Somos los que fuimos enterados de la fiesta hasta el último minuto. Nos vestimos con lo que se viera decente y estuviera limpio. Nuestros padres nos dejan a la puerta y se despiden contentos y sin mirar atrás. Nos presentamos, por compromiso y solos, con demasiado orgullo como para decir que no a la invitación. Abrimos la puerta. Entonces, la sorda música escapa conforme abrimos la puerta y vemos a las parejas sonrientes. El baile ya inició. Debió haber iniciado desde hace ya tiempo. Ya hay comuna. Las parejas bailan sin chocar en un orden que parece hasta natural. En los que no, lo que reina es la desorientación. Los enajenados se miran entre si. "Nadie de aquí es tan bueno como para bailar conmigo", imaginan. Otros piensan "Seguro no sabe bailar", "Qué dirán si lo acepto a él", "Qué pasa si me toma y me hace quedar mal".
Aún y con ello aceptan hablar entre sí porque,
- Es que esa canción que está no me gusta.
Farfullan, mientras menean el pie.
***
Una vez tuve un amigo, y digo una vez porque actualmente no sé si está vivo o muerto, que era el cantinero en un casino del pueblo. El casino era el único punto brillante de la noche de la que fuese mi pequeña ciudad irónicamente. A la gente le gustaba mi amigo no solo porque hacía bien su trabajo, sino porque también era bueno escuchando y, si no tenías nada qué decir, tenía buenas historias de borrachos y gente drogada hasta el tope. Él mismo no se drogaba, llevaba limpio desde la preparatoria, pero los viejos hábitos y la gente que los trae consigo, nunca mueren, así que aún tenía mucho qué contar si así lo deseabas. Él, me contaba; tenía una cliente favorita en particular, una mujer rica y guapa, relativamente joven, como pocas había en el lugar. Verla llegar eran buenas noticias por muchas razones. Para iniciar, era alcohólica, lo cual significaba que las bebidas se movían más. Segundo, y de nuevo, era guapa, así que no solo era su alcohol, sino el que se movía en torno a ella pedido por todo aquél lo suficientemente tonto como para querer gastar en ella o con ella. Propinas más, propinas menos, ella era un factor a considerar entre una madrugada sencilla o un premio mayor en el casino.
De igual modo Lázaro, mi amigo, lo sabía. Sabía que su familia tenía suficiente dinero como para que ella fuese y viniese de Las Vegas todas las semanas de así quererlo. La gente que iba al casino tenía billetes, pero no esa cantidad de billetes, si sabes a lo que me refiero. Mi amigo asumió que le gustaba la atención, que le gustaba el control. Le gustaba ser el pez grande en el estanque chico. La gente de ciudad estaba a su nivel, y al mismo nivel uno deja de ser especial. El pueblo era un oasis. Los chicos orbitaban como planetas alrededor de ella y lo que proyectaba ella era fuerza de gravedad pura y ningún agujero negro a kilómetros a la redonda opacaba ese poder.
Ella llegaba al tronar de la noche, y tan pronto como el sol se ponía, ella lo hacía en la barra para fumar y beber y reír y ser. Su carro irrumpía en el frente por veloz y por enorme, un elegante bote acuamarino sobre ruedas listo para el ballet.
- Podrías morir en una de esas, ¿sabes?
- ¿Cómo dices? ¿Por qué lo dices?
- Tu coche.
- ¿De qué hablas?
- Deberías de manejar con más cuidado. Sé que es casi un cliché; un hombre, diciéndole a una mujer cómo conducir. Sé que no quieres esa mierda de mí. Que solo vienes a divertirte. Pero deberías cuidarte.
- No me importa.
- Debería.
- El auto está asegurado.
- Eso no es... mira. Al menos deberías de usar las direccionales al entrar.
- ¿Para qué?
- Bueno, algunos clientes se quejan.
- Que se jodan.
- Si, eso creo también.
Creo que mi amigo lo hacía más por cortesía que por preocupación, al menos en un principio. Luego, creo que sintió algo de lástima. Luego, creo que solo le importaban las bebidas y los otros clientes. Ya no supe que le pasó a mi amigo. O a esa mujer. O a aquél pueblo.
***
Somos todos aquellos los que, descansando la espalda contra la pared, mendigan palabras entre sí mientras observamos con recelo a las parejas, sonrientes y felices con mirada de póker cuando por dentro nos encojemos de envidia por su alegría y compañía.
Nuestros padres no vendrán por nosotros sino hasta la 1. Somos demasiado penosos como para llamar, demasiado temerosos para romper una pareja y comenzar a bailar, así que no hacemos nada más que mirar el espectáculo. Silenciosos. Una exhibición grotesca de orden y felicidad y toda es para nosotros. Afuera comienza a llover. Creo que el baile igual no va a terminar.
