5 mar 2016

Bukowski y la propuesta indecorosa

Esa temporada trabajé en el periódico a medio tiempo de revisor de notas editoriales y a tiempo completo era carguero de cajas en los hangares de repartición del periódico más grande de la ciudad.

La verdad es que una cosa llevó a la otra. De alguna manera, en una noche había terminado colándome en una de esas fiestas de abolengo, de esas a las cuales solo asiste la corriente intelectual de la ciudad y aquellos afamados emprendedores millonarios que sostienen sus vidas de excesos y estancias en el extranjero, solo para regresar de las Europas con palabras elegantes para temas sencillos así maravillando a sus amos igualmente vacíos.

Entre copa y copa, y seguro a más de una señora refinada incomodé, me fui yendo de círculo en círculo de escolapios apretados y títulos universitarios comprados. Finalmente terminé en el grupo del presidente de prensa y jefe de las editoriales. Era un hombre que no solo era inteligente, a como se supone lo eran sus contra partes, las cuales meneaban sus cigarrillos a medio acabar al son de mambos y música de arpa, sino que realmente era inteligente. Sus ojos eran los únicos que brillaban en el fuego del debate y en el juego de las palabras, y gracias a ellos fue que supe lo que realmente estaba detrás de él y que no se encontraba en nadie más en aquella noche en esa fiesta. Así mismo, fueron esos mismos ojos los que me vieron ahí, entre la multitud. Los únicos que notaron, debido a esa mayor capacidad, que yo no pertenecía allí y que algo había de anormal en mi presencia en aquella fiesta.

Se acercó a mí, y la verdad es en retrospectiva que pienso que me alegra que no hubiese llamado a seguridad, dado a que se encontraba en todo derecho, en su casa y en su fiesta privada, y le dije:
- ¿Qué pasa jefe? ¿Qué un simple monta cargas no puede hermanarse en el calor de la bebida?
El hombre sonrió y rápidamente entablamos una amena plática. Efectivamente nos habíamos hermandado en la bebida. Comunistas, hippies y yuppies volaron en los temas y demás trivialidades de las que se supone su periódico hablaba tan fiel como lo sería, y rezaba el eslógan, "el espejo de una nación". Seguro hubo muchas palabras más, pero las que se quedaron conmigo más allá de la nubosidad de la resaca, y me dieron el empleo, fueron algo en el estilo de:
- A los lectores les gusta sentirse listos sin la necesidad de tener que detener su lectura y buscar en un diccionario (lo que no saben)... el instante en el que lo están buscando solo los hace sentirse insultados. Esos son los periódicos menos vendidos y por lo cual las imprentas independientes y de izquierda se sienten tan abandonados por sus inversores acaudalados. A los escritores de verdad les gusta escribir con ideas; pero a los lectores de verdad (los que pagan por la suscripción cada mes, los que importan) les gusta leer doctrinas.

Creo que el hombre notó en mí mi gran capacidad de detectar tonterías y poder convertirlas en algo digestible. Así pues, llegamos a un acuerdo. Yo tomaría las lecturas de su gran portafolio de intelectuales a manera semanal, y limaría las asperezas para hacerlas mas amables a los ojos de sus tan apreciados lectores, sus lectores de verdad. Ya bajo esa premisa y mi nuevo turbio contrato, no pararía de igual manera de trabajar en las bodegas de repartición del periódico. De igual manera, había contado con ello, no saldría de aquél infernal lugar. Pero el dinero extra no me molestaba. Contaría con una nueva máquina de escribir y todos mis insumos necesarios para la lectura y preparación de las nuevas y políticamente correctas editoriales del periódico con cada nuevo mes, de las cuales tomaría prestado de tanto en tanto para mi discurso personal. Pensé también, conforme llegaran los nuevos cheques a mi puerta, podría por fin cambiarme del pequeño agujero de paredes tambaleantes en el cual me encontraba actualmente.

Inició mi nuevo trabajo. Pasaron las semanas y comenzaron a llegar a mi puerta los cheques extra acompañados de paquetes con las editoriales enteras para su delicado trabajo de maquillaje. Y cada semana era lo mismo. Me destrozaba la espalda en la madrugada con kilos de papel fino, y en la noche me destrozaba los dedos, muñecas y la cabeza con kilos de palabras burdas. Comencé a tomar mas que lo de costumbre. Necesitaba algo de estímulo para cada semana terminar con nuevas ideas para esas mierdas a las cuales llamaban pensamiento intelectual. Gané algo de peso extra y mis ojeras comenzaron a hacerse más notorias. Llegué a considerarme la verdadera mente maestra detrás de aquella sección del periódico. Quizás, y en mi enagenación alcoholizada, y con el paso mismo de los meses me iría convirtiendo yo mismo en "el espejo de una nación".

- Qué espejo tan más fúnebre, ¡jaja!
Reía para mis adentros mientras seguía matando a mi máquina de escribir reluciente, ahogando con palabras suaves pensamientos agudos.

