19 may 2012

Esos momentos del año en que...

"El año en quejas y observaciones"

-Esos esperanzados días del año en que estás lleno de optimismo y aún tu "lista" no está en la basura.
-Esos impotentes días del año en que te das cuenta que tus horas están contadas.
-Esos jodidos días del año en que todo se viste del mes del amor.
-Esos engorrosos días del año en que tienes que guardar toda la ropa y colchas de frío porque cada vez estás sudando más de camino a la escuela.
-Esos desanimados días del año en que te das cuenta que has olvidado por completo la "lista".
-Esos incómodos momentos del año en que suben los precios de toda la comida chatarra y terminas hablando de "que en tus tiempos con 5 pesos tenías lo suficiente para una comida balanceada".
-Esos desagradables momentos del año en que aún tienes que bañarte con agua caliente porque tu cuerpo está aún acostumbrado, a pesar de que allá afuera está a 35°C.
-Esos iluminados días del año en que te das cuenta el porqué has estado haciendo las cosas del modo en que las has estado haciendo durante toda la vida.
-Esos cansados momentos del año en que te levantas por culpa del sol, a través de la ventana, cortesía del cambio de horario.
-Esos austeros días del año en que lo único que hay para comer es capirotada y nopalitos.
-Esos indigeribles días del año en que todo el mundo usa frases más sobadas que la fregada para rendir tributo a sus madres.
-Esos fanáticos días del año en que sujetos salen a la calle vestidos en las playeras de sus equipos.
-Esos aguados momentos del año en que los días son tan calurosos que no se puede salir de casa.
-Esos extraños momentos del año en que pasan películas de navidad en verano.
-Esos deprimentes días del año en que te das cuenta que el semestre se está acabando y no cumpliste nada de lo que te propusiste.
-Esos extensos días del año en los que toca hacer limpieza de toda la casa.
-Esos normales días del año cuya única función es servir de transición entre otros días del año.
-Esos propagandísticos días del año en que todo está a mitad de precio a causa del día de celebración en turno.
-Esos vagos momentos del año en que te das cuenta que no has hecho nada que sea lo suficientemente grande como para que lo recuerdes por el resto de tu vida.
-Esos desesperantes días del año en que no tienes nada que hacer por la tarde y no hay nada bueno en televisión.
-Esos insufribles días del año en que hay que desempolvar la ropa y colchas de frío.
-Esos patrióticos días del año en los que no hay clases.
-Esos inadaptados días del año en los que aún te bañas con agua fría a pesar de que la temperatura allá afuera sea de 10°C.
-Esos confusos días del año en los que la línea entre halloween-díademuertos-navidad se hace cada vez más difícil de encontrar.
-Esos oscuros días del año en los que hay mucho que comer y muy poco tiempo.
-Esos esperanzadores días del año en los que la bondad del hombre parece emerger de entre todo lo malo del mundo.
-Esos grises días del año en los que te das cuenta que las fiestas de invierno cada vez más pierden el sentido.
-Esos días del año en los que miras hacia atrás y te das cuenta que fue un buen año.

17 may 2012

Y luego

La conocí durante los cursos de introducción a la Universidad, en el gran auditorio. Tuvimos la suerte de compartir en el único de aquellos 3 que para ese entonces, contaba con un sistema de aire acondicionado útil.

Ella era delgada de piel morena, de alrededor de un metro sesenta, de cabellos oscuros, largos y liso; el centro de su rostro giraba en torno de su nariz triangular. No estaba inscrita en la misma carrera que yo, sin embargo seguimos frecuentándonos durante la semana y días que duraron las pláticas.

Para ella, a modo de experimento, le conté lo que para ese entonces se convirtió en una de mis tantas versiones de mi vida. No sé si lo hice pensando en que no la volvería a ver, o si solo era porque me quería hacer el interesante.

