11 jul. 2016

Ella, aquella, esa, esta

Mujer.

Mujeres.

Mujer, mujeres, féminas, damas.

Damas.

Damas, mujeres, niñas, chicas.

Chicas

Chicas, jainas, costillita, funditas.

Funditas

Funditas, jainas, jainita, chiquita.

Chiquita.

Reina, mami, chiquitita, nena, .

Nena.

Escultura, diosa, ninfa, trofeo.

***

En el patio de recreo mujer era una pieza más, pero no por ello indispensable. Si te animabas y te acercabas a preguntar a veces te respondía que si, pero muchas otras veces decía que no. Regularmente, mas hombre que mujer aceptaba el querer jugar, para así contar con él y comenzar a formar equipos en el área de juegos. Esa era una tendencia notable y ciertamente extraña, la cual se acumulaba con otras peculiaridades no cuestionadas pero ciertamente notables por parte de mujer. Cabello largo, diferente uniforme de diferentes zapatos, yendo a diferente baño. Mujer era diferente, cierto, pero realmente no importaba mucho.

En las jardínes de descanso, mujer ya se comenzaba a congregar más y más y ya no se contaba con ella en lo absoluto mas que para intercambios casuales de información al final del ínter-tiempo. Su aislamiento las hacía cada vez más extrañas, misteriosas y complejas. Parecía ser ese mismo aislamiento el cual las hizo evolucionar de manera diferente. Sus siluetas cambiaron, a curvilíneas figuras en función del crecimiento de apéndices nuevos. Siendo estos de desproporcionado crecimiento entre su población, con individuos con mayor despliegue de estas características secundarias que otros. En general, y sin embargo, seguían siendo familiares. Parecían aún humanas. Conservaban características reconocibles, las diferencias cimentadas en su primera etapa, pero su camino había tomado ya otro rumbo el cual no parecía replicarse en hombre, el cual parecía solo ganar pelaje, altura y aspereza. Mis observaciones más adelante fueron confirmadas por una compañera.

Amigos y compañeros siguieron a mujer en algunos caminos y así mismo el caso contrario contrario. Estos nuevos pares formados desaparecieron para jamar ser vistos de nuevo.  Dúos mujer-hombre llegaron a surgir, recuerdo; antes, en los tiempos del patio de recreo, pero estas uniones terminaron sin resultados ominosos. Los cambios en mujer y hombre parecían estar relacionados a estas desapariciones. Pero no por ello, y a pesar de estos hechos, mujer parecía peligrosa. Al menos no en sí misma. Mujer solo era mujer. Y por sí misma no parecía desaparecer. Para un hombre desaparecer, al parecer necesitaba de un hombre. Para un hombre desaparecer, al parecer necesitaba de una mujer.

Más adelante, en los tiempos que solo servían ahora como muertos, mujer se convirtió en un reto. La última frontera. Una nueva necesidad llevó a muchos dentro de hombre, y entre ellos me incluyo, a buscar la formación de estos nuevos dúos gregarios fundamentales. Estos dúos, maduros, más allá de los cambios estéticos,  no parecían ya desaparecer, o al menos no de manera tan recurrente. Este cambio en el paradigma, hacía lucir más estables, seguros, y hasta placenteros estos equipos. Me embarqué, personalmente, en algunos viajes para conocer a mujer. Muchos de ellos, por inexperiencia fueron cortos y de finales desastrosos, apenas y pudiendo regresar de aquellas expediciones vivo, pero ciertamente habiendo terminado aprendiendo mucho.

Finalmente concluí que mujer solo era mujer. Lo que es más, mujer ya no parecía ser una intricada serie de cambios y mecanismos aleatorios. Al conocerle más y en la búsqueda de aceptación, mujer se convirtió en solo mujer y ya. Ya no hacía desaparecer a hombre y hombre no la hacía desaparecer. Ya no parecía extraña dentro de sus ropas diferentes. Mujer era una persona y ya. Una persona más a la que te acercabas en el patio de juegos, le preguntabas si quería jugar, y a veces decía que si, otras veces, que no.

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