Un día, de entre el correo habitual, llegó una carta extra a las que recibo de manera acostumbrada. La dirección del remitente pertenecía también al correspondiente al periódico, más sin embargo no se parecía a la carta de cheques y definitivamente no era un paquete editorial. Abrí así pues la carta con la misma curiosidad con la que la noté de entre mi correo y decía algo así:

***

- Estimado Henry
Yo sé quién es usted, mas sin embargo yo sé también que usted no sabe quién soy yo. Lo he estado viendo desde aquella fiesta en Hill County, y desde ese día mi mirada y pensamiento no ha dejado de estar lejos de usted. Sabe, sé que usted está detrás de muchas de las argucias las cuales han estado colmando últimamente al periódico. pero también sé que usted es uno, como las decenas, también de las personas que en sus hombros anda cargando filas de diarios cada mañana en el periódico. 

Me tiene intrigado. Es demasiado bajo y luminoso como para la vida allá abajo en los almacenes, pero es demasiado rudo y osco como para la vida acá arriba detrás de las mecanográficas.


Es un misterio, y lo quiero resolver. Me tomé la libertad de tomar su número de entre las oficinas del periódico, espero que no le moleste. Si responde que si a este correo bajo mis indicaciones, yo le contactaré y podríamos agendar una cita en el futuro.

Un saludo a usted, mi intriga de espaldas anchas.

[Firma de lo que efectivamente era una mujer]

***

Terminé de leer la carta y la puse sobre mi pequeño mueble de cama, afirmada bajo el peso de mi último riedel. Pasé la noche sin escribir nada, con la espalda hacia arriba siendo acariciada por el ventilador de techo. Había sido un día particularmente caluroso y la bodega no ayudaba en nada a querer terminar el trabajo. Debido a esto último, para la mañana siguiente tomé la máquina de escribir y varias de las editoriales y me las llevé al trabajo. Terminando de mover el periódico me iría a algún lugar donde nadie me jodiera y me pondría a terminar esto. Un noche menos, como me di cuenta, sin escribir y la remesa entera de una semana se podía ir al demonio.

La mañana llegó y los camiones parecían interminables en su llegada, así como interminables en el hecho de que no parecían llenarse nunca de los condenados periódicos. Terminé por fin y a fuerza de orgullo los lotes y lotes de diarios. En cuanto pude, me lancé a mi casillero. Por la prisa y me alegro de ello, dejé colgado en su palabrería habitual a mi jefe de los cargueros, aquél míster Jones, hombre de bigotes de serrucho y overol permanente. Busqué en el edificio alguna esquina tranquila lejos del rugir de los camiones y el trastabilleo de los diablos de carga y comencé el proceso de lectura-escritura. El fervor del haber previamente movido una monumental cantidad de peso encima debió haberme afectado de alguna manera y en menos de lo previsto ya tenía un par de escritos fuera. Todo sin una gota de vodka. Me sentí orgulloso de mi mismo por un instante y troné mis dedos, aún cálidos de la intensa sesión de mecanografía.

Miré el reloj de pared y me di cuenta que contaba con tiempo de sobra, algo que no tenía ya en mucho rato, lo cual últimadamente me llevó a pensar y dejar volar el testa. Varios temas pasaron por mi mente, recordando así, la última gran plática que tuve, y ebrio para variar, con mi nuevo e inesperado jefe actual. Entre lo poco y lo mucho, aquella carta pasó por mi mente. Y si, efectivamente, el ocio es la madre de todos los vicios. Con mis dedos, que permanecían con ritmo, comencé a escribir mi respuesta:

***

Estimado/a desconocido/a
(Aún jugando con la idea de no saber de qué se trataba)

Si usted se mantiene en intriga, déjeme hacerle saber que usted me tiene a mí aún más en ascuas, ¿quién es usted y por qué me ha seguido estas semanas? ¿está segura que soy yo lo que que cree que soy? ¿o que soy yo lo que usted cree? La verdad es que quizás yo no sea lo que usted cree que soy y yo creo que usted es lo que yo creo que usted es.

Ya terminemos pues y entonces con estos jugueteos de jardín de infantes para que usted atienda lo suyo y yo siga con lo mío. 

Esto quiere decir que si, y si así usted lo desea, llámeme. Llámeme y desiluciónese de lo que tenga que desilusionarse que yo reafirmaré lo que ahora mismo estoy afirmando.

Un saludo, su desesperado de hombros encogidos

[Aquí firmé con una equis (X) emulando su formato]

***

Terminé la carta y la dejé en manos del sistema de correo interno del periódico. El día transcurrió y de camino a casa compré un nuevo juego de cristalería para celebrar mi maratón de escritura. En la fiesta personal, se rompieron unos 4 vasos, pero hasta el día de hoy, le sobreviven unos 8 en la alacena. Creo.

10 feb 2016

El crepúsculo de las cucarachas

Ya habían pasado un par por ahí y por allá. Entre mis piernas, cajas y aparatos y de un lado al otro, sin embargo, por más que me causen repugnancia, estaba demasiado concentrado y además sabía cual iba a ser ultimadamente su destino.