Apaguen su celular... solo apaguen su celular... si no actualizaron ya su estado en la fila de entrada o al estacionarse ya es demasiado tarde.
Además Facebook ya está demasiado ya lleno de mierda como para que ustedes agreguen: "Ay Dios mío, por fin en el show de M.J. Kennedy." a ese mar de... memes... y vídeos de comidas de restaurantes a los que jamás irán.
Si no recuerdan esto al año sin ayuda de Facebook no valió la pena, hice mal mi trabajo... pero no hay reembolsos, todos tenemos días malos en el trabajo. Lamento que les haya tocado a ustedes.
Fueron parte... de la desviación estándar dentro... de mi curva de calidad. Quizás otro día es el mejor show de comedia y soy el mejor comediante de la historia... pero hoy, no... esto... esto es todo lo que hay, lo que tenemos lo siento.
O quizás solo quiero que veas a verme otro día y pagues otra entrada, no sé. Solo un truco. No lo sé.
Como sea, deja el celular o no. Gracias como seas. El show comienza... Odio Facebook. Quizás solo es mi odio a Facebook. Porque pone demasiados altos estándares en la comida. Han visto, y digo han visto como pregunta retórica porque SÉ QUE LO HAN VISTO pero, han visto... de esos vídeos de comida... ¿que siempre es el mismo?
Describo para contexto: Grabados desde perspectiva aérea, tonos primarios de colores, pocos ingredientes, siempre queso, masa y carne... y hechos en segundos por un perfecto par de impecables manos blancas.
Siempre es el mismo vídeo. Eso es lo que está matando nuestro planeta... todas esas bases de datos... toda esa infraestructura de información... guardando kilos y kilos de terabites de vídeos de comidas donde todo esencialmente termina sabiendo a pizza. Es costoso mantener esa mierda. Por eso Mike Zuckerberg es como "Uhm... no estamos generando suficientes millones... bueno, haré que todos esos cientos de hackers rusos pongan a Trump de presidente".
Si alguna vez se preguntan porqué la economía está tan jodida... la respuesta la tienen ahí mismo entre sus muslos... tocando "La maravilla de esa boca... ilumina todo con su...".
No saben las... inesperadas consecuencias de sus memes... gatitos... y vídeos de múltiples versiones... de pizza. Quizás lo que trato de decir es... sobre lo inconscientes que somos.
Pero hombre si odio esos vídeos de comida. Porque luego termina pasando lo mismo, ese idiota que de forma no irónica escribe:
- La comida es mejor que el sexo.
AQUÉL QUE DIGA ESA MIERDA... ESTÁ LLENO DE CACA.
Todo idiota que haya dicho eso es mentira. Y solo porque lo es. O jamás a cocinado en su vida... o pasado hambre.
Para coger solo necesitas un hombre y una mujer... es el requerimiento mínimo... bueno, una mujer y otra mujer... y un hombre viendo. Digo o... una mujer y otra mujer u otro hombre y otro hombre... es el mínimo de requerimientos básicos... necesarios. Ya ni siquiera un hotel... o algo de privacidad es necesaria. Han visto Internet? Uno puede tener sexo donde se pueda! El límite es el cielo. Realmente... la imaginación del hombre... es maravillosa. O de la mujer... o de los no binarios.
Y en la comida no. Y en la comida no porque... si realmente quieres comer bien necesitas ingredientes. Tú necesitas ingredientes. Y si no los tienes, tienes qué comprarlos... y solo Jesús sabe en el mundo dónde conseguir azafrán... o perejil... o curry... o ajo negro... o arroz gohan porque eres un maldito otaku que quiere su comida tal y como se ve en el anime ese de Netflix y solo se puede hacer con ese arroz especial. Y eso es solo para iniciar. Luego necesitas dónde poner toda esa mierda. Y vives solo, apenas de acabas de independizar de tus padres... y lo único que tienes es el sartén con menos teflón de los que tenía tu madre porque chingados que te iba a dar el azul ese grandote bueno que tiene. No tienes nada, no sirves para nada.... entonces comer... no es mejor que tener sexo.
Como dije el mínimo equipo reglamentario son dos personas, de vez en cuando algún animal, un caballo... si te sientes algo travieso. Pero si. Solo necesitas dos personas. Quizás en el futuro una... máquinas... realidad virtual. Pero por ahora... dos personas.
Es más... tener sexo es algo que puedes hacer hasta con hambre... por qué chingados creen que hay tantos niños muriéndose de hambre en África? Porque es fácil. E incluso una... no depende de la otra... puedes ser el negro... más hambriento... puedes contarle las costillas por fuera... moscas volando alrededor... el negro con más hambre de toda Uganda... imagínense al negro más negro... pero si esa negrita que ahí va por la calle... y ella voltea... y tú te volteas... y ella te sonríe... y tú sonríes de vuelta... está hecho. Ya está. Ya cogiste. Has cogido. Hicieron el sexo. Y así, nuestro buen amigo T'chala regresa a su cabaña... en el medio del Serengeti:
"Querido diario, hoy no hubo agua limpia en toda la aldea de nuevo, un grupo de rebeldes azotó nuestro ganado otra vez y se llevo nuestros víveres... pero WEEEEY... si Wazula sabe moverse."
