóginos!
- QUÉ CHINGADOS ACABO DE DECIR SOBRE ROMPER EL SISTEMA... me has estado escuchado... ¿siquiera?

Chinga, chinga... chinga tu madre... chinga tu madre de ida y de vuelta.

¡Saludos! Muchas gracias. Son un público maravilloso.

***

23 jul 2019

No te deseo el mal, pero...

No te deseo mala suerte,
no te deseo algún mal
pero lo que si puedo desearte
es la cruda y desazonada realidad.

Te deseo pesares mínimos
e inconveniencias minúsculas.

Te deseo valles de verdes opacos
y atardeceres con ventiscas.

Espero encuentres puertas cerradas
por el horario de servicio,
latas golpeadas, leches caducas
y un piso siempre sucio.

Que el tráfico te sea algo habitual
cual gotera sobre tus muebles

Que los sartenes grasientos sean lo normal
detrás de una montaña de pendientes.

Espero y que a pesar de todo
aunque la lucha sea eterna
que no desistas ni un poco, 
te deseo sin decoro
una vida moderna.