Una pasó cerca de los pies de Sofía, compañera y amiga la cual comparte mi odio por ellas e instintivamente pegó un grito al aire:
- Waaaaaaaaaa... mátala, ¡mátala ya!
- Ay, ¿ella? Pobre... lo haré, claro... -hablaba conforme cumplía su petición- pero solo para acabar su sufrimiento.
- ¿Cómo?
- ¿No crees que es raro que esté caminando... a plena luz del día? Bueno, ¿de la iluminación del laboratorio?
- ... ¿cómo?
- Son seres lucífugos... es decir, de la oscuridad. Un ser aclimatado para esas condiciones solo saldría al mundo iluminado para ser encontrado. Morir. - dije mientras completaba mi misión, sin dejar de presionar en su cuerpecillo, dejando escapar un leve sonido de crujir.
- Entonces, ¿por qué está afuera?
- Bueno, hace tiempo ya hablaron a los de mantenimiento, movieron todo, fumigaron, colocaron trampas y ahora estamos, por unos meses más, a prueba de alimañas. Y bueno... pues ya respondiéndote, justamente para ello. Morir. El truco aquí es que hace unos instantes no lo sabía. Lo único que supo en sus últimos segundos... es que algo estaba mal. Un organismo tan sencillo como nuestro amiguito ahora mismo despedazado bajo mi zapato -recitaba manteniendo mi pie sobre el insecto- solo está movido por el instinto... y las condiciones naturales de su ambiente, el cual le da los medios necesarios para llevar a cabo lo que le dicta este primero. Agregamos a su ambiente un agente extraño, y no solo extraño; sino también contrario a su a lo que dicta su instinto, en esta caso el insecticida... ahora están envenenadas. Su inconsciente sabe que sus días están contados... mas sin embargo su instinto lo lleva a continuar. Sobrevivir. Tratar de sobrevivir. Ahora mismo se encuentra en una contradicción. Una paradoja tan compleja para su acondicionamiento que solo lo puede llevar a cometer un error. Un error fatal. Series de decisiones las cuales le han llevado al punto final en el que se encuentra... presentarse ante ti para inmediatamente saborear la suela de mi zapato. Ha salido ahora a la luz, contrario a lo que su instinto manda y atacando a la fundación misma de la vida. Miles de años de evolución... ahora bajo mi pie solo por un cuantos mililitros de químicos en aerosol.

Tomé su cadáver desde una antena con una servilleta sobre mi mano y lo arrojé al cubo de la basura para que ya no incomodara más a nadie, incluyéndome a mi mismo. Regresamos ambos a trabajar y ya no le dimos importancia al asunto. En la mañana del día siguiente los encargados de limpieza hicieron su rondín, aseando el lugar y recogieron la basura. Ya no se volvió a hablar del tema.

26 ene 2016

¡Aquí, allá, acá y acullá!

Cuando te encuentras en el estado mental adecuado y la conjunción adecuada de hechos coinciden en el mismo tiempo y espacio cualquier suceso puede despertar esa cadena de pensamientos, y con ello, hacer languidecer los minutos a horas.

Ataca desde las sombras de la rutina y a solo aquellos, maldecidos, lo suficientemente sensibles para escuchar sus aullidos desde más allá de las cavernas rocosas y oscuras del subconsciente.

Estar en la cocina y preparar los alimentos, y de entre las gavetas sentir el temblar de entre una de ellas. Se cruza la calle y los pies parecen sentirse más pesados conforme se internan más en la vía peatonal al parpadeante ritmo final de la luz de cruce. El tren parece sentirse más cerca, y las vibraciones son tan intensas que llaman a postrarse ante su magnitud reverenciando cabeza abajo ante su llegada. Estar en un edificio alto y observar la panorámica, envidiar a las palomas las cuales se dejan llevar al vacío y preguntarse como se sienten ellas con el viento en sus cuerpos.

Cuando era niño, y esto es verdad, le contaba a mi madre que de grande quería ser pescador. Quería ser dueño de mi propio bote y navegar, ya ni siquiera por el mundo, pero estar solo y mi alma en la inmensidad del gran azul. El plan era perfecto. Pescaría mi propia comida y vendería parte de lo atrapado en las redes. Por supuesto, guardaría lo mejor para mí y me divertiría con las curiosidades que me iría encontrando. Quizás habría monedas de plata u oro en el fondo marino. Con los años tendría una colección de curiosidades en mi camarote. Regresaría a la civilización solo para proveerme de nuevo de arroz, el cual acompaña muy bien al pescado, gasolina y demás cosas que fuese necesitando.

Recuerdo también que de cuando en cuando en el mundo de este sueño, me imaginaba batallando contra las olas y la tempestad, porque también son estas cosas que al mar acompañan. Me veía a mi mismo gritando y enloqueciendo ante su rugido, con imágenes que evocaban a las del clímax de "The Truman show", película que para mi corta edad ya había visto varias veces.

Me pregunto cuántos más enloquecen frente a las olas cuando escuchan su chocar en su barco, atrapados en medio de la tempestad. Cuántos más que me acompañan en mi día a día y en silencio quieren buscar de entre sus gavetas...