Al que diga que la comida es mejor que el sexo simplemente es malo o debe venirse con que solo le toquen el cuello. Nos vemos en la estación del metro... quiero tocar ese cuello.
Ahora, con eso no quiero decir que el sexo es lo mejor del mundo... solo digo que la comida a veces está algo sobrevalorada... y eso que amo comer, no me malinterpreten, amo comer... Lo adoro... sé que no pueden creerme ahora mismo debido a mi esbelta y atlética figura... pero amo comer. Realmente lo amo. Solo digo que hay algo de gente mal informada allá afuera... haciendo declaraciones no fundamentadas... con las cuales no estoy de acuerdo en lo absoluto.
Es más... podrías coger y al día siguiente morir. Claro, con una sonrisa en su rostro... por eso odio a esa gente:
- Ay, ¿por qué en lugar de coger tanto no estudian o trabajan para salir de pobres?
¡Wey! Porque es más fácil. Es más fácil. Es más fácil... para Dios se le hizo más fácil... ponerte un pene entre las piernas que pan en la boca. Ahora imagínenselo al revés... ¡ay, papucho! Jajaja, oh Dios! Pero me encanta porque... porque esas personas siempre... más bien, suelen ser... 1) Blancos... 2) Católicos... Así que creen en un Dios... pero no creen si hay un ser... perfecto... todopoderoso... misericordioso... le era más fácil... darte de comer... No, te dio un pene.
- Ten, eres alto, delgado... ten un lunar raro enorme en la espalda... ten, pene... ten, libre albedrío... pum, pobreza.
- Pero, a ver, espera... pero tengo hambre...
- No. Lo siento... solo tengo suficiente material para darte un pene.
- Pero... Uhm, oh bueno... supongo que lo usaré.
- ¡PECADORRRRR!
- Oh, que la chingada.
Son pobres, es lo único divertido e interesante que pueden hacer. Y se los quieren quitar.
- Ay, no guácala, están llenos de niños.
- ¿Sabes qué? Chingatumadre.
No, en serio, chinga tu madre. Y ahora dirán que, que estoy a favor que familias de bajos recursos, y en consecuencia, con altos riesgos de delincuencia, marginación, dificultad de acceso a educación, salud y sustento... tengan cientos y cientos de niños con nombres impronunciables... no. Claro que no. Solo digo que... creo imaginar... de dónde vienen.
Y eso es lo horrible, la falta de empatía por parte de la gente. Tanto para bien, como para mal. Para bien, porque los vemos... pidiendo dinero en la calle, una sábana los cubre y envuelve al hijo, el cual muy apenas puede respirar entre... lo bien empaquetado que lo tiene el zarape... lo mínimo que podemos hacer... es entender su realidad... quizás no tenemos el dinero para dárselos, porque también hemos sido cogidos por el sistema. Ambos. Pero al menos entender del porqué están así.
Pasas por la calle:
- Ay, mamacita.
- ¡AH, PENDEJO! ¿Viste a ese naco?
- Claro que lo vi. TRAE PLAYERA DEL AMÉRICA. Claro que lo vi. Aparte de feo... gordo... resaltado con un color amarillo horrible... Y APARTE GRITANDO LEPERADAS. Claro que lo vi.
- Pero, ¿puedes creerlo?
- Si, claro que lo creo.
- Pero eso es grosero! Eso es grosero, no puedo creer, no puedo creer que apruebes ese tipo de...
No, no, no, no. No saltemos a conclusiones. Estamos... en el punto A, y ya estás yéndote al C de repente. No. Perdóname, pero discúlpame, pero no lo apruebo... SOLO DIGO... que lo entiendo. Que lo creo. Que es posible.
Estamos hablando... de un sujeto... le va al América así que, muy seguramente su padre también fue fan del futbol. Era fanático del equipo. Es pobre, eso creo que ya quedó sobreentendido, de nuevo, le va al América. Así que imagina este escenario:
Padre, bigotón, macho esteriotípico mexicano... viene borracho del Estadio Azteca, acaba de perder el su equipo favorito. La única razón que tiene para existir... lo único, la única y singular fuente de felicidad que tiene en su vida semana tras semana... y no la obtuvo. El sujeto vive para decir: "Ódiame más", "Fi fifi FIFIIII" y no lo pudo decir saliendo del estadio. Es su catarsis. Es casi un ritual religioso hacer menos a sus rivales, ¿qué se imaginan qué pasas? El hombre llega a casa y la cena no está hecha... no comerá en el momento que pisa su hogar. A esa mujer le están sobrando dientes en ese instante. En ese punto en ese momento esa mujer, ploff, adiós a ver a sus amigas el fin de semana. No podrá salir a jugar lotería con un moretón cubriéndole el 40% de su rostro. Y ese niño en el fondo, viéndolo todo. Viendo ese escenario los primeros 15 a 18 años de su desarrollo. Ahora, viajemos, 30 años al presente.
