26 ene. 2016

¡Aquí, allá, acá y acullá!

Cuando te encuentras en el estado mental adecuado y la conjunción adecuada de hechos coinciden en el mismo tiempo y espacio cualquier suceso puede despertar esa cadena de pensamientos, y con ello, hacer languidecer los minutos a horas.

Ataca desde las sombras de la rutina y a solo aquellos, maldecidos, lo suficientemente sensibles para escuchar sus aullidos desde más allá de las cavernas rocosas y oscuras del subconsciente.

Estar en la cocina y preparar los alimentos, y de entre las gavetas sentir el temblar de entre una de ellas. Se cruza la calle y los pies parecen sentirse más pesados conforme se internan más en la vía peatonal al parpadeante ritmo final de la luz de cruce. El tren parece sentirse más cerca, y las vibraciones son tan intensas que llaman a postrarse ante su magnitud reverenciando cabeza abajo ante su llegada. Estar en un edificio alto y observar la panorámica, envidiar a las palomas las cuales se dejan llevar al vacío y preguntarse como se sienten ellas con el viento en sus cuerpos.

Cuando era niño, y esto es verdad, le contaba a mi madre que de grande quería ser pescador. Quería ser dueño de mi propio bote y navegar, ya ni siquiera por el mundo, pero estar solo y mi alma en la inmensidad del gran azul. El plan era perfecto. Pescaría mi propia comida y vendería parte de lo atrapado en las redes. Por supuesto, guardaría lo mejor para mí y me divertiría con las curiosidades que me iría encontrando. Quizás habría monedas de plata u oro en el fondo marino. Con los años tendría una colección de curiosidades en mi camarote. Regresaría a la civilización solo para proveerme de nuevo de arroz, el cual acompaña muy bien al pescado, gasolina y demás cosas que fuese necesitando.

Recuerdo también que de cuando en cuando en el mundo de este sueño, me imaginaba batallando contra las olas y la tempestad, porque también son estas cosas que al mar acompañan. Me veía a mi mismo gritando y enloqueciendo ante su rugido, con imágenes que evocaban a las del clímax de "The Truman show", película que para mi corta edad ya había visto varias veces.

Me pregunto cuántos más enloquecen frente a las olas cuando escuchan su chocar en su barco, atrapados en medio de la tempestad. Cuántos más que me acompañan en mi día a día y en silencio quieren buscar de entre sus gavetas...

... se van entumeciendo en el tráfico...

... reverencían al ferrocarril...

... y encuentran envidiable a una simple paloma.

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