... se van entumeciendo en el tráfico...

... reverencían al ferrocarril...

... y encuentran envidiable a una simple paloma.

19 ene 2016

No tienes porque usar ese vestido rojo esta noche

Hubo una temporada de depresión hacía ya algo de tiempo y fue una de esas fuertes como no lo había habido en mucho rato ya. No hice mucho durante esos días como lo era ya tradición, así que en una de esas pocas y a regañadientes veces que por fin acepté salir con mis amigos a tomar unos tragos. uno de entre ellos me habló a mí en particular y me retiró de la plática principal.

Me miró positivo pero no podía dejar de sentir un dejo de lástima en su semblante o quizás solo fuese yo, y me dijo:
- Yo sé lo que necesitas... y eso que es
- Eh... ¿?
- ... y eso que es es echar un buen polvo.
- Oh... lo dudo... seriamente.- y reí nervioso a su propuesta.- No eres mi tipo.
- Ah, chingado... si serás cagón!
- Haha, seamos solo amigos, no estoy tan ebrio.- y no lo iba a estar nunca.
- Tal vez no estás tan mal después de todo, sigues teniendo el sentido del humor pesado.
- Gracias. Lo tomaré como un cumplido.
- Mira... ten... este número...- dijo eso anotando un número en una hoja de papel recién cortada de una libretilla que tenía en su chaleco. Mi amigo era un hombre de esos que vivía de él y para sí mismo, así que vestía y hablaba como tal hombre se esperaría que vestiese y hablara.- ... solo te diré que trabaja muy bien.
- Oh... ok. Claro.
Me guiñó el ojo, tomé el papel de inmediato de su mano y cuando lo hice me pinto el dedo. Guardé el papel y en el bolsillo de la camisa. Imaginé, y con justa razón, que de no aceptarle el gesto en el momento, esta situación privada se tornaría convertiría en el tema de conversación.

Botellas se vaciaron una tras otra y la noche se transformó en mañana. Los humores de perfumes y desodorantes se pudrieron a amargor de cigarros y acidez de viejos borrachos.

Semanas de aislamiento pasaron y mi humor mejoró así como los días, y olvidé ese tiempo, así como lo hice ya con otros anteriores a ese. Era un día soleado de cielo despejado, como pocos en estos días, y hasta me sentí como todo un "adulto responsable", y pensé que "hoy es un buen día para lavar". Tomé los kilos, monedas y químicos me los llevé embolsados a la lavandería más cercana. 

1... 2... 3... 4 cargas y ya iba para la final. Descubrí, entre varias cosas, papeles higiénicos duros en bolsillos, pelusas, monedas, billetes chicos y recibos de restaurantes a los que sé que no regresaría, pero lo que tomó mas mi atención fue aquél número... y recordé qué aquél idiota me pintó el dedo aquella noche.
- Arturo cabrón.- pensé, pero rápidamente mi atención volvió a concentrarse en ese número y en la curiosidad que me daba "un muy buen trabajo". Tomé mi móvil... y agregué el celular a mi librería de contactos. Junté este y los demás papeles sin valor y los hice una bola, la cual arrojé a la basura y volví a mi ropa y los ciclos de lavado.

Esa misma noche, y ya en casa, en cama y leyendo con el computador móvil sobre mi regazo hice el repaso general y recordé aquella tontería del número. Pensé en algo tan sencillo... ¿y si realmente era un número de verdad... y solo era afán de joder? Releía y releía y mi mente daba vaivenes de tal a cual pensamiento ¿Hay manera de comprobar si era un número de verdad? Bueno, si, no imagino a Arturo negando la posibilidad de tener ese tipo de servicios. Le quité el bloqueo al móvil y actualicé la librería de contactos en la aplicación "Whatsapp". Se refrescó y ahí apareció. Su foto era de una baja calidad y las superficies se veían grumosas. Era una mujer joven, claramente latina, dentro de un vestido ajustado de una sola pieza, color rojo porque por supuesto, que le llegaba hasta la mitad de los muslos. La mujer se encontraba posando frente a un espejo, en una contorsión que podía mostrar toda su silueta, trasero, caderas y senos. Su estado decía:

Hace 3 horas
"Hoy servisio en colonia Jardines de Gpe apartir d las 10 interesados inbox emoticon devil emoticon devil emoticon wink"

- Já! Maldito Aturo, hahahaha. Bueno... muy sus asuntos.- reí para mi mismo. Bloqueé, lancé el móvil al mueble junto a la cama y en seguida dormí.

El año terminaba y de cuando en cuando revisaba la librería de contactos del "güats" solo para reírme un poco, con morbo católico, de los estados de aquella mujer, los cuales conservaban siempre el mismo estilo, picardía, sensualidad y mala ortografía, acompañados de fotos eróticas con su semi desnudo ocasional.
- Ese jodido Arturo- reía para mi mismo.