- Ay, mamacita.
- Oh, cállate pendejo.
- ¿¡QUÉ!? ... disculpa, ¿la escucharon?
Claro que la escuchamos. Claro que si. Todos lo hicimos... porque todos hemos visto algo así... lamentablemente. Lamentablemente. Esa persona vivió en pobreza... toda su vida... en una cultura... solo miserable, lo peor de lo peor para todos y especialmente para las mujeres... lo lanzas al mundo real... al mundo civilizado... va a haber incendios... va a causar estragos, claro que si. Va a tener un smartphone... Whatsapp... claro que está lleno de pornografía. Claro que está en el grupo "Packs Coyoacan". A él no le importa si le hizo daño a alguien más. Si le arruinó el día a esa jovencita. No le interesa llegar a ese grado de introspección... de empatía. No va a desarrollarla, está jodido. Dios le dio hambre... y le dio un pene. Y ese jodido, jodido por el sistema, es producto de un sistema que también no está cogiendo a todos, a ti, a mi, a todos ustedes. Rompe el sistema y terminarás con ellos. De nuevo... no justifico lo que está haciendo... pero tampoco digo que sea un síntoma... sino una consecuencia lógica de lo que le está pasando al planeta.
Todos esos problemas... pfft, adiós. Claro, gradualmente... con el tiempo, con la apropiada distribución de los bienes, con la adecuada educación... descentralización del poder. No es mágico. Es cuestión de tiempo. La democracia es de la antigua Grecia y las mujeres no empezaron a votar sino hasta los 1900's, tranquilos.
¿Y ustedes dirán?
- Pero hay gente rica y y y... ¡ellos también son misóginos!
- QUÉ CHINGADOS ACABO DE DECIR SOBRE ROMPER EL SISTEMA... me has estado escuchado... ¿siquiera?
Chinga, chinga... chinga tu madre... chinga tu madre de ida y de vuelta.
¡Saludos! Muchas gracias. Son un público maravilloso.
Me arropo de sociedad. Un paso adelante y estoy de nuevo a mi juventud. Todos unidos. Todos en predestinados. Todos encajando como engranajes de alguna maquinaria ancestral.
Compartiendo miradas elusivas de inocencia y enunciados vacíos al aire escapan sin peso. Si no fuera por la incomodad que causaría, me disculparía por la falsedad con la que salen mis palabras. No puedo detenerlo. Trato de enunciar palabras de sinceridad pero no puedo controlar su resonar más allá de esta coraza. El viento se las ha llevado.
Pero no los culpo de la incomodidad que causaría. Incluso si yo me viese a mi mismo notaria algo extraño. La incertidumbre de ver algo tan familiar pero al mismo tiempo tan ajeno, casi humano cuya desconfianza es el único producto que puede generar y ofrecer.
El día muere lentamente y esta capa se siente cada vez más pesada. Ya en mi cueva, donde las sombras se extienden más allá de las paredes, la retiro descubriendo marcas de uso sobre mi piel. Antes era más difícil cuando mi figura no estaba deformada por su uso, homúnculo irreconocible de piel translúcida parodia de realidad. Los engranajes giran y giran y yo me encuentro en una órbita sin luna ni estrellas.
La teoría de la evolución siempre fue un gran atractivo de la ciencia para mí, y cuando digo siempre, me refiero a siempre. Siendo introducido a tan complejo concepto inocentemente por cosas tan sencillas como los juegos de Pokémon y las series de Digimon, mi interés por el tema fue reforzado por ver el tema en la escuela primaria. Imágenes en sí mismas atractivas, del humano paleolítico rodeado de la megafauna o ilustraciones de dinosaurios, los seres más cercanos a pokémon como jamás han existido, ya sea por sus volúmenes inimaginables o por la extravagancia de sus diseños. Aquí solo falta añadir que, en nuestros intentos para simular un proceso de evolución, mi hermano, un amigo y yo, tomamos y aislamos a un grupo de hormigas en un islote artificial construido por nosotros mismos para que; con el tiempo, aislamiento y sin mucha otra lógica detrás, evolucionaran a una especie nueva de hormiga capaz de nadar y desplazarse por el río en el cual las atrapamos. No hace falta decir que nuestro experimento no llegó muy lejos en ese entonces y el islote a la primera lluvia fue arrastrado con lo que sea que hayase quedado de las hormigas.
