25 feb. 2015

Pan de nube

El día había comenzado nublado y gris y no era como si importara. Dentro, la luz blanca de las lámparas de fluorescencia hacían que la noción del tiempo se perdiera, aún más cuando pocas cosas sucedían durante el transcurso de las tardes.

-Tu, tun, tu tun... tu tun...-

Miré con el rabillo del ojo la hora y vi que quizás tendría tiempo de sobra para el día de hoy. Con ello comenzaron de nuevo esas palpitaciones, impidiéndome escribir. Y eso solo significaría que saldría más temprano aún.

-¿Qué haría el resto del día? ¿Qué hacer al salir? ¿A dónde llegar? ¿Qué comer? ¿Qué hacer? ¿Qué jugar? ¿Qué leer? ¿Qué aquí? ¿Qué allá? ¿Y cuándo? ¿Cómo? ¿Con qué dinero?-

Miro la hora de nuevo, y esta vez en el celular. Salida. Es el día tal, de número dado, dentro de un mes, como todos en el año. Algo me lleva a los contactos y la veo ahí. Love. Me había dado su número hacía ya mucho tiempo -A ver cuando se arma otro cotorreo.- dijo cuando dejó la casa con el contoneo de sus caderas. No la había visto desde aquél día.

-Ring, ring... ring...-

Ya estaba a escasos pasos de su departamento. Y en el trayecto del trabajo al autobús, autobús a su departamento no habían parado de temblar. Jamás había estado en esa zona. Me recibe en la cochera de una casa de 3 pisos. Una mirada más y podía verse que no eran departamentos como tal, sino la improvización de estos dentro de una casa regular, que se fue dando conforme el paso del tiempo. 

Escaleras de espiral me llevan al primero, al segundo y luego al tercer piso, cada uno con su distribuidor y siendo aún más improvizado, el tercero de ellos. Una pequeña puerta de madera, a lado inmediatamente del caracol con peldaños, es el lugar.

Abre la puerta y me invita a pasar. 

La televisión está encendida en un canal indeterminado. Es lo primero que llama la atención debido a la baja iluminación, lo cual es seguido por una rápida mirada a través de todo lo que ilumina la pantalla. Es un lugar muy pequeño. Una cama de frente y a lado de la puerta y frente a ella estaba el televisor. A su derecha un pequeño clóset, y en la esquina un tragaluz para los departamentillos internos. 

Demás detalles así le pudieron seguir. pero se esfumaron. -Hola, mi nombre es Adrián-, una voz calmada se escuchó. -Adrián, Marcus. Marcus, Adrián-. Regresé el saludo, pero no pude regresar la actitud con la que fue dado. Teníamos compañía. Mis planes se fueron al carajo.

-Sonido de cerillas y corte de papeles entre golpes caricaturezcos-

Tirado en su cama miraba el techo, el único lugar del cuarto que podía escapar del humo pesado que se pasaban de toque en toque entre ella y Adrián. En la televisión, caricaturas, y en su plática, algo que ya había escuchado aquella primera vez y algo sobre una llaves que no están y por ello no haber podido ir a trabajar. Cosas más, cosas menos.
E - ¿Sabes a dónde quisiera irme?
A - ¿A dónde?
E - A España...
A - ¿Y por qué no te vas? Solo vete, juntas tus cosas... ya sabes, dinero y tus cosas... te vas.
E - Estará chingón... un buen viaje.
A - Un buen viaje... uno bueno.

La miré a través de las espesas nubes de la habitación, de los sueños frustrados, de la poca iluminación y  de la suciedad de las paredes y sus ropas. Lucía feliz. Lucía feliz. No sé con qué mirada la estaba viendo en cuanto ella notó que le observaba.

-Sonido de pasos con retumbes metálicos, con lentitud mas marcada uno tras otro-

MJ - Bueno, solo quería saber donde vives.
E - Bueno, ahora lo sabes.
MJ - Claro, a ver cuando se arma de nuevo.
E - Si, claro, a ver algo, que se arme... a huevo. Si. Nada más que aquí es como con los doctores, con previa cita y lo que quieras.
MJ - Claro. Por supuesto... tengo tu número... solo no lo cambies.
E - Si lo cambio, te aviso. Sobres.

Le di un abrazo de despedida. Olía mucho a limón. Debí haber presionado de más, pues me dio la media vuelta. Estando de espaldas solo me quedó más que hacer un gesto con la mano para despedirme. Solo así pude disimular que mi mano de nuevo comenzaba a temblar.

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