Hace 1 hora
"Todo aqul que me mande una captura de pantalla denunciando esta cuenta de face le paso videos hot mios cogiendo o tocandome emoticon angry emoticon angry emoticon angry"
El estado estaba acompañado de una foto de una cuenta de nombre ininteligible tanto por ortografía como por composición, con foto de perfil y de portada de un hombre claramente cholo y vigoréxico y una de una pared bandalizada con aerosol, respectivamente.

Hace 2 horas
"Servicio este fin con casa en escobedo emoticon wink pura gente seria y discreta inbox"

Hace 5 horas
"Quien sabe usar fotoshop aqui?? Que ponga cabezas en cuerpos peroq ue se vea realista NO DOY NADA A CAMBIO"

En su mayoría eran estados así, y no importaba realmente. Imaginaba historias al respecto. Me gustaba pensar en peleas entre clasemedieros y pobres, cholos y fresas con el mismo malgustismo batiente peléandose por tonterías, mujeres, dinero o todas las anteriores. Lo llegué a tomar como un ejercicio mental y algunas veces me llegaba a ejercitarme en el transporte público, de camino a casa, o nimiedades así, en los momentos del vacío del cotidiano.

Todo se mantuvo así hasta que un día el tono del cachondeo del negocio cambió radicalmente. Este estado duró días, no horas, como lo era por lo regular:

Hace 13 horas
"Esta temporada es de familia y yo sola no quiero estar sola ke tristesa emoticon crying emoticon crying emoticon crying no puedo"

Después, volvió a cambiar, solo para convertirse en un:

Hace 1 hora
"Estoy tan triste emoticon sad"
En una foto en blanco y negro, la muñeca de un delgado brazo con líneas, de seguro color rojo porque por supuesto, estas perpendiculares al correr de las venas.

Hace 4 horas
"Estoy tan triste emoticon sad"

Hace 14 horas
"Estoy tan triste emoticon sad"

9 de diciembre de 2015
"Estoy tan triste emoticon sad"

Y luego en un:

Hace 2 horas
"Alguien a qien acompañar estos dias???? emoticon stare emoticon crying Libre para dia ultimo"

Así pues, el ejercicio mental cesó. O al menos el tono de él. Esos estados y fotos duraron días y ahora mis pensamientos se volcaban en una madre soltera... o quizás fuese una familia pobre. Pensaba en chicas que se iban de casa a edad temprana para buscar su propio lugar en el mundo pero con los pocos medios para hacerse de ello mas, y con toda la crudeza posible, que sus propios cuerpos. Me vi tentado a escribirle un par de veces.

Los estados permanecieron. Involucrarme. No. Aunque quizás:

Hace 32 minutos
"Alguien con kien platicar?? Solo qiuero hablar un poco emoticon smile"

Quizás esa era mi oportunidad.
- Qué cliché sería salvar a una...- reí nervioso sin siquiera terminar aquella idea. Puse el móvil en bloqueo, tiré un suspiro y lo guardé en el pantalón, seguí con mis cosas.

Una vibración repentina y volví a revisar. 

Hace 10 minutos
"Todo aquel que me mande una captura de apntalla denunciando esta cuenta por falsa en face le paso videos hot mios cogiendo o tocandome emoticon angry emoticon devil"
Esta vez la foto que le acompañaba era una captura de pantalla, un nombre común de mujer con apellido nada impresionante con foto de perfil de una joven de cabello rubio pintado, esto obviado por las raíces en la cabellera, y una foto de portada de la misma chava en un grupo de 4 o 5, perdiéndose entre estas de igual aspecto y estilo barriobajero.

El pensamiento se apagó de golpe como la luz en la pantalla al bloquear. Tiré el aparato el mueble de cama y una nueva mañana comenzó.


Hace 6 horas
"Se que no es la manera de llevarlo pro no encuentro otra manera de llevarlo"
Manteniendo el estilo de la foto anterior, mas en cambio no era la misma. El correr de un brazo delgado, la muñeca y los cortes apenas ocultos en el blanco y negro de la foto.

Los ejercicios mentales terminaron ese día. Dejé el morbo.

Hace 3 días
"Se que no es la manera de llevarlo pro no encuentro otra manera de llevarlo"

Las fechas grandes fueron y y vinieron y los días soleados se estaban volviendo cada vez más comunes y los fríos menos fríos, lógicamente y como en cada año, claro.

23 de diciembre de 2015
"Se que no es la manera de llevarlo pro no encuentro otra manera de llevarlo"

Como las cosas deben de ser.

Hace 1 hora
"Servicio con casa en Apodaca solo hombres serios de verdad emoticon wink informes manden whatss"

Hace 20 minutos
"Jajajajjaja que sepan todos que le andas robando a tus clientes qe te falta mucho para ser una mujer como yo emoticon laughing emoticon laughing"

Ella volvió a sus estados comunes, de servicios aquí y allá, lo cual me alivió un poco. Ya con ello en mente y con la seguridad de varias semanas de no mostrar auto-flagelación le eliminé y ya no quise saber nada al respecto. Los cuentos mentales no terminaron, pero más bien cambiaron de punto de atención.