Fuera de mí y justificando un poco esa fascinación malsana, la evolución siempre le pareció un tema atractivo a la humanidad, en general. La idea de la modificación de la vida a través de las generaciones, justificó siempre muchas acciones, que iban desde lo práctico; la selección de organismos de interés comercial para el mayor rendimiento de su desempeño, llámese producción de carne, huevo, fuerza o lana; llegando a lo superfluo, como razas de perro con fines meramente estéticos o de compañía, hasta lo aterrador; como el nefario concepto del darwinismo social y la eugenesia.
La idea de "la supervivencia del más apto" era y es hoy en día, llamativo y muy conveniente para los que de forma predefinida o escogen ignorar su pasado o la providencia, tienen ya algo de lo que consideran ellos mismos, poder. El concepto es atractivo, por cuestión lo cercano a la ciencia y a la frialdad moral que lleva. Solo el apto prevalece, consigue los recursos, se reproduce y provee para su progenie, dejando al resto observando el saqueo, llevándose así un orden natural de las cosas. Aptos y no aptos. Apoderados y despojados. El objetivo de la vida es el acaparamiento de recursos.
El argumento aterriza ahora en el porqué, dándole un giro trágico al asunto, no se ve el otro lado de la moneda, usando ese mismo concepto. La derrota del no apto como justificación al suicida. Una forma romantizada de observar la muerte con un sentido final. En el gran mar que es el reservorio génico humano, la mezcla específica e inigualable de física, biología y psicología que da lugar a tu persona, simplemente no es compatible con el estado actual del ecosistema en que te desarrollas. Quizás eres fuerte, atributos no necesarios en la era digital de forma inmediata, quizás tienes buena visión, inútil en una era de corrección óptica y pre-selección de nuestros alimentos. Simplemente, no es tu era. Tu nicho ha sido tomado. No hay lugar para ti. Se habla de alelos deletéreos, condiciones genéticas las cuales desaparecen de forma automática al expresarse en el fenotipo, incompatibles con el estado natural, cuando quizás esas condiciones también podrían considerarse en el psicotipo. El final de un línaje. Una rama finita en el filograma.
En inglés siempre me ha hecho más sentido, "survival of the fittest", siendo fit traducido como apto, adecuado, que encaja.
Quizás algunos simplemente no somos aptos para esta vida.
De niño me gustaban mis tenis porque eran cómodos para correr, se podían ensuciar y solo era cuestión de tallar. Podían mojarse y solo era cuestión de secarlos al sol.
Crecí y crecí y la hora de la escuela inició.
Al entrar a la escuela me di cuenta que los zapatos eran obligatorios, así que con renuencia, los usé. Incómodo, los usé cada día y era difícil mantenerse mucho tiempo en pie con ellos y notaba que hacían mucho más difícil el correr. A los varios días, me dijeron que no era suficiente; que estaban sucios y me dijeron que así no te iban a durar a pesar de que yo no quería que me durasen. Así pues y con renuencia, los limpié y los seguí.
Crecí y crecí y la pubertad llegó.
Al entrar a preparatoria me di cuenta que la barba estaba prohibida, así que con renuencia, me rasuré. Incómodo, me rasuré de forma periódica mientras por mucho tiempo, dejé crecer mi cabello. A los varios meses, me dijeron que no era suficiente; que mi imagen seguía siendo informal a pesar de que ya me había rasurado y cumplía al pie de la letra la normas de vestimenta. Así pues y con renuencia, me corté el cabello y seguí rasurándome.
Crecí y crecí y cursé la Universidad.
Ya casi al terminar la licenciatura, barbado, en tenis y con camisa sin fajar, me dijeron que nadie me contrataría, así que con renuencia, me aliñé. Incómodo, busqué empleo durante algo de tiempo mientras la urgencia de dinero iba aumentando y finalmente fui contratado. A los varios meses de trabajo, me dijeron que no era suficiente y que tenía que llevar el uniforme y el gafete por si llegaba una auditoria y así hubiese forma de identificarme como trabajador. Así pues y con renuencia, usé uniforme y me puse gafete al cuello.
Ahorré y ahorré y finalmente me fui a vivir solo.
Junté dinero y compré un auto; y al tiempo, me dijeron que estaba sucio, y que como viesen mi auto me iban a tratar. Hasta ahora, mi auto sigue sucio.
La paga era mala, pero lo increíble era el tiempo libre. De vez en cuando uno podía hallarse en una continua línea de corridas y haber sacado el dinero suficiente para sobrevivir un par de días en unas cuantas horas, y de ahí quedaba solo pensar en qué hacer con el resto del día. Lo otro era la gente ¡oh! Dios mío, esos desamparados hijos de Eva. Al iniciar dudaba de mi habilidad, sobre todo de mi paciencia tras el volante. Sin embargo, ya con mi carnet enmicado y con el uniforme escondido bajo el asiento de copiloto, la cosa se ponía fácil. Manejar con la radio encendida era una cosa para lo cual estaba hecho, al parecer, me salía natural.