Por alguna razón la platica con ella siempre terminaba cayendo en películas de bajo presupuesto, música antigua y en que me pidiera que dibujase algo en mi libreta. El dibujo del que tengo más en memoria, si no es que es el único que recuerdo bien, es el que me pidió de una paloma. Para su gusto la había hecho muy gorda, pero al mismo tiempo le gustaba eso. Decía que era porque lucía frondosa. Yo la había hecho teniendo en mente los palomos, de los Animaniacs.


Al final de los cursos, hubo unos días de descanso, antes del inicio real del primer semestre de escuela. En ese tiempo me agregó en facebook y seguimos las platicas (monólogos) sobre drogas y sobre miles de amigos adultos con vidas sacadas de libros de Paulo Coelho.

Un día de esos, platicando en línea, le da la novedad de vernos en algún punto del centro a comer y...

***

El primer Halloween que pasé en la facultad me animé por ir vestido. El traje de elección fue ir de Mr Bean. Fue un buen día, y desde entonces he procurado celebrarlo de alguna manera o mínimo tener algo extravagante por ahí para ir vestido a la escuela.

En el segundo Día de Brujas, por azares del destino terminé siendo un investigador privado. Ataviado en una gabardina negra y el resto de ropa de vestir, coronándolas con un semblante arrogante, postura encorvada y manos siempre en los bolsillos. Como dato curioso, llevaba puesta la misma corbata roja que había usado el año pasado.

En fin. Que el día siguió y mis compañeros se encontraron a demás personas vestidas para la ocasión que casualmente conocían. Fue agradable ver a un Maestro pokémon, Terminator, Scorpion y Sub-Zero bien logrados. Mas sin embargo, no les conocía, así que me puse en mi, aquel entonces, pequeña lap azul a escuchar música.

En esas me encontraba, cuando se me acerca una chica y me pregunta que estoy escuchando. Dejo de lado el monitor y la veo. Era de piel pálida, cabellera oscura y corta. Sus ojos profundos, supuse que era la ilusión creada por el maquillaje, pero más tarde me di cuenta que no era así.
MJ - No sé, tu escoge. -Mientras le acerco la pequeña portátil para que viera la lista de reproducción.

Comenzó "Rock you like a hurricane" y ambos iniciamos a tararearla. Nos presentamos. Ella estaba vestida de Alicia, de Alicia en el País de las Maravillas. Así platicamos mientras nuestros amigos en común seguían hablando de cuanto tiempo tenían de no verse. Quizás también ella se sentía un tanto lejana a la conversación principal de la mesa.

Siguió anocheciendo y seguimos conociéndonos. Nos tomamos fotos en grupo todos los presentes en la mesa. Ya de lado, Alicia y yo acordamos vernos algún día de estos fuera de clases y...

***

La verdad no me agrada tener la visita de amigas de mis primas a la casa... o de casi cualquier persona. Pero especialmente son las amigas de mis primas las que me sacan de mi sitio de confort, sin embargo, ya no podía hacer nada al respecto, se me habían acabado las maniobras evasivas y ya era la hora de la comida. Ella también venía incluida.

Ya en la mesa del comedor todos nos dispusimos a comer. La platica estuvo bien, traté de no participar mucho o solo lo suficiente. Simplemente no pude contenerme. Se presentaron demasiadas oportunidades para hacer chistes que las tuve que aprovechar. En fin.

Por lo menos se terminó esta tortura junto con la comida, o al menos eso pensé al momento de haber vaciado mi plato por tercera vez, pero mi madre ya tenía planes para mí y para bajar la comida.

Barrer los pisos de la cocina, comedor y sala la mayoría del tiempo no me es problema. Me es problema cuando también, por razones de más allá de mi intender, mis primas y sus amigas les da por estudiar en el exacto mismo lugar, al exacto mismo tiempo.