Me pregunto si Arturo le volvió a pedir alguno de aquellos buenos trabajos... y de ser así, si habrá notado algo raro en aquella mujer. Si habrá notado las líneas rojas en su brazo. Ese pensamiento también vino, y también se fue. Sigue viva, eliminé su contacto y eso es todo lo que importa.

27 dic 2015

Interestelar

Nunca había visto el cielo así de estrellado en mi vida.

Estábamos en el frente de la casa los cuatro con una panorámica de postal. La iglesia, el lago reflejando el atardecer, y la única mata espesa de árboles en kilómetros. Descansábamos después de un día largo de exposición al sol, polvo y a esas malditas vacas. Amenizaron el ambiente con música "para biólogos" con la lámpara-radio-mp3. Bebimos un poco.
- Es que esto es la vida, te digo. Solo sentarse... y estar. En la ciudad. Puedo estar en la ciudad, conocer gente, liarme con algunos tíos. Pero estar. Solo ser. Solo se puede aquí.
Los rojos, naranjas y azules se combinaban chocando con los bordes de las nubes mientras hablábamos. Era una locura, y los más grandes comenzaron a hablar de cámaras cuyas lentes fueran lo suficientemente buenas como para captar todos esos colores.

Habían traído cervezas de nuevo, una caguama para cada uno para decirle hola a la noche. La mía la acepté luego de un "¿Nos vas a dejar morir, Canalillos?". Un gran acto de persuasión. Sentados ya todos en el suelo, en la camioneta o en la banquetilla, mis compañeros no creían en mi emoción.
- Nunca había visto la noche tan llena... la vía láctea tan clara.
- El cielo de Valle estaba así de claro también, ¿no lo recuerdas?
- Cuando iba los días eran soleados, despejados... pero las noches eran nubladas, frías y húmedas. Yo llevaba la lluvia al desierto.- bromee.
- ¿Nunca te tocó así?
- Las varias veces que fui nunca me tocó ver la noche así... algo así como esto nunca.
- ¡MIRA UNA ESTRELLA FUGAZ ALLÁ EN EL...
- Oh... ¿¡qué?!
- Ya no la viste... que debes estar concentrado tío. Seguro ya vendrá otra pasar. Pero atento, venga.

La cosa continuó y se agarraron platicando tragedias entre ellos, con mis cortas participaciones y chistes aquí y allá. Los dos más grandes llevaban la plática, y los dos tipos de extranjeros escuchaban atentos. Yo seguí la plática mientras la mirada la mantenía fija en el cielo. Saqué un par de sillas para estar más cómodo, la primera me la ganó Paz. - Ah, gracias, no te hubieras molestado mi buen...- dijo mientras lanzaba su colilla de cigarro al suelo y acomodaba la silla en el pórtico. Acomodé mi segundo intento de sentarme. Hablaron de tiempos mejores y de personas, verdaderos personajes que salían a esas primeras expediciones. Cuentos de narcos, muertos, fondos de empresas perdidos, penes y trabajos que apenas salieron por borrachera, mujeres, ineptitudes administrativas, errores ajenos y demás chorradas.

Las historias pasaron y cada cuento del pasado terminaba igual, trasladándose al presente bajo la premisa de:
- Pero que fue de aquél... el Viernes?
- Se casó.
- ¿Y del Chinche?
- Ya con güerquillos... anda jalando para Protección Civil. El otro día me invitó a agarrar el pedo ¡Nah! Tira león. Había apenas llegado de un trabajo para la eólica. No lo vi.
- Si, yo tampoco los he visto al cabrón. Ya a nadie le gustan los hoyos funky.

En ese mundillo, todos se conocían, dijeron.. Y si la cagas en una, dijeron también, estarás quemado en todas partes... porque aquél trabajó con aquél... que irá con aquél... y así continuamente en trabajos. Los bichólogos trabajan... y parte de trabajar es estar así también, de repente. Solo platicando. Y así mismo saben quién está o no, o qué está haciendo, donde acaba. En qué termina, porqué y como. El país es grande pero todos se conocen... o todo se conoce.

Una estrella fugaz cruzó de horizonte a horizonte.
- ¡¿La viste?!
- No, ¿cuál?
- ¡Já! Ahora tú la perdiste.
- ¿Entonces qué te parece Canalillos? ¿Zacatecas el siguiente año? ¿Galeana o qué?
- Jaja, ¿de verdad?

Eran un millón allá arriba más otro millón acá abajo.

He sido dañado de por vida.

Fui alguna vez y no sé si lo volveré a ser jamás.

2 nov 2015

Recuérdame. Sueños Especiales

No quiero estar solo.
No quiero sentirme solo.
Necesito no sentirme solo.
Necesito preguntar.
Necesito responder.
Necesito un trabajo.
Quiero ese estilo de vida.
Quiero tener mi espacio y necesito estar solo.
Quiero contar con mis propios recursos.
Necesito ser independiente.
Necesito ser independiente pero no quiero estar solo.
Quiero una bicicleta.
Me gustaría hacer más ejercicio.
Quiero poder visitarlos...
¿Por qué no mejor un auto?
Quiero salir.
Necesito organizarme.
Para ello necesito trabajo.
Necesito preguntarme.
Necesito responderme.
Necesito sentirme solo.
Necesito estar solo.

