25 mar. 2012

Débil

Ó "De hombres y sus demonios"

Estábamos sentados, sin nada más importante ocurriendo más que la espera a que nos llegara la hora de clases.

En eso que llegan uno de esos grupos de gente feliz con playeras de colores brillantes y letreros de "abrazos gratis" cuyo único fin es el de sacarle a todo el mundo una sonrisa. Al principio estuvo bien y era agradable que estuviesen allí. Eran jóvenes que se veían normales y agradables. Hacían mucho ruido e iban de aquí a allá repartiendo abrazos y frases más sobadas que el averno, pero no estaba mal. Yo y mis compañeros recibimos uno que otro abrazo de ellos y un pequeño mensaje escrito en una tira de papel, estilo galleta de la fortuna.

El mío decía: "Sonríe. Eres sexy." El de un amigo, quién se negó a recibir un abrazo y podríamos categorizar como una persona cuyo aspecto físico no cae en el concepto tradicional de belleza, decía: "Sonríe. No sabes cuanto tiempo te durarán los dientes." Le pregunté que si cambiábamos papeles. Dijo que no. Luego le pregunté que si yo le podía dar un abrazo. Respondió que por supuesto que no.

Pero cosas más importantes estaban pasando... y de connotaciones no homoeróticas.

Los sujetos comenzaron a bailar y cantar en el pasillo central. Primero los vimos con algo de humor, estaban tan enfrascados en su cruzada contra el mal humor del día común escolar que ya habían perdido parte de esa frescura y tono. Ahora más pareciera que iban a comenzar a decirnos que estar en las drogas es algo que no está del uno, que si comemos cosas sanas nos pasarán cosas chidas o que Jesús era un gran tipo.

Y después de que su círculo de oración se convirtiera en una fila de conga, fue hora de actuar y emprender la huída.

Caminamos a la segunda unidad de la facultad y tuvimos suerte en rápidamente encontrar una mesa desocupada, así que nos sentamos. Pero ya era algo tarde y la fila de conga en su serpenteante, implacable y estridente camino de sonrisas y abrazos nos siguió hasta allí, donde nuevos integrantes que salieron de no sé, se le unieron.

MJ - Diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diablos, diab...
D - ¿Un abrazo amigo?
MJ -Damn it!- Ahm... bueno...

Si no la abrazo, seré un amargado. Un anti social y apático. Un estorbo en su camino de conscientización de las masas. Una sonrisa puede cambiar al mundo, así como el abrazo desinteresado de una desconocida, pero atractiva, puede traer alegría a la vida cotidiana de alguien. Creo en su movimiento y en sus ideales.

Pero había un detalle... esa mujer era de verdad atractiva...

Si acepto su abrazo sin siquiera pensarlo, si acepto su invitación, sin siquiera dudarlo, seré un necesitado del contacto, de su belleza. Una persona que no ve más allá del movimiento que representa ese abrazo, más que la simple recompensa de la carne, en el beneficio propio y el egoísmo.

Seré débil. Empequeñeceré mi pensamiento aceptando que las cualidades físicas van más allá que las del espíritu y la moralidad al cederle el poder por sobre los demás por su mero aspecto físico.

Seré uno más en la enorme cadena de hombres que...

D - ¡Abrazo! -Y rodeó mi cuerpo con su figura-
MJ - Mm... -Tomé la chica con mis brazos por sobre sus hombros y...-
DI - Nada más no aprietes tanto, ¿no crees?
MJ - ¡¿Qué?! - Retirando las manos en acto reflejo. La chica soltó una risilla- Gracias, señorita. -dije, casi susurrando y sonrojado.
D - De nada... ten un buen día -Una sonrisa después y ya no estaba aquí.

1 comentario:

  1. A mí siempre me saca de onda esa gente que anda en lo de los "abrazos gratis". De pronto aparecen en el centro de la ciudad.

    ResponderEliminar