Sin embargo, de vez en cuando la cosa no dejaba de ponerse odiosa, el negocio involucraba estar asediado por gente, después de todo. Subir a alguien con rostro de apuro solo para descubrir, ya teniéndolo encima que tiene que recoger a alguien en algún punto intermedio, esperarlo, para luego pasar por un paquete a alguna mercería o pastelería de las avenidas junto a la playa viniendo de Las Palmas. Un incesante ir de colina arriba, colina abajo. Lo insoportable no son las vueltas, sino las justificaciones pusilánimes. Vueltas de bodas y aniversarios, con muestras de arreglos, telas de vestidos y centros de mesas. Los peores eran los hombres de negocios medianos. Tratándolo a uno como su subordinado de toda la vida, con desdén y prepotencia como si no fuese posible que en cualquier momento pudiese solo plantarle un puntapié y bajarlo con el dinero en mano. Cosa que pocas veces, pero sí, hice. Otras veces en cambio, podía llegar a ser increíble. Un grupo de funcionarios ladrando sus corruptelas a altas horas de la noche a mujeres quienes claramente no son sus esposas, desquiciados con apenas un puñado de billetes sucios queriendo solo desaparecer, chicas lindas de cuando en cuando. La transformación de las avenidas, de estar cubiertas de familias, asalariados y cristianos, a limosneros, viciosos y abandonados. Curioso como el mismo pórtico de una Iglesia podía pintarse de tan opuestos matices.
Una noche, estando corto de dinero decidí tomar el rondín usual. Si eres listo, comienzas a ver patrones en el servicio, trucos para que uno pueda salirse con la suya. Uno de los míos era estar cerca del departamento de tránsito y su corralón. En ese lugar terminaban todos los desafortunados cuyo por único crimen fue creer que no los captarían esa única vez en su vida que se pasaron una luz roja. Cosa común. A la impotencia ciudadana; se sumaba a la propia de las épocas navideñas. Cloro y amonia. Ya sin auto y sin ningún remedio, los ahora furiosos ciudadanos modelo eran captados por el asiento trasero de mi taxi, el número 23. Esos hombres comunes, de esos que pagan todos los impuestos de sus casas en los suburbios, eran fáciles de timar. Unas vueltas extra por aquí, una curva por allá y se inflaba la cuenta en medida de lo razonable mientras los respetables destilaban el ácido de sus entrañas, el cual consistía en la necedad de la ley del no poder doblarse a su conveniencia, como si el discurso de "yo pago tu salario" no lo hayan escuchado ya antes los polis cientos de miles de veces.
Era la quinta vuelta y ya tenía unos cuántos billetes encima. Otro trabajo bien hecho. Así que me tomé la tarde y me retiré a uno de esas pastelerías que abundan en las avenidas paralelas a la orilla del mar para acompañar café con unos panecillos. Ya tomado mi asiento en la barra del Blue Jay Café, de las pocas cafeterías abiertas las 24 horas, pedí algo para tomar calor y me agazape sobre mí mismo, escuchando al fondo el embravecido mar empujado por gélidos vientos.
- ¿Tienes algunos centavos extra?
- Depende de quién pregunte.-Respondí a la desconocida y rasposa voz.
- Una chica despistada en esta noche fría.- Era una voz de anciana saliendo de un cuerpo joven. Algo que solo se podía obtener bebiendo como beber fuese un deporte o fumando como si cada tabaco fuese vapor puro y simple. O una combinación de las dos. La vi demasiado desprotegida para una noche como la que se vivía ese invierno del '75.- Había escuchado que California era cálido y es mi primer invierno aquí. Creo que confié demasiado en lo que las postales dicen de este lugar.
- ¿De dónde vienes?
- Nueva York.
- ¿Al sur por el invierno? Quizás debiste haber probado México. Allí pareciera que siempre se están cocinando.- Con un ademán señalé al barista y el atendió instintivamente y en segundos en la barra ya se encontraba una segunda taza de americano negro.
- No elegí California.- Musitó mientras daba una tímida sorbida a su café. Su voz se aclaró, pero seguía sin ser acorde a su cuerpo.
- ¿Entonces?
- Son mis padres. Se preocupan mucho por mí, ¿sabes? Como si fuese una especie de niña. Me arrastraron a este centro de rehabilitación.
- Así que, ¿te escapaste? Si tus padres tienen el dinero para traerte acá y encerrarte, seguro ofrecerían buena pasta para recuperarte. Confiar en extraños es malo, ¿sabes?
- No lo harías.
- ¿Disculpa?- No pude ocultar mi automática indignación.
- Tu mirada. Tienes un mirar triste. No pareces triste, pero tu mirada lo es. No te motiva el dinero, lo puedo ver por como aceptaste ofrecerme una taza sin chistar.
- ¿De qué eras fanática?