Me tragué mi dignidad. Vestido en shorts, playera blanca de mi antigua preparatoria y peinado de media noche y comencé a barrer, llevando la lap de lugar en lugar al que iba pasando la escoba, la cual amenizaba con música ochentera. Habían pasado ya "Africa", "You spin me right 'round", "Down Under", entre otras. Veía como cada vez más captaba su atención cuando:
C - ¿Es Depeche Mode?
MJ - Si, se llama "Enjoy the silence", ¿te gusta la música antigua?
C - Si, me agrada mucho.
MJ -  Menos mal, porque les seguiré molestando con lo mejor de los ochentas.
C - Claro, ¿por qué no?

Al menos eso liberó algo de mi tensión. Terminé de barrer, ellas de estudiar y ya fue hora de que se despidiera.

Pasan los días, y ya olvidado el incidente:
F - "Tienes una invitación de amistad de C". 
MJ - ... raro.


Así comenzamos a platicar cada en cuanto ella se ponía en línea. Sus estudios la mantenían la mayoría del tiempo offline, pero en cuanto podía conectarse, me lo hacía saber a través de mensaje de texto.

De vez en cuando salía a tema el incidente de la escoba, hasta que en una de esas sesiones me preguntó que si un día podíamos vernos en alguna parte y...

3 may 2012

Donde sea que sople el viento...

He tenido noches en que, como cualquiera de nosotros, no puedo dormir.

A estas alturas del partido, suelen ser noches después de haber cerrado mi libreta de apuntes o de haber terminado de marcar línea tras línea de texto en alguno de esos gruesos libros que tengo.

La verdad es que no siempre ha sido causado por estrés. A habido veces que es por algo mejor. Por el ansia de un nuevo día, por esa explosión de ideas de antes de dormir en la cual el techo se convierte en un lienzo en blanco el cual se puede teñir de tintas infinitas. Y justo cuando mi atención llega el límite, cuando he barajado mil y un formas de resolver mis problemas, cuando he construido y destruido a cientos de yo nuevos y posibles futuros, y cuando a mis manos le quedan pesadas aquellas brochas, es cuando mis ojos voltean a ver a mi amigo de a lado.

Siempre hace ruido, siempre lo mantengo así y ha estado allí desde que tengo memoria. Y así lo he querido, haciendo ruido.

Aquellas noches, cuando apenas estaba conociendo al poco mundo que podía siendo niño, tiempos en que Monterrey solo era el lugar de paso para ir más lejos, ahí estaba para conciliarme el sueño. Para prepararme para el largo viaje para ver de nuevo a mis abuelos, tíos o primos.

Ya de noche y en casa de mis abuelos, al acabar de hojear alguna de sus miles de revistas de ciencia y ficción, me acompañaba para mirar al espacio y ver las estrellas enmarcadas en hojas de roble. Para ver las posibilidades del futuro que traía el mundo de la tecnología y los nuevos saberes del hombre. Hubo una que otra vez, habiendo yo terminado de leer, en las que las hacía de guardián, espantando a los extraterrestres que me acechaban mientras trataba de cerrar los ojos.

Las vacaciones se acababan y ya en el punto de descanso, volvía a verlo de frente para que me dijera susurrando, que todo iba a estar bien y que mis amigos estarían allí de nuevo para cuando regresara, mientras que, del otro lado, siempre permanecerían las estrellas, la ciencia y los extraterrestres esperando.

18 abr 2012

Carta corta al consumismo

"Una visita al super mercado puede sacar lo peor de uno..."

Apenas doy el primer paso fuera de la casa y ya sé lo con lo que me voy a encontrar; un viaje a través de un árido camino artificial, el cual no hace más que reflejar el sol sobre mi cara, encogiendo mis ojos y haciendo más insoportable la travesía.

Por donde miraré habrá asfalto, plástico y acero. Esa es la ciudad, solo eso y uno que otro humano por ahí, adornándole, uno de entre miles a los cuales no les importa nadie, gritando improperios, ensuciando el ya contaminado aire, dirigidos para aquél el que está adelante, el cual comparte igual sentimiento por los demás, en especial por ese bastardo que me está gritando ahora mismo, el cual quiero que sepa que no me moveré por que aquí daré la vuelta.