Quiero estar solo.

24 oct 2015

Y volví a salir a caminar

Así que volví a caminar un poco por ahí y estaba nublado, más no lloviendo. Aún así, una pelusa de humedad cubría el ambiente robándose el calor de toda persona que se encontrara afuera. 

En el vacío de la noche me encontré caminando, en medio de la calle y en sentido contrario al que me dirigía, a un grupo de niños, esto en un barrio de esos en los cuales los niños no deberían estar caminando en medio de la calle y en el vacío de la noche. Miré alrededor y vi un montón de negocios, unos cerrados por estar fuera de horario y al contrario. Entre ellos había un OXXO, el cual contaba con un sistema completo de cámaras de seguridad, y, en contra esquina de este, un motel cuyas puertas de la recepción se encontraban abiertas, dejando ver el rostro apenas iluminado del recepcionista gracias a la pantalla de su teléfono inteligente. A lado encima de él en el techo, una cámara apuntando hacia el exterior.

-Al menos es algo- me dije a mi mismo. Sin embargo, fue en vano. La idea de las cámaras apuntando hacia todas direcciones en ese punto específico de la calle de comenzó igual a inquietarme. Otros pensamientos comenzaron a tocar la puerta, mas en cambio fueron interrumpidos por el empate de mi camino con el de los niños. Todos, siendo 4 niños, 3 chamacos y una pequeña, venían solo lo suficientemente arropados para el clima actual de la ciudad, con sus rostros cubiertos por las sombras de las gorras de sus chaquetas proyectadas sobre sus caras.

Les miré fijamente y el más pequeño de los niños, de la mano de la única niña, notó mi mirada posada sobre ellos, alzó su cabeza revelando su cara y me devolvió el gesto. Ya cruzadas las miradas, y ya habiéndolos rebasado con mi paso, le sonreí con extrañeza y le saqué la lengua.

El niño se detuvo.

Yo también.

La niña, la cual iba de la mano de este, se recuperó del paro repentino.

- ¿Qué tienes we? ¿Qué traes vato? Sobres jijotugrgrgrgr gorororo grgrgr.
Sé que el niño no tenía impedimentos para hablar, pero ya con la distancia y el ahora, sonido de la lluvia de fondo, no podía descifrar que se supone que me estaba diciendo el niño. Bueno. Quizás lo único que quería era no escuchar improperios saliendo de la boca de un niño. La verdad, no sé. Así que con ese gorjeo, di la media vuelta y seguí mi camino.

Seguí caminando y la lluvia se intensificaba así que decidí matar algo de tiempo en un OXXO, uno el cual no era le del sistema de cámaras de seguridad.

Me acerqué a la caja y la poca fila que existía consistía en una niña junto con la que parecía ser su hermana menor. Volcó su baja estatura frente a la trabajadora del mostrador y le mostró lo que iba a comprar con las manos apenas alcanzando a las manos de la cajera. Era una tarjeta de lotería, de esas a las que a veces llaman "raspaditos", en los que se pueden ganar de entre 20 a 10,000 si se tiene la suficiente fortuna. 

Al notar esto le miré raro... muy raro... demasiado extrañado... quizás mucho muy demasiado. Levanté la mirada y la cajera notó mi estupor, a lo cual respondió con una sonrisa que decía "A mi ya no me sorprende, pero es agradable ver que a alguien si" y terminó de atender a la niña. Creo que con eso dio en el clavo. Y ahora era mi turno frente a la caja. Pagué mis cosas y me tomé algo de tiempo frente a la puerta. Al vidrio lo recorrían caminos de agua y permitía poca visibilidad al exterior, sin embargo comenzaban ya a menguar la intensidad de su cauce.

Voltee a mi derecha, la niña estaba sentada en el área de comidas de la tienda, le había pedido una moneda a la cajera para poder usarlo en su "raspadito". Me pregunté si había ganado algo, pero mejor decidí irme antes de poder ver su reacción ante la última casilla siendo revelada.

Salí de la tienda solo para darme cuenta que, el niño al que le había sacado la lengua anteriormente, se encontraba ahora solo y frente a mí. Miré alrededor, pero los otros pequeños que lo estaban acompañando, no parecían estar cerca.
- Hey, ¿qué onda?- El niño me miró, se alejó de mi tomando una distancia que me imagino pensó era segura y la mantuvo conforme iba caminando.
- Sabes, es muy tarde para que andes solo por la calle, ¿no crees?- El niño mantuvo la distancia y giró la mirada, al tiempo que escuché un resoplido tirado al aire. Seguí el sonido. Le pertenecía a un policía, el cual estaba acompañado de varios de los suyos, todos tomando café recargados a los lados de su patrulla.

Imaginé su pensamiento, no era difícil por la manera en la que veían la escena así que corregí mi rumbo.
- Solo cuídate mucho, ¿si? Ya está oscuro, ¿eh?

Seguí caminando y la lluvia se apaciguaba así que decidí aprovechar para buscar algún punto de espera de autobús y por fin regresar a casa.