- Ether... alcohol, hierbas, flores, cuerpos de hombre o mujer, hongos y cristales. Nada inyectado, me gusta mi cuerpo tal y como está. Pero ether. principalmente.- Escuchaba mientras daba el último sorbo a mi bebida.- ¿Los has probado?
- El alcohol es suficiente para mí, soy un hombre sencillo.
- Yo soy una mujer sencilla también. Tomar esas sustancias es sencillo, así como dejarlas. Un día estás volando tan alta como una nube; al día siguiente puedes estar arrastrándote al ras del suelo como una alimaña cualquiera. Y es en esos días en que uno puede llegar a eligir si quiere seguir arrastrándose o emprender el vuelo a voluntad, ¿no crees?
- Supongo que es una forma de verlo. Yo opto por manejar y, cuando manejo, me agrada estar sobrio.
- ¿Te gustan los autos? Mi padre de niña me llevaba a estos shows automotrices. Había autos increíbles, de lujo. Camionetas tan altas como casas.
- No me gustan los autos, solo lo que hacen, realmente.
- No pareces tener muchos intereses. Yo me intereso en todo a mi alrededor.
- ¿Qué sería eso? ¿Pasatiempos de gente rica?
- Claro que no arte, filosofía, cultura. Pensamientos grandes son para la gente grande.
- Bueno, tengo que irme. Espero que los de blanco no te atrapen.
- No entiendes.- Me interrumpió.
- ¿Qué?
- No era por café que te hablé.
- No te preocupes. Pensé que solo buscabas alguien que te escuchase más bien.
- No tengo a dónde ir, ¿sabes? Te lo dije, vengo de Nueva York y no conozco a nadie en kilómetros a la redonda.
- No hay mucho que ver a kilómetros a la redonda, lo sé. Los he recorrido.
- Vaya, suena interesante, ¿pues qué eres?
- Nada importante, así que, si me disculpas...
- Por favor.- Interrumpió- Solo será una noche... a la mañana siguiente llamaré a mis padres, quienes me mandarán dinero, podría darte algo en agradecimiento por tu tiempo y la noche, luego me iré.
- Oh, bueno... adelante.
Salimos del café a la penumbra de la noche y fuimos abrazados por la corriente del Pacífico. Llegamos a donde había aparcado el auto y parecía como si el frío hubiese decidido también viajar con encerrado con nosotros, absorbido por la estructura metálica. Subimos temblando.
- Toma.- Extendiéndole mi uniforme de debajo del asiento.
- Ah, ¿entonces eres taxista?
- ¿Qué no era aparente?
- Que si eres algo después de todo.
- Lo que soy, es que soy un tonto.- Encendí las luces y arranqué el auto. Sin notarlo había tomado el camino largo, paralelo a la costa, lo cual ella aprovechó para seguir hablando.
- Yo soy un espíritu libre, creo que por eso mis padres me tienen miedo. Porque ellos viven encerrados en sus oficinas y buros, yo no. Le tienen miedo al cambio y la modernidad. Yo salgo a obtener experiencias. La vida de California parece apacible. Es como un pueblo pero con tiendas. Me gusta. ¿A ti te gusta vivir aquí? Es muy distinto a Nueva York a pesar de ser ambas grandes ciudades.
Ella siguió hablando el resto del camino y a cada segundo me arrepentía más y más de mi supuesta buena voluntad.
Entramos a mi apartamento luego de un rechinido estruendoso de la puerta.
- Si vas a entrar... pero al menos, ¿podrías decirme tu nombre?
- Oh, si, Catherine. Pero los nombres realmente no son importantes. Te atan. Aunque a veces me llaman Cat, que creo que es más atinado a la realidad. Entonces "atherine" solo se vuelve una carga más.
- ¿Cómo?
- ¿Sabes que los nombres no son escogidos por uno mismo al nacer? Nos son impuestos siempre por alguien más sin siquiera poder oponer resistencia u opinar al respecto.
- ¿Todo eso lo aprendiste en la Gran Manzana?
- Si. La ciudad palpita con cultura y arte. Todas esas casas de artistas, de genios. La expansión de la mente por la filosofía y el ether. La ciencia en servicio del pensamiento y las artes. Deberías ir a Nueva York algún día.
- ¿Y aprendiste a beber?
- Claro que sí. Principalmente vinos importados.
- Solo tengo vinos del valle.
- Mis padres bebían solo licores nacionales. Whiskey, vino. Se encerraban a lo extranjero. Cuando quería beber tenía que salir de casa. Aprendí muchas más cosas fuera de casa que dentro.
Serví dos tragos en las copas más limpias que pude encontrar y procedimos a beber. La realidad es que esperaba que luego de soltarle la lengua; más, si acaso eso era posible, se pusiera somnolienta y finalmente cayese rendida. Después de todo sus palabras fueron que solo sería cuestión de pasar la noche.