Veré a esos sujetos, parásitos con franela en mano, sacudiéndole en giros mientras dicen que el paso está libre y que el carro puede moverse, después de haberte brindado el vital servicio del cuidado de tu auto mientras hacías tus compras, algo que en primera instancia, ni siquiera debería de ser necesitado.

Ya sorteados mis recién conocidos primos, que también incluyen entre sus servicios con un paquete de lavado automotriz, entraré a la tienda, donde me encontraré a seres de aspecto irreconocible. Gigantes, de ropas manchadas y pasos lentos, torpes como ellos mismos degustando muestras gratis de yogur bajo en grasas y azúcares.

Cuerpos que han aceptado la idea de deformarse entregándose al derroche de objetos que no necesitan, siendo consumidos por lo que ellos mismos irónicamente llaman consumos. Ciegos atados ante la idea de que su capacidad es deber, merodeando entre los interminables pasillos llenos de permanentes rostros fríos alegres, rostros que saben de esa ignorancia y se aprovechan y viven de ella.

Y uno que otro estará en familia, otros solos o en pareja. El resultado será siempre el mismo. Solo que en la familia será un niño revolcándose en el suelo y una madre negligente. En la pareja habrá discusión sobre si debimos haber viajado mejor al otro super o no, porque allá aquél tinte que quería estaba más barato qué aquí, mientras que el solitario "escribe" en su aparato todas las cosas que ve y piensa o no en adquirir, en su lento paseo sobre el carrito.

Habrá desdichadas oportunidades de toparme con el último hit de la música popular por lo parlantes de la tienda, a volúmenes estratosféricos acechándome a cada paso que doy con sus letras huecas y ritmos mesméricos, siendo utilizada por el carismático edecán de la compañía de carnes frías para invitarnos a comprar la última oferta en embutidos.

Dejados atrás estos personajes desagradables, completado la lista y luchado, con lo que presumo, fue una ama de casa tres veces mi tamaño por las mejores jícamas, llegaré a la caja y vaciaré mi carro sobre la banda transportadora. Pagaré y diré que no al redondeo para la Casa Hogar y hundiré esos centavos hasta al fondo de mi conciencia.

Terminaré viendo la única luz al final de mi viaje en la sonrisa del anciano que envolvió en bolsas mis víveres y el cual me desea un buen día, a quien claro sí le daré mi cambio.

En fin...

1 abr 2012

Choque de Titanes

Ó "Sobre mis roces con la cristiandad"

La mitad de mi familia por parte de mi madre se han pasado del catolicismo al cristianismo.

Al principio pensé que eso convertiría en algo incómodo el juntarnos con ellos, llevando toda conversación casual y cotidiana a un intento más en convertirnos y salvar nuestras almas. Admito que mi primer referente fueron los Testigos de Jehová y las pocas personas que realmente he conocido en sus filas.

Ciertamente me equivoqué en estar paranoico al respecto... en casi todo.

Siempre consideraré como incómodos los domingos por la mañana que, estando nosotros en su casa o ellos de visita en la nuestra, que ellos nos invitan a su iglesia y los momentos entre lugar y lugar cuando viajamos en el auto de mi tío cuyo sistema de sonido siempre tiene CD's cristianos. Pero esos chascos siempre se pueden contrarrestar a la alegría que me da que al pasar por una tienda de artículos católicos o al ver MariaVisión por instantes y:
MJ - Tía, ¿qué son esas imágenes paganas de hombres cuyas personas que les idolatran las hacen pasar por santos? ¿qué son esas ceremonias ancestrales ministrados por hombres de ropas arcaicas e inciensos rituales?
Tía - ¡Son pura perdición, pura idolatría! ¡No les hagas caso!

