19 ago. 2011

El otro día hablé con él...

Había llegado muy cansado de la escuela, después de haber esperado toda la tarde se sentía cansado y sin fuerzas.

Apenas y come un par de bocados en el comedor y se retira a subir las escaleras a dormir, cuando... apenas y abre la puerta, advierte que todo el suelo de su cuarto a sido tapizado con papel periódico.

El se encontraba en el suelo, mordiendo el papel y demostrando ansias con el movimiento de su nariz.

Era un conejo blanco, al que llamó Bonifacio, siendo quizás; la única vez que sintió control real sobre él, al ponerle nombre. Se revolcaba donde quisiera, paseaba a todos lados y desechaba en donde le placía, lo cual terminó siendo la razón de la nueva alfombra de su cuarto.

No hizo nada al respecto, no le importaba mucho estar así, mientras el conejo tuviese espacio donde moverse, comer y no tuviese que andar tan apurado con sus residuos, estaba contento... y Bonifacio, al parecer también. Su vida se había amoldado a su nuevo compañero de cuarto, y no viceversa.

Fuera de la impresión inicial y del relámpago de culpa, durante la cena del día anterior, había jugado con la idea en la platica de la cena de alfombrar su cuarto en periódicos; el pensamiento inicial en su cabeza seguía siendo tirarse sobre la cama y olvidarse del mundo. Sería un fin de semana algo difícil.
....

Sobresaltado, se levanta, sin la mínima idea de cuanto tiempo transcurrido de entre su desfallecimiento y su sorpresa -El conejo estaba mordiendo y lamiendo sus dedos que pendían ligeros a un costado de la cama-, mira a la ventana y toma nota de que aún el sol estaba en el cielo.

Adormilado y con la garganta seca, decide bajar por un vaso con agua e iniciar -¡por fin!- con sus deberes cuando... siente una pequeña protuberancia en el piso, debajo de su pie, bajo la suela del zapato, oculta entre las hojas de periódico, en el suelo justamente una bola de excremento yacía. Indignado, revela a la pequeña piedrita solo para darse cuenta que era una familia de refugiados, escondidos de entre las noticias de hace semanas.

Había tenido derrotas durante toda su vida, lo que lo llevaba años, cargaba en meses, pasaban en semanas y arrastraba día tras día. El conejo era una responsabilidad más a aquellas derrotas diarias que le gustaba, en su paranoia, propinarle la vida de cuando en cuando.

Se tiró en el suelo, sin procurar por alguna otra escurridiza bola negra y soltó a llorar.
2.- Hey! ¿Qué tienes?
1.- Nada, nada realmente... -Y nada efectivamente tenía, (¿O mucho?) pero tan abstraído estaba en su "mala suerte", que no notó el conejo que le miraba fijamente mientras hacía preguntas-.
2.- Se nota que estás deprimido... se podría saber que tienes?
1.- No, es nada... solo detalles. -Se reincorporó rápidamente, como si fuese una autoridad, la que presidía el interrogatorio-.
2.- Si, esos desgraciados que según le dan belleza a la vida?
1.- Los mismos. La familia, la escuela, la ciudad, la rutina... todo está hecho para joderme.
2.- Es la vida diaria, es el resultado de muchas cosas que no puedes controlar, que están más allá de ti... todos nacen con una familia, la escuela es para ganarse la vida... y la ciudad es un montón de familias tratando de ganarse la vida, creándose así eventualmente una rutina. Lo que puedes cambiar de tu vida, sin embargo, eres tu y los detalles... esas cosas pequeñas que puedes hacer para que cada día sea memorable. Grita cuando quieras gritar, canta una nueva canción, conoce una persona más... maldice al que tengas que maldecir desde el fondo de tu alma para que esa furia no siga fermentándose dentro. La gravedad de la rutina misma en un mundo prefabricado antes de tus propios tiempos, te hace caer en días indistinguibles entre sí. Sé tu y cada día en que decidiste levantarte.
1.- -Mientras miraba al techo el abanico girar y girar. Ya lo había visto girar antes así, en esos días descritos por Bonifacio, indistinguibles, pero ahora, la persona que los miraba era distinta.- ¿Y por qué te preocupa que yo sea feliz o no?
2.- Soy un conejo. Un animal creado a partir de miles de años de evolución y procesos que yo siquiera conozco y mucho menos, me he de interesar. Lo único para lo que existo es crecer, comer, y no ser comido; y eventualmente reproducirme...
Si tu estás deprimido, se te olvidará darme de comer.
1.- Ah! Cierto... ya vengo!
2.- Buen chico.

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