No transcurrió mucho tiempo y el camión ya se divisaba a lo lejos. Ya de tanto tomarlo, puedo reconocer el patrón de luces de sus tres dígitos en la pantalla digital. Aún a la lejanía, y hasta me sorprendí a mi mismo esta vez, puesto a lo pude reconocer a pesar también de la brizna continua. Lo abordé, así como también lo hicieron las 3 o 5 personas que me acompañaban en la parada.

Miré a la ventana desde mi asiento a la mitad del autobús y observé las colonias y barrios. La avenida está tapizada de negocios y bodegas, pero detrás de ellos se esconden casas, eso es algo que a veces se puede llegar a olvidar, se pieren entre humo de asadores y bailarínes de aire

El camión tuvo varias paradas y en una de ellas subió una persona, una que por su aspecto claramente era un vagabundo. Me llamó la atención desde el inicio, debido a la dificultad con la que entró al bus. Lo hizo primero subiendo con delicada torpeza una bolsa negra, para después paso a paso subir completamente, girando la bolsa negra conforme se internaba. 

El hombre, un viejo de alrededor de 50 años, parecía limpio, es decir, su cuerpo, piel, mas no así sus ropas, las cuales se veían descuidadas, como lo estaba su espesa barba y bigote. Volviendo a sus prendas apenas y eran de su talla, una camisa de franela arremangada y una gorra negra. Sus pasos débiles me hicieron desviar la atención a sus piernas, llevaba shorts grises y calzado tipo zapatilla, de cuero rojo y de género inespecífico. Solo estaban ahí, cumpliendo su función. Siguió así pues, arrastrándose por el pasillo y se sentó atrás, más allá de mi panorama frontal.

Pensé en él por un instante.

Las gotas en la ventana evidenciaban el regreso de la lluvia.

Un acorde desafinado de cuerdas.

Al principio no supe que hacer de mí. Me tomó instantes el voltear a mi alrededor, para darme finalmente cuenta de la fuente del sonido. El vagabundo dejó ver el contenido de la bolsa negra plástica, de esas que son para la basura. Dentro había una guitarra acústica, la cual el hombre comenzó a hacer chillar con sus dedos que terminaban en uñas largas y sucias. Los sonidos, porque no eran notas, que salían de sus rasgueos apenas y podían contar como música, sin embargo, la pasión del hombre se transmitía fielmente en todos y cada uno de ellos. Decidí parar de hacerme el sorprendido y dejé al hombre con sus melodías en paz, notas rotas que de alguna manera hacían armonía con los lugares que el camión iba recorriendo.

Kilómetros se recorrieron y el balbuceo de la guitarra se mantenía. Minutos ya de la sesión, y mi pensamiento iba y venía de la música a otros temas. De pronto, y luego de un sinnúmero de idas y vueltas, fue en uno de esos vaivenes de ideas que me di cuenta de algo. Hice un experimento y traté de enfocarme mi mente en otras cosas, pero ya no era posible, y si, era verdad. El hombre había dejado de tocar sinsentidos, o quizás es que jamás fue así, y ahora la ruta estaba siendo amenizada por Nocturna, de Chopin... y si, la anterior era Primavera, de Vivaldi, y la anterior a esa también era otra pieza de sinfónica... y la anterior a esa y a esa, cada músico siendo mejor interpretado que le anterior. Decidí parar de hacerme el sorprendido y dejé al hombre con sus melodías en paz, notas irónicas que de alguna manera hacían armonía con los lugares que el camión iba recorriendo.

Me acercaba a mi destino y noté algo, supongo, esencial; el hecho que el hombre, en ningún momento y a ninguno de los presentes pidió dinero por su música. Tomé unas monedas de mi bolsillo y las miré con detenimiento, luego volví mi mirada al hombre y me concentré en su aspecto. Preparé un pequeño discursillo conforme me acercaba a él y el camión, a su vez, a mi parada.

- Mire, quizás no los necesite, pero tomé, se los ha ganado- si, eso le diría.

Así pues, y con mi discurso ya estructurado, terminé frente a él y extendí mi mano llena de monedas.
- Mire, quiz.. - parando en seco mi oración y al mismo tiempo la música. Sus largas uñas tomaron de golpe todas las monedas de mi mano.
- Já! Muchas... muchas gracias... Dios te bendiga... y mira, si quieres una serenata y con mucho gusto... te daré mi dirección, te daré mi dirección y me buscas, sin ningún costo alguno la serenata...
- Oh, suena genial, serí...
- Y si no es así... mira- Hizo un gesto con la mano acariciándo todo su rostro, peinando sus barbas- recuerda este rostro. Recuerda este rostro y pregunta por tu serenata... te la has ganado. Sin costo.
- Muchas gracias. Dios le bendiga, ¡tenga buena noche!- Me despedí de él gritando conforme saltaba fuera del camión. 

Otros incidentes más pasaron sin pena ni gloria y ya estaba en casa, frente a la pantalla de mi computadora móvil y con mis manos en comida chatarra. Era solo la vida siguiendo. Supongo.