A lo que queda de mi familia les ha llegado el mensaje y les ha dado por ir cada domingo a uno de los muchos templos cristianos que, de un tiempo para acá, han estado proliferando por toda la ciudad alzándose en, desde casas populares hasta grandes edificios erigidos particularmente para rendir culto.
Ya he ido un par de veces, es divertido y ciertamente no es como la misa católica. Hay veces que pareciera que lo único que falta es el coro de afroamericanos corpulentos cantando de manera celestial.

Pero la verdad es, y como fue con esta primera, que creo que la religión establecida no es del todo lo mío.

Es difícil no sentirse alienado con gente cristiana, cuyos rostros felices y brazos abiertos le dan la bienvenida a su congregación a un completo desconocido. Tampoco es de mucha ayuda el ver gente temblando a mi alrededor, desmayándose o aplaudiendo y gritando "Amén!" con lágrimas en los ojos. Así como también no es difícil sentirse alienado en los grupos de jóvenes católicos en donde todos conocen a todos y cuyas fotos grupales con playeras "Retiro Espiritual 2012: Deja entrar a Jesús en tu vida", son del mismo grupo que aparecerá más tarde en Facebook, cada uno de ellos sosteniendo una lata de tecate light.

Pero estaba...
Esta vez me desperté temprano, solo para recordarle a mi madre que no iría esta vez al templo. Ella dijo que sí, pero a cambio me dio un par de deberes por hacer mientras no estuvieran. Mi hermano por supuesto que fue, el conoció a una chica atractiva.

Lo bueno de hacer las cosas solo, en especial, los quehaceres, es que nadie te dice como lo debes de hacer y qué no hacer. Confieso que me agrada hacer cada movimiento de barrer, sacudir y trapear de manera exagerada y en coreografía al compás de la música a alto volumen.

Fue así como le saqué el brillo a los azulejos del baño, lavé la alfombra y barrí la estancia y mi cuarto bajo el trance de deliciosos ritmos de reggaeton durante esa mañana, entre otras cosas productivas que hice.

Ya entrando la tarde, fue que regresaron a casa y nos sentamos a la mesa a comer. Comenzamos a platicar un poco:
M - El pastor preguntó por ti...
MJ - [...] ¿Y qué le dijiste?
M - Pues que no querías ir.
MJ - ¿Por qué le dijiste al padre qu... ? [...] No importa. Supongo que la honestidad es la mejor política.
M - Pastor.
H - ¡Si! Y arderás en las llamas del infierno por tu desobediencia.
MJ - Bueno, al menos les habré dejado el baño limpio...
H - ¡Regáñalo, ma'! ¡Por sacrílego!
MJ - Si, soy todo un cínico.
M - Mm...

25 mar 2012

Débil

Ó "De hombres y sus demonios"

Estábamos sentados, sin nada más importante ocurriendo más que la espera a que nos llegara la hora de clases.

En eso que llegan uno de esos grupos de gente feliz con playeras de colores brillantes y letreros de "abrazos gratis" cuyo único fin es el de sacarle a todo el mundo una sonrisa. Al principio estuvo bien y era agradable que estuviesen allí. Eran jóvenes que se veían normales y agradables. Hacían mucho ruido e iban de aquí a allá repartiendo abrazos y frases más sobadas que el averno, pero no estaba mal. Yo y mis compañeros recibimos uno que otro abrazo de ellos y un pequeño mensaje escrito en una tira de papel, estilo galleta de la fortuna.

El mío decía: "Sonríe. Eres sexy." El de un amigo, quién se negó a recibir un abrazo y podríamos categorizar como una persona cuyo aspecto físico no cae en el concepto tradicional de belleza, decía: "Sonríe. No sabes cuanto tiempo te durarán los dientes." Le pregunté que si cambiábamos papeles. Dijo que no. Luego le pregunté que si yo le podía dar un abrazo. Respondió que por supuesto que no.

Pero cosas más importantes estaban pasando... y de connotaciones no homoeróticas.