- ¿Sabes qué más es distinto en Nueva York?
- ¿Qué?
- El sexo.
- ¿Hablas en serio?
- Así es.- Respondió arrastrando las sílabas.- Con tantos extranjeros... aparatos... posiciones... etheres. El sexo neoyorkino es... amoroso, salvaje pero racional, espontáneo pero calculado. Nunca había experimentado algo así en mi vida.
- Yo tampoco.
- ¿Quieres entender algo de eso?
- No sé si mi mente está lista.
- Descuida entonces, pues hoy tendrás una noche de apasionado sexo neoyorquino.
Tomé las copas y la botella y las tiré al suelo sin mucha importancia cuando noté que Catherine se dirigía hacia la puerta, aún con mi uniforme de la Yellow Beetle Co.
- ¿Qué sucede?
- Si vamos a hacerlo, -contestaba aún con cierta inconsistencia en su tono- vamos a hacerlo bien. Como si este bloque fuera un edificio de la quinta avenida y este agujero el estudio de algún gran pintor pos modernista.
- ¿Qué falta para ello?
- Algo de ether. La pinta de pintor ya la tienes... o ¿serás acaso la de un escultor? Supongo que eso no importa siempre y cuando consiga algo allá afuera.
- ¿Sabes como conseguir?
- ¿Crees que pasé mis días sobria en el Centro de Rehabilitación? Una chica lista puede arreglárselas sola.
- Por supuesto.
- Ya regreso. Podrías aprovechar para recoger un poco aquí.
Se alejó sin cerrar la puerta, a lo cual tuve que parar a cerrarla. No pude alcanzar a verla a través del pasillo. Era sorprendéntemente rápida y centrada para tener encima dos botellas de vino encima.
Pasó una hora. Pasaron dos. Catherine no regresaba. Durante el tiempo que estuve en espera terminé las botellas de vino. Acomodé el departamento y observé que sus pocas cosas que llevaba consigo, las había dejado allí tiradas en el suelo de la habitación. Era un bolso de mano tejido y un par de sandalias. Husmee en el bolso. Entre dulces sin envoltorio y recibos, venía una hoja de registro y dos tarjetas de identificación, en una de ellas se leía "Quiet Shores - Centro de rehabilitación". Tomé sus cosas decidí bajar y salir al exterior por ella. Fue camino a la calle que mi búsqueda terminó abruptamente. Cat yacía en el suelo, en los escalones hacia el edificio, semiconsciente y apenas respirando debido al frío. En sus manos un frasco transparente. Tome todo y la subí al cuarto donde le cubrí con sábanas para que recobrase el calor perdido hasta que su piel fue retomando su color y su mirada dejó de estar tan perdida.
- ¿Sigues aquí? ¿Estás bien niña?
- Soy una mujer.- Replicó con un tono de decisión somnoliento.
- Tirada en el suelo parecías una niña que no sabía lo que estaba haciendo.
- Soy una mujer y sé lo que hago y lo que quiero.
- Solo descansa. Mañana te irás.
- No quiero descansar, lo que quiero es que me hagas el amor. El amor grande como la gran ciudad.
- Eso tendrá que esperar.
- ¿Dónde está el ether?
- Eso también tendrá que esperar.
- Solo quieres reprimir. Eres como todos los hombres. Eres como todos los padres.
- Solo recuéstate... toma algo de agua.- Respondí poniéndolo enfrente suyo un vaso.
- Te dije... que... yo sé... lo que quiero, ¿sabes? Lo que quiero es...
Fue entonces que cayó dormida. Registré de nuevo entre sus pertenencias y busqué por la hoja de registro. Venía la información del centro de rehabilitación y, afortunadamente, una dirección. Esperé algo de tiempo para asegurarme de que estuviese realmente dormida y la tomé a ella junto con sus cosas. El viaje de regreso con cualquier cliente siempre es el más sencillo, sobre todo cuando el cliente está dormido. Este viaje no era la excepción.
Llegué al edificio. La fachada era ostentosa pero de un verde pastoso y opaco, como si no quisiera que la luz escapase de si. Se notaba que anteriormente ese edificio había sido una especie de hacienda o la casa de algún tipo acaudalado adaptada torpe y posteriormente como una clínica. Le tomé de sus piernas y la dejé como la encontré, tirada sobre una escalinata. Eso incluyendo mi uniforme de taxista, cual ya para estas alturas se encontraba impregnado de aromas de solventes y ácido gástrico. Al terminar de acomodarla miré al horizonte. Sin darme cuenta todo este asunto me había robado la noche y ya estaba amaneciendo. En el manejo de vuelta resolví finalmente en lugar de regresar a casa llegar al trabajo y de una vez iniciar otra jornada para quitarme el mar sabor de boca.
Aparqué el coche en la estación y llegué con mi jefe.
- Hank, ¿su uniforme?
- En Nueva York.