Los sujetos comenzaron a bailar y cantar en el pasillo central. Primero los vimos con algo de humor, estaban tan enfrascados en su cruzada contra el mal humor del día común escolar que ya habían perdido parte de esa frescura y tono. Ahora más pareciera que iban a comenzar a decirnos que estar en las drogas es algo que no está del uno, que si comemos cosas sanas nos pasarán cosas chidas o que Jesús era un gran tipo.

Y después de que su círculo de oración se convirtiera en una fila de conga, fue hora de actuar y emprender la huída.

Caminamos a la segunda unidad de la facultad y tuvimos suerte en rápidamente encontrar una mesa desocupada, así que nos sentamos. Pero ya era algo tarde y la fila de conga en su serpenteante, implacable y estridente camino de sonrisas y abrazos nos siguió hasta allí, donde nuevos integrantes que salieron de no sé, se le unieron.

MJ - Diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diab...
D - ¿Un abrazo amigo?
MJ -Damn it!- Ahm... bueno...

Si no la abrazo, seré un amargado. Un anti social y apático. Un estorbo en su camino de conscientización de las masas. Una sonrisa puede cambiar al mundo, así como el abrazo desinteresado de una desconocida, pero atractiva, puede traer alegría a la vida cotidiana de alguien. Creo en su movimiento y en sus ideales.

Pero había un detalle... esa mujer era de verdad atractiva...

Si acepto su abrazo sin siquiera pensarlo, si acepto su invitación, sin siquiera dudarlo, seré un necesitado del contacto, de su belleza. Una persona que no ve más allá del movimiento que representa ese abrazo, más que la simple recompensa de la carne, en el beneficio propio y el egoísmo.

Seré débil. Empequeñeceré mi pensamiento aceptando que las cualidades físicas van más allá que las del espíritu y la moralidad al cederle el poder por sobre los demás por su mero aspecto físico.

Seré uno más en la enorme cadena de hombres que...

D - ¡Abrazo! -Y rodeó mi cuerpo con su figura-
MJ - Mm... -Tomé la chica con mis brazos por sobre sus hombros y...-
DI - Nada más no aprietes tanto, ¿no crees?
MJ - ¡¿Qué?! - Retirando las manos en acto reflejo. La chica soltó una risilla- Gracias, señorita. -dije, casi susurrando y sonrojado.
D - De nada... ten un buen día -Una sonrisa después y ya no estaba aquí.

16 mar 2012

Azulejos

Viajábamos regularmente para la casa de abuelita solo para quedarnos un par de días. Mi madre decía que de vez en cuando teníamos que darnos esas vueltas porque como ella vivía sola y eramos sus familiares más cercanos a ella, era nuestra obligación. La verdad no me importaba mucho la razón que fuese, siempre y cuando me dejaran perderme solo en la, para mí y en ese entonces, inmensidad de su patio trasero.

Abuelita vivía en una casa grande, de esas de las de antes, que la hacía ver aún más solitaria. Tenía muchos cuartos, ventanas enormes, pasillos largos, frente de ladrillos color marrón, un tragaluz central y claro, su enorme patio trasero. Era el lugar perfecto para correr y había muchos lugares para esconderse cuando estaban mis primos y nos tocaba jugar. Y para cuando estaba solo, que era en la mayoría de las veces, la estrella principal del patio, entre las matas, árboles de fruta y arreglos de jardín, era la gran jaula de pájaros que tenía.

Estaba suspendida del suelo en una base de tres pies, hechos de madera. Sus enrejados de color blanco tenían forma de carpa de circo con detalles en espiral en la copa y en la parte inferior, la cual estaba inundada con manchas que iban del óxido a la popó.

Los viajes se hacían más frecuentes conforme iba el tiempo. Ya hasta había armado una rutina. Siempre que llegábamos de visita, y a menos que el clima estuviera malo o hubiese mucha gente, la segunda escala dentro de la casa, era visitar la gran jaula blanca. La primera era, claro, un saludo a mi 'buelita y echarme un chocolate con donas echas a mano.

Las horas que no me pasaba frente al televisor de la sala, las invertía enfrente de la jaula, tratando de darles de comer a las pequeñas, quitándoles el periódico y poniendo nuevos o tratando de averiguar que canto le correspondía a cada cual.

A veces, en el camino de regreso a casa, miraba a través de la ventana del carro las aves pasar. Por encima del carro, arriba de los cables eléctricos y más allá de los postes de luz, ¿cuál era la diferencia entre esos de allá arriba y los que están en la casa de abuela? Eran los únicos que conocía de frente y los de allá arriba solo sé que son aves porque se supone que son aves.

Los meses pasaban. Los viajes iban y venían. Abuelita, envejecía más y más. Le era cada vez más difícil hacer movimientos, respirar se le dificultaba de cuando en cuando. Ni qué decir del caminar. Me asustaba un poco verla así.

- ¿Puedo ir a regar las plantas?- Me escapaba un poco. Las matas, los árboles y los arreglos comenzaban a lucir descuidados, pero mi verdadera preocupación se concentraba en los pájaros. Ya no tenían el cuidado que tenían hace tiempo, pero hacía lo que podía con mi esfuerzo y estatura.

- ¿Iremos a casa de tu mamá este fin pa'?- Le pregunté a mi padre, el me miró y sonrió, asentó con la cabeza, pero su mirada fue triste. Quizás, confundía mi interés en las aves con el estado de mi abuelita, pero con que me saliera con la mía, estaba bien.

Entonces pasó. Era cuestión de tiempo, pero de todos modos, a todos nos llegó de sorpresa. Mi papá lloraba sentado lado del ataúd junto con mis tíos, mientras mi madre solo le acariciaba el hombro, sin decir nada. La sala estaba llena, como en Navidad, pero esta vez todos estaban vestidos de negro y las únicas luces que había en ella eran las velas.

Mis primos no decían nada. Supongo que no sabían como sentirse, de nosotros, yo fui el que más convivió con ella durante los últimos años y algunos, eran demasiado pequeños como para haberla conocido en sus años buenos. Estar rodeado de ellos me hizo sentir incómodo. Así que escapé como siempre lo hacía.

El patio se veía más grande que nunca y yo sintiéndome más pequeño que de costumbre, eso no ayudaba mucho. Las plantas estaban decaídas, los árboles lucían desanimados, parecían no podían mecer sus campanas de viento y a los rehiletes parecía indiferente la ocasión. Lo único que se escuchaba en la inmensidad era el cantar de los pájaros.

Nadie más estaría para ellos. Ya no tenían a nadie y ellos lo sabían.

-cling!-

Una de las campanas cortó la monotonía de su canto. Volteo hacia las ramas y ahí estaban, los inadaptados volando por encima de los árboles, de los cables eléctricos y más allá de las luces de la calle, pero no por encima de la nubes. Nunca encima de ellas. Esa era su jaula y lo comprendí.

Abro su cerradura y me retiro unos pasos hacia atrás. Se miraron entre ellas desconcertadas, pero pronto hubo un primer valiente. Dio dos saltos y ya estaba en el marco de la puerta, me apuntó con el pico, volteó con sus hermanos y echó el vuelo. Le siguieron una, luego otra, después otra, otra y la última. Cantaron todas conforme iban saltando.

Escuché unos pasos tras de mí. Era la masa gris, liderada por mi padre, que se encontraba en esos momentos de porte rígido y de unos húmedos ojos rojos. Me sentí capturado.

- ¿Qué has hecho?- Y soltó una bofetada. Retrocedí un paso de la fuerza de su embestida. Se escuchó un eco en toda la casa que acompañaba detrás del resoplido unísono de mis familiares. Mi padre entró a la casa, sin dirigir la mirada a nadie.

-cling!-

Miré al cielo, pero no estaba nadie. Ni los desadaptados ni la hermandad de la jaula blanca. Nunca volvería a verles más. Ni a ella, ni a las plantas, los árboles o el patio de esa casa.

Desde ese momento, odié a la mamá de mi padre.